Entre Vetrov y Vlasov.

EXTRA 3. LA BODA. “Donde por fin dejaron de sobrevivir y empezaron a vivir”.

Auren nunca había entendido por qué la gente decía que las bodas eran bonitas.

Ahora lo entendía.

Y también entendía por qué eran un desastre absoluto.

—Esto es un error.

Jasen estaba frente al espejo.

Ajustándose la corbata por tercera vez.

—No es un error.

—Sí lo es.

—No.

—Sí.

—Auren.

—Jasen.

Silencio.

Jasen respiró hondo.

—Estoy a punto de casarme contigo.

—Sí.

—Eso no te preocupa.

—No.

—Eso me preocupa.

Desde la puerta:

—Si seguís discutiendo, vais a llegar tarde. —Dijo Elena.

—No estamos discutiendo.

—Estáis literalmente discutiendo. —Dijo Elena.

—Es precioso. —Dijo Sofía.

—No es precioso.

—Sí lo es.

Auren apareció con el traje ya puesto.

Perfecto. Demasiado perfecto.

—Te odio.

—Mentira.

—Sí.

Por primera vez, nadie bromeó después de eso.

Porque era el día.

El lugar de la ceremonia era enorme.

Demasiado elegante. Demasiada gente. Demasiadas miradas.

Y aun así…

Auren no miraba a nadie más.

Jasen tampoco.

—Estoy nervioso.

—No se nota.

—Estoy fingiendo bien.

—Siempre.

Las madres lloraban.

Pero intentando no hacerlo.

Lo cual era imposible.

—No estoy llorando. —Dijo Sofía.

—Yo tampoco. —Dijo Elena.

—Estáis llorando las dos. —Dijo Viktor.

—Cállate. —Dijo Sofía.

El oficiante habló.

Palabras.

Promesas.

Tradiciones.

Pero todo eso era ruido.

Porque los dos estaban escuchando algo distinto.

El otro.

Luego llegaron los votos.

—Yo he pasado mi vida diciendo que te odiaba, Auren.

Risas suaves en el público.

—Y resulta que era bastante malo entendiendo mis propios sentimientos.

Miró a Auren.

—Pero contigo…

Pausa.

—Nunca ha sido fácil. Creo que eso es lo único que siempre ha sido real.

Silencio.

—Así que sí. Me caso contigo.

Risas.

Auren respiró hondo.

—No soy bueno con las palabras.

Pausa.

—Nunca lo he sido.

Miró a Jasen.

—Pero contigo…

Silencio.

—He aprendido cosas que no quería aprender. He sentido cosas que no quería sentir. Y he entendido algo que no me gustaba aceptar.

Pausa.

—Que siempre estabas ahí.

Silencio.

—Así que sí. También me caso contigo.

Por un segundo nadie aplaudió.

Porque todos lo estaban procesando.

Luego sí.

Jasen tomó su mano.

Le puso el anillo.

Sin drama. Sin guerra. Sin miedo.

Solo decisión.

—Ahora ya no hay marcha atrás, Auren.

—Nunca la hubo.

—Por fin. —Dijo Sofía.

—Por fin. —Repitió Elena.

—Ya era hora. —Diko Viktor.

—Demasiado tiempo. —Dijo Aleksandre.

—Me están juzgando.

—Siempre.

La música empezó.

La gente habló.

Brindis.

Risas.

Caos elegante.

—Esto es agotador.

—Bienvenido a tu boda.

—No la vuelvo a repetir.

—Eso espero.

En la noche, la fiesta seguía.

Pero ellos escaparon. Como siempre.

Llegaron al balcón.

Ciudad abajo.

Luces.

Y por primera vez... no había peligro.

—Esto es raro.

—¿Qué?

—No tener que sobrevivir.

Silencio.

—Sí.

—¿Sabes qué es peor?

—Dímelo.

—Que me gusta.

Auren lo miró.

—A mí también.

Jasen apoyó la cabeza en su hombro.

Y Auren no se apartó.

Porque esta vez… no era una promesa rota.

Era una decisión cumplida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.