Eres Mía Aunque Me Ruegues Que No

Capitulo 8: Confirmación

La caja de la prueba de embarazo cayó al suelo sin ruido exagerado.

Un golpe seco, breve.
Pero en el silencio del apartamento sonó como una alarma.

Alma no se dio cuenta de inmediato. Estaba demasiado concentrada en respirar, en sostenerse. Fue Gael quien bajó la mirada primero.

Sus ojos se fijaron en el objeto blanco junto a sus zapatos.

No frunció el ceño.
No reaccionó con sorpresa.

Solo soltó la muñeca de Alma.

Ese gesto fue peor.

—¿Qué es eso? —preguntó.

Su voz era plana, sin emoción, como si ya supiera la respuesta y solo necesitara escucharla.

Alma siguió la dirección de su mirada y el estómago se le hundió. La prueba estaba ahí, expuesta, vulgar en su sencillez. Intentó agacharse, pero Gael fue más astuto. La recogió antes de que ella pudiera tocarla.

La sostuvo entre los dedos, observándola con calma clínica.

—¿Una prueba de embarazo? —dijo, leyendo la caja—. Interesante.

Alma negó con la cabeza, desesperada. Era como si hubiera visto un fantasma.

—No es lo que crees….dijo Alma.

Gael alzó la vista lentamente. Sus ojos volvieron a clavarse en ella, oscuros, atentos, sin rastro de rabia. Eso la asustó más que cualquier grito.

—No me digas qué pensar —respondió con arrogancia—.Dime por qué la tienes.

Ella abrió la boca, pero no salió nada. Las palabras se le quedaron atrapadas en la garganta, mezcladas con el miedo y la náusea.

Gael dejó la prueba sobre la mesa, colocándola con cuidado, como si fuera algo frágil… o peligroso.

—Estabas vomitando —continuó—. Te desmayaste. Saliste de madrugada. Y vuelves con esto—No soy estúpido, Alma.

Ella retrocedió hasta sentir la mesa contra la espalda. Lo peor del caso, es que no entendia como era posible que el supiera que hizo durante la tarde. Alma miro a su alrededor buscando alguna camara que pudiera estar vigilandola.

—Yo… no lo sé —susurró ella—. Solo necesitaba estar segura.

Gael la observó en silencio. No había prisa en él. No había urgencia. Era como si ya hubiera tomado control de la situación y ahora solo ajustara las piezas.

—¿Segura de qué? —preguntó.

Alma apretó los puños.

—De mi cuerpo. De lo que me está pasando.

Gael inclinó la cabeza apenas, evaluándola. Su mirada era la de alguien que no pierde detalles, que archiva cada gesto para usarlo después.

—Tu cuerpo también es parte de este matrimonio —dijo—. No tomas decisiones así sola.

La frase cayó pesada, definitiva.

Alma sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—No me pediste permiso para irte —añadió él—.Te fuiste sin siquiera darme una maldit@ explicacion—Sus ojos bajaron un instante al vientre de ella y luego regresaron a su rostro.—Y mucho menos para ocultarme algo así.

El aire se volvió denso. Alma tuvo que apoyarse con las manos en la mesa para no perder el equilibrio otra vez.

—Gael… —murmuró—, todavía no hay nada confirmado.

Él no respondió enseguida. Se limitó a tomar la prueba de nuevo y girarla entre los dedos.

—Entonces vamos a confirmarlo —dijo al fin—. Aquí. Ahora. Hazte la prueba.

No levantó la voz.
No la tocó.

Pero Alma entendió, con una certeza amarga, que ya no tenía elección.

Gael no necesitaba gritar para imponer su voluntad.
Su control era silencioso y frío.

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