El salón terminó quedándose vacío.
Poco a poco.
Sin que ninguno de los dos se diera cuenta al principio.
Primero se fue Viktor.
Luego Aleksandre.
Después Elena.
Y finalmente Sofía.
Como si todos hubieran tomado exactamente la misma decisión.
Dejarlos solos.
—Creo que nos han abandonado.
—Era inevitable.
—Qué optimista.
—Qué dramático.
Jasen sonrió.
Y por primera vez en varios días, la sonrisa salió sin esfuerzo.
No para ocultar algo. No para fingir.
Simplemente porque sí.
La habitación se quedó tranquila.
Sin interrupciones.
Sin llamadas. Sin amenazas. Sin Valeria. Sin guerra por unos minutos.
Solo ellos.
—Entonces...
Auren levantó la vista.
—Entonces, ¿qué?
—¿Ya no estamos enfadados?
—Nunca dejamos de estarlo.
—Ah, perfecto.
—Contigo siempre.
Jasen soltó una carcajada.
Y durante unos segundos simplemente se observaron.
Como si estuvieran viendo algo nuevo.
Algo que siempre había estado allí.
Pero que nunca habían querido nombrar.
—¿Sabes?
—Mala señal.
—Cállate.
—Continúa.
Respiró hondo.
—Llevo años diciendo que te odio.
—Lo sé.
—Muchas veces.
—Demasiadas.
—Y tú las contabas.
Una sonrisa apareció en el rostro de Auren.
Pequeña.
Pero real.
—Sí.
—¿Cuántas fueron?
—Cuatrocientas treinta y dos.
Se quedó mirándolo.
—¿Las contaste de verdad?
—Sí.
—Estás enfermo.
—Probablemente.
Silencio.Jasen bajó la mirada.
Y cuando volvió a levantarla...
La sonrisa había desaparecido.
No por tristeza.
Por sinceridad.
—Nunca fue verdad.
Silencio.
No preguntó.
Porque sabía exactamente de qué hablaba.
—Lo intenté.
Pausa.
—Intenté convencerme de que sí.
El corazón de Auren empezó a latir más fuerte.
—Porque era más fácil.
—Lo sé.
—Pero nunca funcionó.
El silencio se hizo más profundo.
—A mí tampoco.
Jasen se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Tampoco me funcionó.
Por primera vez, ninguno apartó la mirada.
No había nada que esconder ya.
—Intenté convencerme de que eras una molestia.
—Lo soy.
—Muchísimo.
—Gracias.
—Pero no era solo eso.
Silencio.El aire parecía más ligero.
Y más difícil de respirar al mismo tiempo.
—Entonces...
Pausa.
—¿Qué hacemos ahora?
—No tengo ni idea.
—Increíble.
—El futuro líder perfecto.
—Completamente perdido.
—Cállate.
—No.
Y se acercó.
Esta vez sin dudas.
Sin interrupciones. Sin disparos. Sin amenazas.
Solo él.
Auren no retrocedió.
No quería.
La distancia desapareció.
Y esta vez ninguno fingió. Ninguno huyó. Ninguno buscó una excusa.
El beso fue lento.
Tranquilo.
Como algo que llevaba demasiado tiempo esperando.
No necesitó palabras. No necesitó explicaciones.
Solo sucedió.
Y cuando se separaron...
Por primera vez en mucho tiempo, ninguno sintió la necesidad de negarlo.
—Entonces...
—¿Somos novios?
—Suena ridículo.
—Eso no responde la pregunta.
Lo observó unos segundos.
Y finalmente... Sonrió.
—Sí.
—Perfecto.
—No te acostumbres.
—Demasiado tarde.
Por primera vez desde que tenían memoria... No estaban peleando. No estaban compitiendo. No estaban huyendo.
Solo estaban juntos.
Y aunque la guerra seguía ahí fuera...
Por una noche.
Solo una.
Eso fue suficiente.