CAPÍTULO 1
«Sin lluvia no habrían flores».
-Sebastián-
Mis días incurren prácticamente en adrenalina pura, y cuando eso no pasa, que usualmente ocurre muy pocas ocasiones, llego a casa buscando el silencio y la serenidad luego de pasarme días bajo tensión.
Mi empleada tenía la tv encendida.
“…los días estarán lluviosos por el resto de la semana”
Continuamos con el siguiente tema que ha causado conmoción en la población:
Detestaba llegar a casa y que ella estuviese viendo las noticias, si algo tenía muy en claro era que no deseaba oír sobre más trabajo. No en mi casa.
“Las últimas noticias sobre el caso de la mujer hallada sin vida, sabemos que el cuerpo encontrado de una mujer semi enterrado en el muelle correspondían a Clarise Wilow, dentro de este caso tan resonante, los forenses han determinado detalles escalofriantes, el asesino tan buscado ha vuelto a aparecer, pero esta vez dejando a su víctima en un lugar inhóspito. Según los investigadores; con ciertos “descuidos“ que lo llevaron a realizar este desgarrador asesinato de una joven mujer que al parecer vivía en las calles, según fuentes allegadas puede que haya sido seducida por el asesino para ir con él siendo este es el modo de operar de este siniestro sujeto ,ya que es el quinto caso después de quince años sin saber de un asesino de los cuales prácticamente no deja rastros, su única presencia es que mata a todas las víctimas de la misma manera, abriéndoles el pecho para arran…”
Apagué el televisor.
Darna, dio un salto espantada por mi repentina presencia.
—Eres muy silencioso para mi gusto, ¡no me agrada!, en absoluto—aseguró recobrando la compostura.
Usualmente movía su boca disimulando su desgradado por haberle cortado el morbo de conocer en detalle tanta basura.
—¿Cómo le fue en la oficina? —dejé el bolso que cargaba sobre uno de los sillones.
—Mucho papeleo, no creo que sea el ideal de la vida de nadie —ironicé de mala gana.
—Pienso igual, creo que: siento lo mismo, —cuchicheó —últimamente estoy pasando por una crisis existencial.
Bien, ella tenía cuarenta y ocho años, y sinceramente no deseaba saber sobre crisis existenciales ajenas, ni las de ella ni las de nadie.
—Claro—respondí de forma escueta—si ya has terminado, puedes retirarte—concluí deseando que desaparezca de una buena vez.
—Sí, —se movió buscando algo sobre la mesada de la cocina— esta mañana llegó una carta, creo que le había dicho que hace tres días atrás cuando estuvo de viaje que llamaron avisando que su tío Arthur había fallecido, un tiempo después, llegó este pesado libro y esta carta—me extendió un sobre perfectamente bien sellado, para luego ir tras un rincón, y tomar una caja transportadora con un moño ya algo maltrecho simulando un regalo, dentro había un ¿gato?
—No te atrevas a acercar ese animal hacia mí—y mi voz salió como si estuviese poseído por una especie de malhumor descontrolado. Mi empelada tomó al gato sosteniéndolo entre sus brazos.
—Pobrecilla, está asustada, no come, ni bebe agua, creo que está enferma, lleva un colgante en forma de ovalo en su cuello, y por lo visto es una hembra, ¿no es mona? Al parecer su tío la tenía bien cuidada, mire su pelaje—acercó el gato hacia mí, yo me alejé intentando disimular mí desesperación.
—No des un solo paso más, no, con ese gato entre los brazos.
Mi empleada frunció la nariz su actitud se mezclaba con las caricias que le propiciaba al gato en signo de compasión pues al parecer mi actitud anti animal era lo más parecido a ser un bastardo.
—¿Porqué? ¡Si es tan linda!, observe: si hasta tiene un collar con esto rojo…—frunció sus ojos observando con detenimiento—parece un líquido y aquí se llega a leer que tiene labrado su nombre.
—Llévate a ese gato fuera de mi casa: Ahora—.Le ordené sin rodeos.
—Imposible, además, el hombre del correo también dejó una maleta parece ser de esas de viaje, es pequeña, lleva un seguro con clave, quizás le expliquen toda la situación en esa carta, por lo visto ha recibido una herencia o algo así de su tío, es lo único que se me ocurre. —Soltó al gato, se quitó el delantal, tomó su abrigo, para luego colocarse su bolso.
—No te vayas sin antes quitar a ese jodido gato de mi casa—.¡Estaba hablándole como un loco desesperado!
Mi empleada me observó como si fuese un lunático. No sé por qué, pero ella me tenía demasiada confianza cuando yo apenas si le daba cabida en mi vida.
—No puedo, debo ir a mi otro trabajo, imposible, —recalcó—además, una mascota le vendría bien—.¿A qué se refería con eso último? —Hasta la próxima semana—.Cerró la puerta de salida tras mi enérgico grito.
—¡Soy alérgico a los condenados gatos! —bramé.
Si de gatos se trataba, caminaba de un lado a otro como un león enjaulado, miraba cada tanto a ese jodido gato que solo me observaba ir y venir, no huía, pero, tampoco se movía, ¿era eso normal? Estaba tan enojado que necesitaba calmarme, tomé la carta que me habían enviado, sinceramente lo que menos quería en esos momentos era leer y mucho menos cursilería de un viejo que ya estaba muerto y apenas si recordaba de las pocas veces que lo vi después de distanciarnos. No nos llevábamos bien, de hecho, el viejo siempre demostraba su predilección por mis dos hermanos, en cambio, conmigo se comportaba como un cretino…
#2924 en Novela romántica
#582 en Fantasía
misterio romance secretos intriga, fantasía drama romance, fantasía almas entrelazadas
Editado: 10.09.2026