Entre Vetrov y Vlasov.

EXTRA 2. LA PROPUESTA. “Cuando el peligro no era la guerra, sino una pregunta”.

Jasen empezó a sospecharlo tres semanas antes.

No sabía exactamente qué era.

Pero Auren estaba raro.

Más raro de lo habitual.

Y eso ya era preocupante.

—Estás ocultando algo.

—No.

—Sí.

—No.

—Auren.

—Jasen.

—Eso ha sido una evasión.

—Eso ha sido una negación.

Silencio.

—Voy a descubrirlo.

—No lo harás.

—Lo haré.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Vas a cansarte.

—Eso no es una amenaza, es una profecía.

Semanas antes, Jasen empezó a vigilarlo.

No de forma obvia.

Solo suficiente para ser molesto.

Auren salía más tarde.

Contestaba menos.

Miraba el móvil más de lo normal.

Y eso era nuevo.

Porque Auren no “miraba el móvil”.

Auren ignoraba el mundo.

—Definitivamente está planeando algo.

Esa noche, Auren desapareció.

Literalmente.

—Esto es sospechoso.

—Solo ha salido. —Dijo Sofía.

—No “sale”. “Desaparece”.

—Está bien. —Dijo Elena.

—Eso es exactamente lo que diría alguien que está ocultando algo.

Mientras tanto… Auren estaba en la cabaña.

Otra vez el lago. Otra vez el silencio.

Pero esta vez no estaba solo.

Había una caja pequeña en su bolsillo.

Y eso era el problema.

Jasen fue llevado allí sin explicación.

—Si esto es una emboscada romántica, aviso que estoy armado emocionalmente.

—Cállate.

—Eso suena a secuestro.

—Ya estás aquí.

—Eso no lo mejora.

El mismo lugar del viaje.

El mismo silencio.

Pero diferente tensión.

—Vale.

—¿Qué pasa?

Auren no respondió.

Solo lo miró. Mucho tiempo. Demasiado.

—Empiezo a preocuparme.

—Deberías.

—Eso nunca es buena señal.

Silencio.

Auren sacó la caja.

Pequeña.

Negra.

Simple.

Jasen parpadeó.

—Oh.

Silencio.

—Oh no.

Auren respiró hondo.

Por primera vez… parecía nervioso.

—Jasen.

—Sí.

—Cállate un segundo.

—Eso tampoco ayuda.

Abrió la caja.

El anillo.

Simple.

Oscuro.

Directo.

Como ellos.

Silencio.

Jasen no habló.

Por una vez.

—Llevo años discutiendo contigo.

Pausa.

—Años, y creo que es la única cosa constante que he tenido.

Jasen tragó saliva.

—No sé cuándo dejó de ser molestia, pero pasó y... no quiero que deje de pasar.

Silencio.

El viento del lago.

Demasiado fuerte. Demasiado lento.

—Así que…

Pausa.

—¿Te quieres casar conmigo?

Silencio absoluto.

—¿Estás temblando, Auren?

—Cállate.

—ESTÁS TEMBLANDO.

—Jasen.

—Sí.

Silencio.

—¿Puedo responder?

—Por favor.

Pausa.

—Sí, obviamente sí.

Auren exhaló.

Como si hubiera estado conteniendo la respiración desde hacía años.

—Pero tengo una queja.

—No.

—No es negociable.

—Habla.

—Has sido dramático.

—Lo he hecho bien.

—Terrible ejecución.

—Te acabo de pedir matrimonio.

—Y casi me da un infarto.

—Eso es normal.

—No lo es.

Jasen le quitó el anillo.

Sin prisa.

Y sonrió.

—Sí.

Más suave.

—Sí, Auren, claro que sí.

No dijo nada.

Solo lo miró.

Y por primera vez… no parecía que estuvieran en guerra contra el mundo.

Y esa noche, el lago reflejó algo distinto.

No solo la luna.

Sino el inicio de algo que por fin no intentaba destruirlos.




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