La mañana siguiente fue extraña.
No por la casa.
No por la guerra.
No por las noticias.
Por ellos.
Jasen abrió los ojos y durante unos segundos no recordó dónde estaba.
Casa segura.
Amenaza desconocida.
Problemas.
Todo normal.
Entonces recordó otra cosa.
Y sonrió sin querer.
—Qué asco.
Murmuró para sí mismo.
Porque estaba feliz.
Y no le gustaba admitirlo.
Desde el otro lado de la habitación, Auren levantó una ceja.
—¿Te has golpeado la cabeza?
—Buenos días para ti también.
—No has respondido.
—Y tú sigues siendo insoportable.
—Tú sigues hablando demasiado.
Silencio.
Luego Jasen sonrió otra vez.
Y Auren, para su desgracia, también.
Un rato después bajaron juntos a la cocina. Demasiado juntos.
Lo suficiente para que cualquiera se diera cuenta.
En cuanto cruzaron la puerta supo que estaban acabados.
Porque las madres los vieron.
Y sonrieron exactamente igual.
Exactamente. Igual.
—No me gusta esa cara.
—¿Qué cara? —Dijo Sofía.
—Esa.
—¿Cuál? —Dijo Elena.
—La de "sabemos algo".
—Quizá sabemos algo. —Dijo Sofía.
—Traidoras.
Auren se sentó.
Muy consciente de que aquello iba mal.
Muy mal.
—Entonces. —Dijo Elena.
Silencio.
—No.
—Ni siquiera hemos preguntado. —Dijo Sofía.
—Lo ibais a hacer.
—Sí. —Dijo Sofía.
Jasen se tapó la cara.
—Quiero desaparecer.
—Demasiado tarde. —Dijo Elena.
Las dos mujeres intercambiaron una mirada.
Esa mirada.
La que llevaban años compartiendo.
—¿Por fin? —Preguntó Sofía.
—Mamá.
—¿Por fin? —Preguntó Elena.
—¿Lleváis años esperando esto?
—Sí. —Respondio Sofía.
—Muchos años. —Añadió Elena.
—Eso es inquietante.
—Cariño, cuando teníais siete años lloraste porque Auren se fue tres días de viaje. —Dijo Elena.
—¡Tenía siete años!
—Y cuando tenías diez dijiste que si alguien lo secuestraba ibas a buscarlo. —Añadió Sofía.
—¡Eso era amistad!
—Claro. —Dijo Elena.
Por primera vez parecía querer desaparecer también.
—Entonces. —Dijo Elena.
Pausa.
—¿Sois novios?
Silencio.
Jasen miró a Auren.
Auren miró a Jasen.
Y por primera vez no sintieron necesidad de evitar la respuesta.
—Sí. —Respondieron ambos a la vez.
Las madres sonrieron.
Como si acabaran de ganar una apuesta.
—No me gusta vuestra felicidad.
—Nos encanta. —Dijo Elena.
—Muchísimo. —Añadió Sofía.
Desde el fondo del salón:
—Mientras no afecte al trabajo. —Dijo Viktor.
—Coincido. —Dijo Aleksandre.
—Qué románticos sois todos.
—No empieces.
La pantalla estaba encendida de fondo.
Nadie le prestaba atención.
Hasta que una voz llamó la atención de todos.
NOTICIERO
"Última hora."
Todos levantaron la cabeza.
Imágenes.
Vehículos policiales.
Agentes.
Un operativo.
REPORTERA
"Esta madrugada se produjo la detención de Alekséi..."
La sonrisa de Jasen desapareció.
También.
REPORTERA
"Las autoridades han confirmado múltiples cargos relacionados con financiación criminal, tráfico de información y colaboración con organizaciones mafiosas."
Silencio.
Nadie habló.
REPORTERA
"Según fuentes oficiales, Alekséi habría participado durante años en una red clandestina vinculada a diversos conflictos entre organizaciones criminales internacionales."
—Lo encontraron.
—Sí.
Sofía suspiró lentamente.
Como alguien que llevaba demasiado tiempo esperando aquello.
—Se acabó. —Dijo Elena.
Viktor negó con la cabeza.
—No.
Todos lo miraron.
—La detención es el final para él.
Pausa.
—No para las consecuencias.
—Pero es un comienzo. —Dijo Aleksandre.
TELEVISIÓN
Las imágenes siguieron mostrando el arresto.
Las esposas.
Los coches.
Los agentes.
Jasen miró la pantalla unos segundos.
Luego a Auren.
Y finalmente preguntó:
—¿Ya terminó?
Silencio.
Auren observó las noticias.
Después lo observó a él.
Y respondió exactamente lo que ambos estaban pensando.
—No.
Pausa.
—Pero es un comienzo.
Fuera de la casa, el mundo seguía siendo complicado.
Seguía habiendo enemigos. Seguían existiendo amenazas. Seguían existiendo guerras.
Pero por primera vez en mucho tiempo... habían conseguido algo.
Y quizá.
Solo quizá.
El futuro ya no parecía tan imposible.