Eres mi chica

Capítulo 3

Rachell
​Llegué al dormitorio y me dejé caer sobre el sofá como si mis huesos pesaran una tonelada. Al instante, un grito desgarrador escapó de mi garganta.—¡AAAAAAH! —. Necesitaba liberar, aunque fuera un poco, la frustración de este día de mierda.

​Steve apareció al instante en el marco de la puerta, con esa mirada preocupada que solo él sabe ponerme.

​—¿Qué te pasa? Esta mañana te veías bien al salir a clases —dijo. Se acercó y, sin pedir permiso, colocó mi cabeza sobre sus piernas. Sus dedos comenzaron a trazar líneas suaves en mi cabello. Ese pequeño gesto fue suficiente para que mis hombros se destensaran. Amo que lo haga, es mi refugio personal.

​—Tuve un día de perros —mascullé, frunciendo el ceño hasta que me dolió.

​—¿Mmm? Un poco más de detalle, por favor... —insistió, con voz suave.

​Me quedé callada. ¿Qué le iba a decir? ¿Que el chico más atractivo que he visto en mi vida resultó ser el más imbécil que conocí hoy? Jamás. Si Steve se enterara de que Dalas Brown, el mismísimo dios del campus, tuvo el más mínimo contacto conmigo, las burlas no pararían nunca. Y no, no quería que mi nombre apareciera en la misma oración que la de ese tipo.

​Desde que chocó conmigo, supe quién era. ¿Cómo no saberlo? Es alto, muscoloso y siempre viste ropa deportiva como si fuera un uniforme de guerra. Su rostro está pegado en cada cartel de la universidad. Es el tipo de persona que prefiero evitar a toda costa.

​—Olvídalo, no pasó nada importante —suspiré, intentando restarle peso mientras la tensión volvía a mi pecho—. Mejor cuéntame de ti. ¿Por qué no fuiste a Filosofía? —pregunté, tratando de desviar la atención hacia él.

​Steve se puso de pie de golpe. Comenzó a caminar en círculos frente a mí, frotándose las manos nerviosamente, como si tratara de calmar un temblor interno.

​—No sé ni por dónde empezar...

​—Por el principio, tal vez —bromeé, aunque mi corazón se aceleró al verlo tan tenso—. Vamos, Steve, esa actitud tuya me asusta. Nunca te había visto tan inquieto.

​Se detuvo en seco y regresó hacia mí, tomando mis manos con firmeza. Sus ojos buscaban los míos, cargados de una mezcla de miedo y alivio.

​—Tomaré Artes Escénicas este semestre. He terminado con Filosofía —soltó. Con una sonrisa auténtica, de esas que lo iluminan por completo, se dibujó en su rostro.

​Sentí un vuelco en el corazón, una mezcla de orgullo y pánico.
​—¿Estás seguro? Tu padre te va a matar —susurré.

​—Sí, estoy seguro —dijo él, con una firmeza que me sorprendió—. Es momento de materializar mis sueños. Y sobre mi padre... bueno, no puede desheredarme. Mi abuelo dejó eso muy bien atado en el testamento.

​—Entonces... —dejé caer los hombros, liberando la tensión acumulada—¡A la mierda tu padre!

—¡Sí! ¡A la mierda mi padre! —repitió Steve.

​Reímos a carcajadas, abrazándonos mientras la noche caía sobre nosotros, envolviéndonos en un momento de complicidad absoluta.

Dalas

​Practicaba pases con Jake, Luke y Anthony. A pesar de estar concentrado en el juego, no podía dejar de pensar en esa chica. Era la primera vez que la veía. ¿Sería una estudiante de intercambio? Aunque su acento es tan americano como el mío...

​Mientras Jake lanzaba el balón, Luke intentó atraparlo torpemente. Anthony me dio el pase y, con un movimiento instintivo, anoté. Los tres celebramos entre risas, mientras Luke se lamentaba por su defensa mediocre. Al final, nos acercamos al banco para hidratarnos.

​Mientras bromeábamos sobre la fogata de bienvenida, el sonido de unos pasos se escuchó cerca de la entrada del campo.

​—Señor Brown, su hermana me dijo que aquí lo encontraría. Y no se equivocó —la voz del profesor Pémon sonó con un sarcasmo gélido.

​Sonreí, confuso y con un mal presentimiento.

​—Profesor... ¿A qué se debe su visita? —pregunté, sintiendo cómo el sudor frío empezaba a recorrerme la frente.

​—Usted sabe perfectamente a qué, señor Brown —sonrió con falsedad—. Si cree que pasará mi asignatura respondiendo a mis preguntas con un apuntador electrónico, déjeme decirle que nos veremos el próximo semestre.

​¿Me había atrapado? ¿Tan rápido? El pánico comenzó a subirme por la garganta.

​—Déjeme explicar... —intenté decir, pero me cortó en seco.

​—No se pase de listo conmigo. Necesita estudiar, Brown. Sin atajos, sin trucos. De lo contrario, no se graduará con su promoción. ¿He sido claro?

​Asentí, derrotado. Los chicos, al ver la escena, se quedaron en silencio, burlándose con la mirada. Los miré un segundo y bajaron la cabeza al instante.

​Maldición. No hay nada que deteste más que esa asignatura. ¿Ahora qué diablos se supone que haga?




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