—Y en exclusiva, tenemos con nosotros al joven heredero Damián Montiel, quien nos viene a compartir por primera vez la historia de su injusticia: como la heredera Amelia Catria Noix Moretti está ocultando la verdad al mundo y dejándolo de lado siendo el verdadero padre del hijo que espera. ¿Qué nos puedes decir al respecto como la víctima?
Segundos después de que el periodista desapareciera de escena, salió una imagen distinta, era Damián sentado en otra sala, luciendo terriblemente devastado. Su cara gritaba tristeza y los gritos conmocionados de la que parecía ser una audiencia simplemente alentaban aquel sentimiento de desamparo que exhibía. Contemplé incrédula lo que parecía ser una entrevista y quise vomitar.
—Yo solamente le pido a Amelia que deje de actuar de esta manera —de pronto, se giró y miró directamente a la cámara, con sus ojos rojos, señal de como aguantaba las lágrimas—. Si estás viendo esto, quiero pedirte una disculpa si alguna vez te fallé. O si Owen era mejor partido y más guapo que yo. No te pido nada más que me dejes ver a nuestro hijo, que sé que es mío, pues fui la primera persona en tu vida —dicho esto, se sonrojó—. Y si quedan dudas aún, te pido que hagamos una prueba de ADN, por favor, permíteme ser parte de su vida. Yo le amo tanto como tú.
Después de aquella lastimera declaración, los conductores comenzaron a atacarme por ser una mujer de corazón frío y pronto la audiencia se unió, abucheándome sin piedad. Sin embargo, las cosas no terminaron ahí, pues comenzaron a atacar a Owen, diciendo que solo era un oportunista que se quería quedar con mi fortuna. Sentí que estaba a punto de morir. Tanto Nora como Owen guardaron silencio a mi lado, ambos demasiado conmocionados con el escándalo. Sabía que debía ser aún más impactante para ellos debido a que no tenían idea de que era lo que estaba sucediendo, así que cerré los ojos maldiciendo para mis adentros y suspiré, pues tendría que darles una explicación. No obstante, no estaba preparada para hacerlo al mismo momento, así que mandé a mi criada fuera y después de verme con preocupación, asintió sin contradecirme y me quedé con mi futuro esposo en el cuarto.
—¿Entonces? ¿es verdad lo que dice ese hombre?
En verdad deseaba negarle las cosas, pues no quería que nadie me vinculara nuevamente con aquel bastardo, pero me había prometido jamás mentirle a Owen y pensaba cumplir mi palabra.
—Sí, es cierto.
—Ahora entiendo porque estabas escapando de él. Se nota que es una basura.
Al percibir lo poco interesado que estaba en el tema, dejé escapar el aire que estaba conteniendo y las comisuras de mi boca temblaron. Realmente quería acabar con todo eso lo antes posible, o las memorias de mi fallido matrimonio seguirían cazándome para siempre. Todavía tenía pesadillas con ello. Cada vez dormía menos, mientras los recuerdos me invadían de madrugada, unos donde Damián hacía mi vida un infierno, los empleados hablaban a mis espaldas y me saboteaban, las que creí mis “amigas” en el mundo social simplemente me hundieron y se pusieron de lado de Lucinda, pero sobre todo, la trágica muerte de mi hijo, una donde yo solamente le lloré en silencio, pues era la única verdaderamente devastada por su ausencia. Recordé la manera en que él llegaba oliendo a otras mujeres durante mi embarazo, como solía sonreír aparentando que nada sucedía entre nosotros, mientras ignoraba las miradas de compasión y diversión que los demás me brindaban. Había sido la orgullosa hija de la familia Noix, la cual no tenía nada más que su linaje para mantenerse de pie sin agachar la cabeza. Aún gritaba cuando todo lo que amé me fue arrebatado, sin ser capaz de controlar los espasmos y el sudor frío que me recorría.
—Tengo que hacer algo antes de que todo se salga de mi control —espeté apretando los labios en una fina línea.
Intenté incorporarme para solucionar aquel problema, pero antes de poder marcharme, Owen me tomó del brazo y me obligó a sentarme.
—Tranquilízate, toma aire y veremos la mejor forma de actuar.
Lo observé agradecida mientras pensaba en lo diferente que aquel hombre era de lo que yo había imaginado. Siempre creí que el mujeriego Owen Hudson no era más que una persona que no le importaba nada y solamente deseaba pasar tiempo gastando dinero en mujeres y lujos, pero al parecer, todo aquello estuvo equivocado desde el principio. Fue ahí que pude ver que todo eso sucedió luego de la muerte de sus abuelos y me confirmó otra vez lo importante que la familia resultaba para él. Dejé salir todo aquello que estaba conteniendo y apoyé mi cabeza en su hombro, puesto que desearía en realidad que el verdadero padre de mi hijo fuera un hombre tan gentil como él. Luego de que recuperé mi energía, llamé nuevamente a Nora y le pedí que averiguara específicamente quién había sido la persona que atestiguó en favor de Damián, pues dudaba que alguien se dignara a creerle sino tenía al menos un testigo. Medité nuevamente sobre los posibles traidores y no me quedaría de otra más que tenderles una trampa con ayuda de Dorothea, pues esto no podía quedarse impune.
—Vaya basura —solté en voz baja y el hombre a mi lado río.
—Parece que eres bastante dura, muñequita.
—Oh, no te gustaría comprobar eso —bufé.
Ambos nos miramos, retándonos a decir algo más que pudiéramos usar para refutar al otro, pero poco después sus ojos pasaron a mis labios y tuve un ligero malestar en mi entrepierna. Owen era demasiado atractivo que su aura parecía envolverme.