Eres Mía Aunque Me Ruegues Que No

Capitulo 24: SOMBRAS DEL PASADO

Imagen de Story PinFOTO DE GAEL.

Gael avanzaba entre el tráfico con la mandíbula tensa, el alma apretada y el corazón golpeándole la caja torácica como si buscara escapar. Cada semáforo, cada esquina, cada segundo que pasaba, aumentaba la presión dentro de él. Sabía que estaba caminando sobre un suelo frágil… uno que podía quebrarse en cualquier momento.

Se detuvo frente a un barrio que no se parecía en nada a la vida que ahora intentaba construir. Edificios estrechos, paredes marcadas por grafitis, ventanas cubiertas por rejas oxidadas. Ese lugar olía a peligro… y a recuerdos.

Apagó la moto.

El silencio lo golpeó.

Lucía estaba cerca.

No sabía por qué, pero lo sintió.

Como si el aire cambiara cuando ella estaba.

Se quitó el casco lentamente. Sus ojos recorrieron la calle. Poca gente. Un perro ladrando a lo lejos. Una pareja discutiendo en una esquina. Y la sensación de que alguien lo observaba desde algún lugar.

Sus dedos se cerraron con fuerza.

—Lucía… —murmuró.

Entonces la vio.

Estaba parada al final de la acera, apoyada contra una pared, abrazándose el vientre como si fuera lo único que la mantenía en pie. Lleva una sudadera grande, capucha puesta, gafas oscuras, como si quisiera esconderse del mundo… o del destino.

Cuando lo vio, su cuerpo tembló.

No por miedo.
No por dolor.

Por alivio.

Gael caminó hacia ella sin quitarle la mirada.

Cada paso se sentía pesado.

Cada recuerdo, más incómodo.

Cada error, más real.

Cuando estuvo frente a ella, se quedaron en silencio. La tensión era tan grande que parecía que el aire estaba hecho de vidrio a punto de romperse.

Lucía fue la primera en hablar.

—Viniste…

Su voz sonó rota, débil, completamente alejada de la mujer arrogante que él recordaba.

Gael apretó la mandíbula.

— A que estas jugando.

Ella sonrió con tristeza.

—Ojalá estuviera jugando, Gael.

Se quitó lentamente las gafas.

Sus ojos estaban rojos.
No de cansancio.
No solo de llanto.

De miedo.

Y cuando bajó la capucha, él vio algo que lo dejó sin aire.

Un moretón en su pómulo.
La piel abierta justo debajo del labio.
Una expresión que gritaba dolor aunque intentara mantenerse firme.

—¿Quién te hizo eso? —soltó él de inmediato.

Lucía rió con amargura.

—Bienvenido al infierno que dejaste atrás.

Gael dio un paso hacia ella.

—No me vengas con rodeos. ¿Quién te golpeó?

Ella alzó la mirada, directo a sus ojos.

—Las mismas personas con las que tú trabajaste.

Boom.

Las palabras no fueron un sonido.

Fueron un impacto directo a su pecho.

Gael sintió que el pasado lo alcanzaba como una sombra que jamás desapareció del todo.

—Eso… ya no existe —respondió con rabia contenida—. Yo salí de eso. Se terminó.

Lucía negó lentamente.

—Tú saliste, sí. Pero nadie sale limpio, Gael. Y mucho menos… cuando se fue debiéndoles algo.

Él sintió frío.

—Yo no les debo nada.

Lucía alzó una ceja.

—Ellos no opinan lo mismo.

Se acercó.

Lo suficientemente cerca para que él pudiera sentir su respiración temblar.

—Y ahora se las quieren desquitar conmigo, esa gente no perdona, esa gente ahora me esta jodiendo a mi, cuando tu... fuiste el causante de todo esto, ahora los tres estamos en peligro, tu.. el bebe, y yo. nos desapareceran.

Gael sintió cómo su sangre empezaba a hervir.

—No voy a dejar que te toquen otra vez.

Lucía sonrió débilmente.

—Llegaste tarde a esa parte.

Él apretó los puños con fuerza.

—Dije… que no voy a dejar que te toquen otra vez.

Lucía lo miró.

No como mujer dolida.
No como amante del pasado.
No como problema.

Lo miró como alguien que se aferra a la única persona que puede salvarla.

Mientras tanto, lejos de allí, Alma caminaba por el apartamento, sintiendo el ambiente extraño… vacío… frío.

Gael no estaba.

Minutos antes, dijo que habia tomado una decision, por lo cual salio corriendo sin decir nada, a lo mejor estaria comprando algo para Alma, penso ella.

Y aunque ella había dicho que estaba cansada…
Aunque había jurado que no permitiría que la volviera a herir…
Aunque había intentado convencerse de que podía vivir sin él…

La realidad era otra.

Lo extrañaba.

Y ese pensamiento la irritó.

Se miró en el espejo del baño.

—No lo necesitas —se dijo a sí misma—. No más. El bebe nacera, trabajaras y saldras adelante.

Pero no sonó convincente.

Se apoyó en el lavamanos.
Respiró hondo.

Su cuerpo empezó a sentir de nuevo ese pequeño mareo que había tenido antes. El mundo se le inclinó un poco y tuvo que sujetarse.

—Tranquilo… pequeño… —murmuró, acariciando su vientre—. Estoy contigo. Yo estoy contigo…

Cerró los ojos.
Y sin quererlo…
pensó en Gael.

En cómo la había sostenido.
En cómo la había protegido.
En cómo, por un segundo, había sentido paz.

Y la odiaba.
Y lo amaba.
Y lo odiaba por seguir amándolo.

Cuando abrió los ojos de nuevo, se prometió una cosa:

Si Gael salía a destruir su mundo otra vez…
ella no iba a quedarse esperando sentada.

De vuelta con Gael y Lucía, los minutos pasaban pesados.

—Dime exactamente qué está pasando —ordenó él.

Lucía tragó saliva.

—Ellos creen… que tú todavía tienes algo que les pertenece.

Gael negó.

—Te dije que ya no…

—No estoy hablando de dinero —lo interrumpió ella—. Estoy hablando de información. Documentos. Contactos. Nombres.

Gael frunció el ceño.

—Eso lo destruí hace tiempo.

Lucía lo miró como si acabara de escuchar la mayor estupidez del mundo.

—Nadie destruye algo así, Gael. Y ellos lo saben.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.