
El pueblo cambió, no de golpe. No de forma evidente, pero lo hizo. Es como cuando entrás a una habitación y sabés que algo es distinto… aunque no puedas señalar qué.
Epuyén ya no respiraba igual.
—¿Escuchaste?
Levanté la vista.
Dos mujeres hablaban en voz baja, demasiado cerca del mostrador.
—Dicen que lo encontraron esta mañana.
—¿Dónde?
—En el bosque.
Silencio, no de sorpresa. De confirmación. Seguí limpiando la mesa con movimientos lentos y precisos. Como si no estuviera escuchando.
—¿Quién era?
—No era de acá.
—¿Otro más?
Esa palabra quedó flotando.
Otro.
—No me gusta esto —murmuró una de ellas—. Primero los troncos de los árboles con su marca… y ahora esto.
—No digas eso acá.
Miraron alrededor. Como si las paredes pudieran repetirlo. Cuando se fueron, el silencio quedó más pesado que antes.
—No les prestes atención.
La voz de Eva fue suave, pero firme.
Levanté la mirada.
—La gente necesita hablar —continuó—. Aunque no tenga nada claro.
Asentí.
—¿Es verdad?
Dudó.
Solo un segundo.
—Encontraron a alguien, sí.
—¿Qué pasó?
—No lo saben todavía.
Mentía. No completamente. Pero lo suficiente para hacerme dudar que tanto sabía de la situación.
Franz apareció desde el fondo.
—No fue un accidente.
Directo.
Eva lo miró.
—Franz—
—No —la interrumpió—. Ya empezó.
El aire cambió.
—¿Qué cosa? —pregunté.
Franz me sostuvo la mirada. Demasiado tiempo. Como si midiera cuánto podía decir.
—Nada que te tenga que preocupar.
Eva no lo contradijo. Y eso fue lo que más ruido hizo.
No pregunté más. Pero lo sentí. Ese pequeño cambio. Esa grieta en la normalidad.
Lisa llegó más tarde. Sin energía. Sin ruido. Eso ya era suficiente para saber que algo estaba mal.
—Lo vi —dijo sin saludar.
Mi cuerpo se tensó antes de poder evitarlo.
—¿Qué cosa?
—El lugar.
Se acercó.
—Donde lo encontraron.
—No deberías haber ido.
—Lo sé.
Pero no se arrepentía.
—¿Quién era?
—No sé.
Negó con la cabeza.
—Pero no fue normal.
Silencio.
—Nada de esto lo es —murmuró.
—¿Por qué?
Lisa tragó saliva.
—Porque no parecía… un ataque impulsivo.
—¿Entonces?
Dudó.
—Él se tomó su tiempo.
Fruncí el ceño.
—¿Sabes quién es?
Un escalofrío me recorrió la espalda, al no obtener respuesta. Se inclinó un poco más.
—Estaba en un árbol, se está repitiendo todo de nuevo—susurro, mas para ella misma que para mi.
El mundo pareció detenerse un segundo, ya me había contado de otro caso así.
—¿Cómo?
Lisa dudó. Esta vez más.
—No importa.
La miré.
—Lisa.
Exhaló, tensa.
—Creí que había dejado de hacerlo así.
Algo en su tono se quebró apenas. No supe qué decir, porque en ese momento entendí que no estaba hablando de ahora. Entendí que sabían más de lo que decían, más de lo que susurraban en las calles, la identidad del asesino era un secreto a voces del que no formaba parte. Así que no dije nada.
El resto del día pasó sin que realmente lo registrara.
Las voces.Los pedidos.El movimiento.
Todo parecía más lejano. Como si estuviera detrás de un vidrio.
Salí antes de lo habitual. Necesitaba aire. Espacio. Distancia.
El camino hacia la cabaña estaba vacío. Pero no tranquilo. Había algo en el ambiente. Más tenso. Más alerta. Y entonces lo vi.
Un auto, no era del pueblo. Eso se notaba. Demasiado nuevo. Demasiado… ajeno. Estacionado cerca del sendero. Seguí caminando. Como si no me importara. Pero cuando pasé al lado sentí la mirada.
Esta vez fue distinto. No era lo de antes. El miedo me volvía torpe, me empujaba a caminar más rápido hacia casa. Ya no intenté disimularlo.
Esa noche, no solo cerré la puerta con llave. Sino que la trabe con una silla, asegure cada entrada posible. Dos veces revise todo. Y aun así no me sentí segura. No como antes.
POV DESCONOCIDO
El primero fue rápido. Tenía que serlo, no era del pueblo y eso ya lo hacía sospechoso a ojos de todos. Demasiadas preguntas. Demasiadas vueltas. Demasiado interés en alguien que debería haber pasado desapercibido. Lo mismo con el segundo, la rastrearon hasta acá. Quien la buscaba, porque tenía tanto interés.
Ella no se dio cuenta de ninguno de los dos primeros, pero al tercero la vi mirarlo. No directamente. Pero lo notó. Eso cambió algo. No era como los otros, él quería que lo viera llamar su atención y tenerla cerca. Los de antes eran distintos. Viejos. Con culpa. Con historia. Este era más joven. Más preparado. Más cuidadoso, se dejó ver por ella y por nadie más aunque no contaba conmigo. Lo seguí antes de que pudiera seguirla a ella. Siempre es así. Primero elimino el ruido. Después los cazo. No luchó mucho. Ninguno lo hace. No cuando entendés dónde tocar. El cuerpo humano es… predecible.
Cuando terminé, me quedé un momento observando. Así está mejor. No queda nada que devuelva la mirada. Siempre dejo algo, esta vez robe algo. No por error. Por decisión. Porque el mensaje no es para todos. Es para los que saben leerlo. Y algunos empiezan a recordar, lo mal que hicieron en arruinar mi vida.
No hay un inicio claro. Solo el momento en que mirar dejó de ser suficiente. Siempre estuvo ahí, latente. Pero la primera vez que sentí una vida en mis manos y entendí que podía apagarla todo cambió. Después de eso no hay vuelta. Se vuelve un hábito. Se vuelve necesidad.
El primero fue fácil dejarlo atado en el bosque, nadie se lo esperaba. Lo complicado fueron los siguientes, porque ya estaban atentos. Eso me obligó a ser más preciso. Más cuidadoso. Pero ellos eran conscientes que fueron los que ocasionaron esto, su hipocresía me llevó a ser así. Antes era por ellos, para que fueran conscientes de lo que sus susurros ocasionan. Ahora es por ella, y no sé qué significa. Me siento perdido, nunca lo había hecho de esta manera. Y eso es un problema, porque no debería importarme. Pero importa.