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Recuerdo esa mañana…

Comenzó llena de alegría; estábamos nosotros tres, mis mejores amigos Lana, Marcos y yo, en aquel río. Había una piedra enorme de la cual nos lanzábamos; estuvimos alrededor de cuatro horas mientras disfrutábamos, almorzábamos y hacíamos vida social.

Recuerdo mirar el cielo azul y de pronto notar cómo el atardecer llegaba, tornándose naranja, y una brisa fresca que acariciaba mi rostro.

Cuando decidimos irnos y despedirnos como de costumbre, acompañábamos a Lana hasta su apartamento; luego Marcos me dejaba en casa y él seguía camino a la suya, una rutina que no fallaba, pero ese día algo cambió nuestra rutina.

Llegamos hasta la puerta de los apartamentos de Lana, y mientras nos despedíamos, un sonido extraño y fuerte retumbó en nosotros, y comenzaron a sonar las sirenas de las ambulancias, todo tan de pronto.

¡Claro, nos asustamos!

Decidimos entrar a los apartamentos y subir con Lana para refugiarnos, y mientras corríamos por las escaleras, veíamos por esas diminutas ventanas de ventilación cómo la guardia azotaba a las personas y se las llevaban, subiéndola a vehículos que nunca habíamos visto circular por la ciudad.

Llegamos al tercer piso, apartamento 14, entramos corriendo asustados sin entender lo que estaba pasando. —Aún puedo sentir mi corazón latiendo fuertemente —cerramos la puerta y colocamos muebles frente a ella para resguardarnos, tratando de quedar en silencio para entender qué estaba ocurriendo—. Pero era imposible entender –

De pronto, pasos…

De pronto, susurros…

Y cuando menos lo esperamos, el azote de varias puertas y los gritos de muchas personas… Asustados, nos encerramos en el baño de la sala los tres; buscando una salida, vimos una ventana de ventilación no tan pequeña, pero sí a una altura considerable, por lo cual tuvimos que ayudarnos entre los tres para abrirla e intentar salir por ella.

¡Y sí, funcionó!

Salimos con mucho cuidado, pues, como dije, estábamos en un tercer piso; nos tuvimos que sostener muy fuerte de las paredes y caminar despacio sin mirar hacia abajo. Apenas eran unos 5 o 6 pasos los que teníamos que dar para llegar a la azotea de ese piso, donde reposaban los compresores de los aires centrales, pero al llegar respiramos y sin perder tiempo intentamos buscar una salida.

Marcos pudo observar cómo en una de las esquinas, varios tubos se veían fuertes y con cuidado podíamos bajar por ellos, utilizándolos como escaleras. Era un riesgo que debíamos correr, pero también representaba el seguir con vida y a salvo.

Como pudimos, bajamos, llenos de nervios, de angustia y mucho miedo… Comenzamos a correr dos cuadras sin parar, tomados de las manos para no dejarnos ir unos con otros, pero fuimos interceptados por esos guardias, quienes tomaron a Lana y Marcos y los arrastraron frente a mis ojos. Llorando y gritando pidiendo ayuda, uno de ellos se para frente a mí firme con un arma. —Sentí que mi corazón iba a saltar y salir de mi pecho.

  • Por favor, no les hagan nada, déjennos ir.
  • Tranquila, esto es por ti. —Respondió con una sonrisa en el rostro.

Y de pronto solo escuché el sonido de un disparo, bajé la mira al pecho y comencé a sentir ese dolor profundo que me asfixiaba al mismo tiempo, así como una fuerza desconocida que me empujaba hacia atrás, la cual no pude evitar y caí sin más.

¡Entonces desperté!

Y ahí estaba Marcos frente a mí, tomando café sentado…

  • Tuviste otro episodio; este fue más fuerte que el anterior, por eso la camisa de fuerza. —Suspira profundo y baja su mirada—. Tuvieron que sedarte, cuéntame, ¿Qué viste ahora?



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En el texto hay: crimen, suspenso, suspense thirller

Editado: 11.06.2026

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