La noche era silenciosa.
Demasiado.
Jasen dormía mal.
No profundamente.
Nunca del todo tranquilo desde el almacén.
El costado ya casi no dolía.
Eso lo ponía más nervioso.
En la habitación de al lado, Auren tampoco dormía bien.
O eso parecía.
Porque estaba demasiado quieto.
No hubo ruido. No hubo advertencia. No hubo lucha.
Solo puertas abriéndose en silencio.
Pasos controlados.
Voces bajas.
Jasen sintió algo.
Antes de entenderlo.
Una mano en su hombro.
—Despierta, nos vamos. —Dijo Sofía.
—¿Qué?
—Es necesario. —Dijo Aleksandre.
—¿Ahora?
Silencio.
—Ahora. —Dijo Sofía.
—No.
Intentó incorporarse.
Demasiado lento. Demasiado dormido.
—No es una opción. —Dijo Sofía.
—Siempre hay opciones.
—No esta vez. —Dijo Aleksandre.
Madrugada.
Pasillo.
Salón pequeño.
Auren ya estaba allí.
De pie.
Ropa de dormir.
Mirada fría.
Pero no sorprendida.
—Era lo más seguro. —Dijo Elena.
—Separados no son objetivo fácil. —Dijo Viktor.
—Eso suena a excusa.
—Es estrategia. —Dijo Sofía.
—Eso es mentira.
Silencio.Nadie lo negó.
Miró a Jasen.
Solo un segundo.
—No pueden decidir esto.
—Ya lo han hecho.
No hubo pelea larga.
No había espacio.
Se lo llevaron.
Sin dramatismo. Sin violencia.
Solo inevitabilidad.