Entre Vetrov y Vlasov.

EXTRA 1. VIAJES. “Un descanso que nunca fue descanso”.

—Esto no es negociable.
Auren dejó la maleta junto a la puerta sin mirarlo.
Jasen estaba sentado en el sofá, con una expresión de absoluto aburrimiento.
—¿Qué exactamente?
—Nos vamos.
—Eso no responde a mi pregunta.
Auren lo miró.
—Vacaciones.
Silencio.
Luego Jasen parpadeó lentamente.
—¿Tú?
—Sí.
—¿Vacaciones?
—Sí.
—¿Tú?
—Jasen.
—Es que necesito procesarlo.
Auren suspiró.
—No es tan complicado.
—Lo es cuando tú eres el que lo propone.
Se levantó del sofá lentamente.
Como si el mundo estuviera a punto de colapsar.
—Vale. Esto es sospechoso.
—¿Qué es sospechoso?
—Todo.
Auren cruzó los brazos.
—Solo son vacaciones.
—Eso dijiste la última vez y terminamos en una reunión con gente armada.
—Eso no fue mi culpa.
—Siempre es tu culpa.
—No.
—Sí.
Silencio.
—¿A dónde vamos?
Auren dudó medio segundo.
—Una cabaña.
—¿En serio?
—Sí.
—¿Sin mafias?
—Sin mafias.
—¿Sin llamadas?
—Sin llamadas.
—¿Sin tus padres?
Auren se quedó en silencio.
—Probablemente no.
La carretera era larga. Demasiado larga.
Jasen iba en el asiento del copiloto mirando por la ventana como si fuera una forma de protesta silenciosa.
—Estoy demasiado tranquilo.
—Eso es porque aún no has hablado.
—No pienso arruinarlo.
—No puedes.
—Eso suena a reto.
Auren no respondió.
Después de media hora:
—¿Puedo decir algo?
—No.
—Voy a decirlo igual.
—Lo sabía.
—Esto es raro.
—Sí.
—Demasiado normal.
—Sí.
—Me da miedo.
Auren giró la cabeza un segundo.
—A ti todo te da miedo.
—Porque todo te sigue a ti.
Silencio.
Cuando llegaron, el lugar era exactamente como Auren lo había descrito.
Lago.
Montañas.
Frío.
Silencio.
Por primera vez en mucho tiempo… no había ruido.
—Vale.
—Esto sí me gusta.
—No te acostumbres.
—Demasiado tarde.
El primer día fue raro.
El segundo también.
El tercero peor.
Porque el mundo seguía intentando entrar.
—Tu padre ha llamado tres veces.
—Ignóralo.
—Tu madre me ha mandado comida.
—Ignóralo.
—Tu otro padre me ha enviado documentos.
Auren levantó la vista.
—Eso no es ignorarlo.
—Eso es terrorismo administrativo.
Al cuarto día, salieron por fin sin teléfonos.
Solo el frío. Solo el agua. Solo ellos.
—¿Sabes?
—Si vas a arruinar esto, dilo ya.
—No.
—Perfecto.
Silencio.
—Es raro.
—¿Qué?
—Estar tranquilo contigo.
Auren lo miró.
—¿Eso es un problema?
Jasen dudó.
—No.
Pausa.
—Es peor.
—¿Peor?
—Sí.
—¿Por qué?
Jasen miró el lago.
—Porque me estoy acostumbrando.
Silencio.
—Eso es peligroso.
—Lo sé.
Sonrió.
—Pero no quiero dejar de hacerlo.
Auren no respondió.
Pero no se apartó.
El frío en la noche era fuerte.
Demasiado.
Jasen estaba en la terraza con una manta demasiado pequeña.
—Esto es una estafa.
Auren salió detrás.
—Te dije que trajeras abrigo.
—Te dije que eras insoportable.
—Y aun así viniste.
Silencio.
—Oye.
—¿Qué?
—Esto está bien.
Auren lo miró.
El lago reflejaba la luna.
El viento era suave.
Y por primera vez… no había guerra en sus cabezas.
—Sí.
Pausa.
—Lo está.
Jasen apoyó la cabeza en su hombro.
Auren no lo apartó.
Y ninguno dijo nada más.
Porque por primera vez… no hacía falta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.