“Mi mundo cambió como una ráfaga de viento, mi control se esfumo, no sabía que cuando su esencia apareciera me obligaría a arrodillarme a su gusto…es tan difícil y adictiva al mismo tiempo, que me pregunto quién de los dos, entre la luz y la sombra, ganará esta guerra de almas.”.
—No está nada mal. De hecho, me gusta. —dice Lizzie, dejándose caer con un suspiro de alivio sobre el mueble, y yo, copiando su acción, siento cómo el peso de los últimos días se disipa.
—Tengo flojera de desempacar, Liz. ¡Quiero conocer el lugar, los alrededores! ¡Hay que salir, ahora mismo! —grito con una emoción que me desborda, una libertad que aún me parece irreal.
—Demonios, el profe sí que tenía razón, estamos jodidamente sincronizadas. —se levanta, una sonrisa cómplice en sus labios. —Ya, vamos. También me muero por salir. Tenemos que comprar comida, este departamento está triste, y más su cocina, parece sacada de una película de terror.
—Tienes razón, pero no voy a cocinar. Ni de broma. Comida congelada, y punto. —digo mientras me dirijo a mi habitación, el pensamiento de un fogón me da escalofríos.
—Yo cocinaré, pero mañana. Hoy sí, comida congelada. ¿No vamos a ir?
—Sí, pero primero quiero bañarme, vuelo a aeropuerto, amiga. —grito desde la habitación, riendo.
— ¡Cierto! ¡Huelo a viaje y a despedida! Bien, también voy a bañarme. Que el nuevo yo no huela a pasado.
Termino de ducharme y el vapor del agua caliente parece llevarse los últimos vestigios de mi antigua piel. Me dirijo a mi maleta, mi cofre de pobres posibilidades.
Saco mis botines negros, mis medias bucaneras, una falda tapis negra y una blusa camisón perlada con detalles de encaje. Siempre me ha encantado vestirme así. Me siento tan cómoda, tan yo, tan dueña de mi propia piel, por primera vez.
Soy delgada, demasiado delgada. Mi cabello es corto, muy corto, con rizos que rozan el estilo masculino, pero lo amo. Lo corté en casa de Lizzie, el día que me fui, mi propio ritual de liberación. Era necesario.
Mis ojos marrones a veces parecen apagados, pero hay algo detrás, algo que siempre está latiendo, un fuego que se niega a extinguirse.
Flashback
—¿Estás loca? —la voz de Lizzie, teñida de una preocupación que no lograba ocultar—. No puedes volver a cortarlo, apenas hace un año lo hiciste.
—Lo sé. Pero lo necesito, amiga.
—Sé por qué lo haces. —Lizzie suspira, su mirada profunda—. Puedes buscar otra forma de remarcar tu reinicio de vida. ¿Por qué siempre paga pato tu cabello? ¿Por qué siempre es él quien carga con tu dolor?
—Porque crece, obviamente... —Mi voz se quiebra un instante—. No lo sé, Liz. Cada vez que lo corto siento que me quito un peso, que dejo algo atrás, que puedo comenzar sin carga, sin el peso de lo que fui.
—Estás loca, Ash. Completamente. Pero te quiero. —Lizzie me mira, sus ojos llenos de una ternura que me desarma—. Y si quieres cortarte el maldito cabello y dejarlo como un tazón para empezar otra vez, bien. Te apoyo. Pásame las tijeras. Que sea el último sacrificio.
—Gracias. También te quiero. —Mis ojos se llenan de lágrimas no derramadas.
Fin del Flashback
Voy a la habitación de Lizzie. La encuentro terminando de arreglarse, su energía contagiosa. Ambas llevamos estilos similares desde que vimos aquellos videos de outfits coreanos: siluetas que se adaptan a la modernidad, pero con un toque de rebeldía. Cute, chic, femeninos. Nos transformamos en otra versión de nosotras, más ligera, más viva, como mariposas emergiendo de un capullo de sombras.
Una vez listas, salimos. Caminamos entre calles nuevas, bajo un cielo distinto. Todo se siente fresco, distinto, emocionante. Tomamos fotos, reímos, preguntamos direcciones. Somos solo dos chicas nuevas intentando habitar el mundo.
En el supermercado, un señor de ojos curiosos y divertidos nos recomienda un lugar popular: 'BoomDay'. Su mirada nos escruta, casi con un brillo de conocimiento. 'Los extranjeros siempre preguntan por estos sitios', dice con una sonrisa enigmática. Apuntamos el nombre y salimos entre risas, sin saber que ese nombre sería la primera extensión de lo que nos esperaba.
***
Ya en casa, el crepúsculo pintaba la ventana con tonos añil. Liz está con el celular, su rostro iluminado por la pantalla. —Se llama 'BoomDay'. Abierto toda la noche.
—¡Genial! Parece 'boom-bueno'. —bromeo, un intento de ligereza para ocultar la excitación que me recorre. Ella pone los ojos en blanco, pero una sonrisa se asoma.
—Está un poco lejos... cerca al límite de la ciudad. Después solo hay bosque.
—¿Y? ¿Cuál es el problema? ¿Los taxis no llegan? —Mi impaciencia es un fuego.
—Sí llegan, pero... está apartado. Demasiado. Aunque hay un hotel cerca. Si no hay taxi al regreso, podemos pasar la noche ahí.
—Perfecto. Reserva una habitación. Hoy no quiero improvisar. No esta noche. Es mi cumpleaños. ¡Veintiuno! —Mi voz se eleva, cargada de un significado que va más allá de los años—. Y quiero celebrarlo. Es una locura estar en un país nuevo, un nuevo comienzo... quiero sentir que esta vez sí puedo vivir. Que el pasado no me persigue.
#197 en Fantasía
#142 en Personajes sobrenaturales
#25 en Paranormal
#10 en Mística
vampiros lobos mates amor odio crueldad, romance tragedia y fantasia, destino reencuentro amor
Editado: 22.08.2025