Epuyén: De nudos y máscaras

Capítulo 7

big_cbda0890a640afe50be6a6a3243127a5.jpg

POV Desconocido

La escuché antes de verla.

—Esta noche salimos.

Lisa. Siempre tan chillona. Demasiado presente. Demasiado molesta, con esa energía que todos piensan que ilumina pero lo que hace es quemar lo que rodea.

No estaba solo. Nunca lo estoy. Pero nadie me ve cuando no quiero.

Desde afuera, la panadería parece tranquila. Desde adentro… todo suena distinto. Las voces viajan. Se filtran. Se quedan.

—¿Salimos?

—Sí. Fiesta en lo de Lucas, un amigo.

La observé a ella. A Cassia. No respondió enseguida. Bien, es una chica inteligente está por negarse.

—No sé si—

—Vas a venir —interrumpió, sin perder la sonrisa—. Te va a hacer bien.

Lisa no sabe esperar

—No soy mucho de fiestas.

—Justamente por eso.

Se inclinó un poco.

—Necesitás distraerte.

No necesita nada, menos de ellos.

—Está bien.

Cassia se oyó casi resignada, pero aceptó. No se imagina el error que está cometiendo

—Perfecto.

Es increíble cómo una persona que vivió cosas importantes de mi niñez, hoy sea tan irritante, tan desagradable. Su sonrisa me provoca hastío. En estos días viéndola con Cassia pensé que finalmente había cambiado, pero hoy me confirma que no.

Noto que no soy el único escuchando a escondidas esta conversación, Lucas y Daniel también la están escuchando y sonríen. Tengo la sensación de que esto no va a traer nada bueno.

La fiesta empieza antes de que lleguen. Ruido. Luz. Gente que necesita distraerse para no pensar. Me mantengo lejos. Siempre lejos. Pero la veo. Entra. Se tensa. Busca salidas. Eso me gusta. Significa que entiende. No del todo. Pero lo suficiente.

Daniel se acerca primero. Claro. Siempre mide. Observa. Calcula. No actúa sin saber. Lucas es el siguiente, el no espera, el consume arrasa con todo sin un mínimo de racionalidad puro impulso siempre lo fue. La forma en que la miran…

Aprieto los dedos contra la madera. Demasiado. Ella responde, poco. lo justo no busca provocar o llamar la atención. Pero no necesita hacerlo, no con ellos, ya la vieron. No entienden, no la entienden. Y eso es lo que más me molesta.

Hoy rompieron la amistad que se estaba formando, lo se. Se van temprano. Las sigo. A distancia. Siempre.

Los días siguientes confirman lo que ya sabía, la amistad sufrió un quiebre. Ellos empiezan a seguirla. En la panadería. En la calle. Siempre cerca de ella. Lucas invade. Daniel espera. Lisa mira. Y entiende, no entiendo porque no actúa estan rodeando a alguien que no es ella y se mantiene expectante. Nunca se va.

La noche del bosque el aire estaba mal. No hace frío. Algo anda mal. La veo caminar. Sola, pero no lo está. Ellos salen antes de que llegue. Se colocan delante de ella. Bloquean. Perfecto, van a mostrarle sus verdaderas caras.

Lucas habla, mientras se acerca. La toca, aprieto mis manos. El primer golpe llega rápido, ella cae al suelo. Mi cuerpo reacciona antes que mi cabeza. Un paso. Solo uno. Pero me detengo. Algo en mí duda. No por ella. Por mí. Porque hay una parte, una parte muy clara que piensa: no deberías haberte metido con ellos. Aprieto la mandíbula. No. No es así. Pero la idea no desaparece.

Lucas vuelve a golpear. Daniel mira, siempre mira. Eso es lo que más odio, la pasividad que finge tener ante su amigo. Ella se levanta. Lo empuja. Corre.

Silencio. Lucas se ríe. Y ahí se condena, porque significa que no va a parar.

La sigo a ella primero, siempre está ella primero. Llega a la cabaña. Cierra. Respira. Tiembla. Parece miedo. En esta oportunidad no lo analizo. No ahora. Está a salvo. Eso alcanza.

Lucas aparece minutos después. Solo. Mal movimiento. Salgo de la sombra.

—Deberías haberte ido.

No me ve venir. Nunca lo hacen.

Se gira. Confundido.

—¿Qué estás haciendo acá O—?

No termina. El golpe es suficiente. Cae. Lo sostengo. Silencio.

—No entendieron cuando parar.

No responde. No puede.

Hay cosas que no se hacen. Y él cruzó el límite, tocó su rostro y la golpeó. El bosque es buen lugar para aprender a no tocar lo que no te pertenece.

No lo mato rápido. No esta vez, me tomo mi tiempo. Le cuento, que la vi primero que hay algo en ella que llamó mi atención. Que no es como ellos piensan, como todos piensan. Le cuento las actitudes que generan intriga en mi, como en el momento en que ella aparece se roba toda mi atención y cuanto me molesta verlos a su alrededor. El dolor no es castigo, es lenguaje. Y algunos solo entienden así, como en este caso donde me da la razón mientras lo ato. Lo observo, una vez atado, y procedo a trabajar en silencio con precisión como siempre. La mano. El pie. Las herramientas que usó. El mensaje es claro, para quien sepa leerlo. Cuando termino tiro de las cuerdas, lo cuelgo. Como a los otros. Los nudos sostienen. Siempre sostienen.

Me alejo un paso, mientras observo.

Pero algo no encaja. No es él, no es la manera en que cuelga el cuerpo. Era ella, su cara cuando cayó. El miedo. Cierro los ojos un segundo. No. No voy a pensar en eso. Pero la idea ya está. Y no se va. Porque por primera vez me metí en asuntos ajenos, y no estoy seguro de si la defendí o solo adelante algo que estaba por pasar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.