Entre Vetrov y Vlasov.

CAPÍTULO 45. Ya había pasado antes.

JASEN:

El salón estaba demasiado lleno.

Demasiados adultos. Demasiadas miradas. Y demasiadas preguntas que nadie estaba haciendo.

Jasen seguía de pie.

Aunque no estaba seguro de querer estarlo.

El ataque había pasado.

O al menos la peor parte.

Pero seguía sintiéndose raro.

Como si hubiera corrido durante horas.

AUREN:

Auren no le quitaba los ojos de encima.

Y eso empezaba a poner nervioso incluso a Jasen.

—¿Qué?

—Nada.

—Mentira.

—Estás blanco.

—Gracias.

—No era un cumplido.

Silencio.

Los padres intercambiaron una mirada.

Y Auren lo vio.

—¿Qué fue eso?

Nadie respondió.

—¿Qué fue eso?

Esta vez más fuerte.

Suspiró.

—No era la primera vez. —Dijo Sofía.

Silencio.

Auren se quedó quieto.

—¿Qué?

JASEN:

Maldita sea.

—Ha ocurrido antes. —Dijo Aleksandre.

AUREN:

Giró la cabeza hacia Jasen.

Muy despacio.

—¿Cuántas veces?

JASEN:

—No muchas.

—Eso es mentira. —Dijo Sofía.

—Gracias por el apoyo.

—Jasen. —Dijo Elena.

—Vale.

Pausa.

—Algunas veces.

AUREN:

—¿Algunas?

JASEN:

No respondió.

Porque el número real era mucho peor.

Silencio.

Auren empezó a entender.

Y no le gustó.

Nada.

AUREN:

—¿Y nadie pensó en decirme esto?

—No era necesario. —Dijo Sofía.

—Casi se cae al suelo.

—Lo sabemos. —Dijo Aleksandre.

—Yo no.

Silencio.

Por primera vez en toda la reunión...

Auren parecía enfadado de verdad.

No con Jasen.

Con ellos.

JASEN:

Y eso era peor.

Mucho peor.

Porque estaba acostumbrado a que Auren discutiera con él.

No a que se preocupara.

AUREN:

—¿Desde cuándo?

JASEN:

—Hace años.

AUREN:

Silencio.

—¿Hace años?

JASEN:

—Auren...

AUREN:

—Hace años.

Repitió.

Como si todavía estuviera intentando procesarlo.

—No es una enfermedad, los médicos nunca encontraron nada grave. —Dijo Sofía.

—Normalmente ocurre bajo estrés extremo. —Dijo Aleksandre.

—O después de situaciones traumáticas. —Dijo Elena.

Silencio.

El almacén.

La persecución.

La herida.

La separación.

Todo empezó a encajar.

Y eso solo empeoró las cosas.

—¿Y estuvo solo?

Silencio.

—¿Cuando le pasó antes?

—La mayoría de las veces. —Dijo Aleksandre.

Silencio.

Algo cambió en la expresión de Auren.

Algo pequeño.

Pero todos lo vieron.

JASEN:

Y por primera vez... Se sintió culpable.

No por él.

Por Auren.

—Estoy bien.

AUREN:

—No.

JASEN:

—Estoy aquí.

AUREN:

—Eso no significa que estés bien.

Silencio.

La respuesta salió demasiado rápido.

Demasiado sincera.

Elena desvió la mirada.

Sofía apenas sonrió.

JASEN:

Lo notó.

Y quiso desaparecer.

AUREN:

No.

No quería desaparecer.

Quería respuestas.

—¿Por qué no me lo dijiste?

JASEN:

La pregunta era sencilla.

La respuesta no.

—Porque ya tenías suficientes problemas.

AUREN:

—Eso no era tu decisión.

JASEN:

—Claro que sí.

AUREN:

—No.

Silencio.

Por primera vez ninguno estaba bromeando.

JASEN:

—No quería que me miraras diferente.

AUREN:

Se quedó quieto.

JASEN:

—Ya bastante complicado eras.

Silencio.

Algo parecido a una sonrisa apareció en Auren.

Pequeña.

Mínima.

Pero real.

AUREN:

—Idiota.

JASEN:

—Lo sé.

AUREN:

Y entonces hizo algo que sorprendió a todos.

Incluso a sí mismo.

Se acercó.

Y tomó la mano de Jasen.

Delante de todos.

Sin pensar.

Simplemente porque necesitaba comprobar que estaba ahí.

Que estaba bien.

Que seguía respirando.

Silencio.

Nadie dijo nada.

Ni Sofía.

Ni Elena.

Ni Viktor.

Ni Aleksandre.

Porque todos entendieron exactamente lo que significaba.

Aunque ninguno lo nombró.

Jasen bajó la mirada hacia sus manos.

Luego volvió a mirar a Auren.

Y por primera vez desde que los habían separado... el vacío desapareció un poco.

Solo un poco.

Pero suficiente.

Porque ya no estaba solo.

Y Auren tampoco.

Y los padres, observando desde el otro lado de la habitación, empezaban a comprender que separarlos había sido mucho más difícil de lo que habían imaginado.




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