Erase una vez un 17 de diciembre...

Capítulo 3: ¿Y la calidez?

Hoy es el día, el día tan esperado donde me darán de alta. Pasé casi una semana aquí, escuché decir al doctor que iba a ver que me dieran de alta hoy pues ya estaba bien de salud y no hubo ningún daño interno, aunque la psiquiatra no estaba del todo de acuerdo.

Esa noticia me puso algo feliz pero más que feliz me puso triste, en realidad no quería irme de ahí por alguna extraña razón o bueno, no era una "extraña razón" como tal, creo que por primera vez en mucho tiempo me sentí cuidada, protegida, acompañada, por primera vez no estaba sola. ¿Por qué tengo que estar internada en un hospital para que me traten diferente? Eso apesta mucho.

Horas después vinieron a quitarme el sello venoso, esa era la última cosa que me unía al hospital, me dieron mis últimos medicamentos antes de quitármelo, lo cual solo afirmaba que hoy me iba y así fue, a los pocos minutos vinieron a decir que me dieron de alta, una noticia feliz para todos excepto para mí. Me dijeron que era muy afortunada porque no quedé con ningún daño permanente en el cuerpo pero no me sentía afortunada, pues yo no quería vivir... el plan no era que yo estuviera en este maldito hospital, el plan era estar en una caja.

Mis papás corrieron a hacer el papeleo y las vueltas para ya poder irme y mi abuelita Vivienne se quedó conmigo, aprovechó a hablar conmigo ya que quedamos solas.

—Hijita ya no lo vuelvas a hacer —dijo con una tristeza notoria en su voz— cualquier cosa que necesites puedes decirme o si quieres irte a vivir conmigo puedes, para lo que tú quieras estoy para ti.

Yo solo pude fingir una sonrisa.

—Gracias abuelita.

Después de eso platicamos de otras cosas hasta que llegaron mis papás, me ayudaron a cambiarme ya que como llevaba mucho tiempo acostada cuando me paraba me sentía mareada y pues tampoco había comido muy bien estos días. Al terminar mi papá fue por una silla de ruedas para que no caminara, el trato especial seguía pero sabía que cruzando las puertas de ese hospital acabaría todo, pasamos por los pasillos y nos detuvimos en uno ya que nos encontramos un tío que trabajaba ahí y se pusieron a platicar un poco, en eso noté cómo una señora estaba angustiada y su hijo trataba de calmarla mientras el doctor no sabía qué decir.

—Mamá cálmate —dijo el chico con voz tranquila— esos son los resultados, estoy bien...

—¿¡Qué estás bien!? Has estado tosiendo sangre y los doctores dicen que estás bien —dijo la señora con enojo.

—Lo lamento señora, no podemos hacer más por su hijo...

Escuché esa conversación y aparté la vista rápidamente pues el chico me miró también pero con cierta pena, mientras su mamá seguía peleando por sus resultados. Por otro lado mi mamá también estaba escuchando y se dio cuenta de que yo también.

—Ese muchacho creo que tiene cáncer o algo así, no es normal eso, pero sigue luchando.

—Sí, eso escuché, ¿pero cómo sabes que es cáncer?

—Es una suposición, pero mira él se ve que está luchando por vivir, en cambio tú estás luchando por... —no dijo más.

—Morir —murmuré muy bajo para que no lo escuchara mi mamá.

Después de cierto rato salimos del hospital y empezó a llover, pasamos a dejar a mi abuelita Rosita y después me llevaron con mi abuelita Aurora ya que quería verme, estuvimos un buen rato ahí, nadie dijo ni una palabra de lo sucedido, ni de lo que pasó, yo me subí a dormir a una de las habitaciones pues el medicamento que me pusieron antes de salir del hospital estaba haciendo efecto.

Al despertar mis padres se habían ido y me dejaron en casa de ella, me sentí triste y sí hice una rabieta, les marqué que dónde habían ido y me dijeron que mandaron a mi hermana a que me levantara pero no me levanté así que decidieron dejarme dormir y se fueron porque estaban cansados, me puse muy mal pues era el primer día que salía del hospital, los quería conmigo pero en cambio me dejaron con mi abuelita y amo a mi abuelita pero necesitaba a mis papás... sentí como si ya no quisieran cuidarme.

Me propusieron regresar por mí pero me negué y les dije que parecía que no querían estar conmigo o no recuerdo qué más debido a que aún estaba algo sedada por la medicación, así que me subí enojada a dormir en una habitación, la habitación tenía un espejo y sin querer me vi, cuando me vi me invadió un asco y odio en mí que lo mejor que hice fue tapar ese espejo. Mientras me tiré a la cama a llorar hasta quedar dormida rezando por no despertar un día más pero aún seguía despertando.

Me dolió mucho que mi primer día afuera del hospital fuera así, quería estar con mis papás pero creo que ellos estaban cansados de mí, más mi mamá. Igual sabía que aquel cuento de hadas que fue en el hospital se desvanecería saliendo. Pero esperaba mantenerlo un poquitito más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.