Eres mi salvación

23. Desastroso cumpleaños

Los días que siguieron a mi conversación con Owen fueron muy gratificantes. El dolor que sentía por mi pérdida no se desvanecía pero parecía que ya aprendía vivir con este. Me miré en el espejo de la habitación adolescente de mi esposo por primera vez en mucho tiempo y noté lo delgada que me encontraba. Grandes ojeras cubrían mi rostro y a simple vista relucía mi falta de hidratación en la piel, pues dejó aquel rastro saludable que solía caracterizarlo. Suspiré por los estragos que el duelo causó en mí y simplemente tomé el bonito jarrón de crema que traje conmigo. Comencé a maquillarme un poco para abandonar ese aspecto lúgubre y pensé en dar lo mejor de mí ese día.

Finalmente había llegado el tan esperado cumpleaños de Pris y estuvimos preparando todo para que fuera un completo éxito. Owen y su abuelo estuvieron bastante comprometidos con los preparativos, buscando las cosas que más le gustaban a ella para complacerla y que se sintiera la mujer más feliz del planeta. Me había divertido bastante ayudándoles a organizarlo y aunque no era mucho, ese tipo de cosas me hacían sentirme parte de su familia, lo que aliviaba un poco mi lastimado corazón.

Observé a través de la ventana la hermosa fila de globos rosas y amarillos que llenaban el patio donde colocaron las mesas y sillas, y todo parecía salido de un sueño quinceañero. Realmente Pris tenía el alma de una adolescente y ella parecía complacida con el hecho de que todo fuera en tonos vibrantes, pues decía que esos eran los más llenaban de vida los lugares.

—Te ves bastante linda —sonrió Owen recargado en la puerta.

Volteé a ver mí vestido beige nuevamente, el cual era ajustado del pecho pero holgado de la cintura para abajo. Tenía que reconocerme que lucía mejor que en mucho tiempo y estaba algo agradecida de que Owen estuviera apreciándolo. Fue entonces que me permití mirarle un poco y su traje estilo vaquero tampoco le quedaba nada mal. Se notaba a simple vista que aunque parecía sacado de unas temporadas atrás, todo eso era exclusivo y muy costoso. Owen era un hombre que poseía su propio sentido de la moda y estaba bastante orgulloso de este.

—Deberíamos apresurarnos antes de que Pris le ponga aquel extraño moño rosa a Trueno y este se enoje.

Owen río y negó con la cabeza. Días antes ella nos presentó la colección de listones y decoraciones que adquirió para los caballos, pues estaba decidida a que ahora que ella se le estaba cayendo el cabello y no podía peinarse de la manera deseada, esperaba que los que todavía contaban con esa bendición lo lucieran al máximo, pero Trueno casi pegó el grito en el cielo cuando quisieron adjuntarle aquel moño rosa de lentejuelas. Si el pobre caballo pudiera hablar, de seguro se habría negado rotundamente en cuanto miró a los demás verse como si acabaran de salir de una máquina de algodón de azúcar.

—Creo que tienes razón, es mejor que nos apresuremos.

Con Owen dándome la razón, partimos de inmediato al área principal a recibir a los invitados. Me encontraba muchísimo más nerviosa que cuando tenía que presentarme con la gente importante que asistía a las fiestas de mi familia, pero suponía que todo se debía a que realmente deseaba agradarles a los amigos y vecinos de Pris, pues no quería que pensaran que era una mala chica o demasiado fría. Algo que las personas decían demasiado de mí en mi vida pasada, era que Amelia Noix era una mujer sin sentimientos que podría vender el alma de su esposo e hijo por el bien de su apellido, cosa que jamás fue cierta pero de igual manera fue una imagen que nunca pude borrar.

—¡Oh, querida! Eres muchísimo más guapa que en el periódico. ¡Mike ven a ver a la chica! ¡es como toda una celebridad!

Me sonrojé al escuchar las palabras que la señora de vestido de lunares blancos me dijo. Sus arrugas denotaban la edad avanzada que debía tener, pero su energía y calidez me decían lo joven que su alma era y que en eso se parecía demasiado a la abuela de Owen. Pocos segundos después, su esposo, Mike el pastor, se acercó y me examinó de cerca, dedicándome una sonrisa amable.

—Es un gusto conocerle en persona, señorita. Quiero decir, señora.

—El placer es mío.

—Debo decir que ambos conocemos a Owen desde que era un pequeño y que en verdad nunca pensamos sentaría la cabeza tan pronto con una jovencita tan bonita, espero que a los dos les esté llendo muy bien en su matrimonio.

Por la breve mirada de compasión que la pareja me dedicó, supe que ya estaban enterados del accidente y mi desafortunado aborto. Mi sonrisa estuvo a punto de derrumbarse, pero Owen salió a mi rescate tomándome de la cintura y dedicando unas cuantas palabras a los invitados, haciendo que se despidieran y fueran a tomar sus respectivos asientos.

—Lamento eso —susurró en mi oído cuando caminamos hacia el área de bebidas.

—No te preocupes, sé que no lo hicieron con mala intención.

Y era verdad. Realmente no pensaba que ellos quisieran lastimarme, simplemente intentaban animar a una pobre chica recién casada que había perdido a su bebé y lo comprendía, pero eso no significaba que dejara de doler.

—Si algo como eso vuelve a suceder, solo llámame y vendré a intervenir, ¿de acuerdo?

Los ojos de Owen brillaban de preocupación y solo pude asentir. Este me dio un tierno beso en la mejilla y se puso manos a la obra. Yo volví a mi lugar en la entrada para recibir a los invitados, quienes optaron por hacer como si no supieran nada de los miles de escándalos que salieron a la luz acerca de Owen y de mí. Varias señoras con peinados similares entraron en conjunto y me abrazaron con efusividad, recalcándome hasta el cansancio lo afortunada que era por haber atrapado a tal semental y que ojalá ellas hubieran sido la mitad de listas que yo en su juventud. Comencé a reírme con sus ocurrencias y más por el hecho de que verdaderamente yo no enamoré a Owen, sino que terminamos juntos por razones bastante más particulares.




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