Eres Mía Aunque Me Ruegues Que No

Capitulo 27: ALMA EN LA CALLE

Alma salió corriendo sin mirar atrás.

No pensó en sus pies descalzos, ni en el frío que quemaba su piel, ni en la noche que devoraba la ciudad. Solo quería huir. Alejarse de Gael, de su traición, de esa casa que alguna vez creyó refugio y que ahora entendía que siempre había sido una cárcel disfrazada de amor.

Sus lágrimas no eran silenciosas. Eran desgarradoras, rotas, como si cada sollozo arrancara un pedazo de su alma. Caminaba, corría, se detenía, volvía a correr. No sabía a dónde ir. No tenía hogar fuera de él. No tenía amigas que llamar. No tenía familia que la abrazara. No tenía a nadie.

Porque él se había encargado de eso.

Porque mientras la “protegía”, también la aislaba.

Porque su mundo se redujo a él… y ahora ese mundo estaba destruido.

Se detuvo en una esquina, bajo un poste de luz que parpadeaba constantemente, reflejando su estado interior.

Se dejó caer lentamente hasta quedar sentada en la acera, abrazándose a sí misma. Lloró. Lloró como nunca lo había hecho.

Y entonces la noche la apagó.

El cansancio la venció. El dolor la durmió. Y ahí quedó: una mujer embarazada, rota, sola, hecha un ovillo en una esquina de la ciudad que nunca había sido tan cruel.

El mundo despertó.

Y con él, la crudeza de la mañana.

Un golpe en la pierna la sacudió.

—¡Levántate! —gruñó una voz seca, ronca, dura por la supervivencia.

Alma despertó sobresaltada justo cuando otra patada impactó contra su costado. Gimió de dolor, llevándose la mano al abdomen por reflejo.

—¡Dije que te levantes! —repitió el hombre.

Era un vagabundo. Ropa vieja, rostro endurecido, mirada áspera. El tipo de persona que la vida ya había golpeado tanto que él no sabía ser suave.

Alma parpadeó varias veces intentando entender dónde estaba. El corazón se le aceleró. Sentía frío, hambre, cansancio, y un dolor punzante en el pecho.

—Lo siento… —murmuró apenas audible—. Yo solo… no tenía dónde…

—Ese es mi lugar —escupió él con rabia—. Aquí duermo yo. Vete.

Ella miró alrededor. La ciudad estaba despierta. Autos circulando, gente caminando apresurada, miradas curiosas que se clavaban en su miseria… para luego apartarse como si ella fuera una mancha incómoda en el paisaje.

Nadie se acercó.
Nadie preguntó si estaba bien.
Nadie la ayudó.

Era invisible para el mundo.

Intentó levantarse, pero el cuerpo le pesaba demasiado. Le temblaron las piernas, tuvo que apoyarse en la pared para no caer.

—Por favor… dame un segundo… —suplicó.

—Te dije que te largues —gruñó él, pero esta vez no la pateó. Solo la miró con fastidio, como si su dolor fuera una molestia más en su miserable rutina.

Alma respiró hondo, obligándose a mantenerse firme. Apretó los labios para no llorar otra vez. Se abrazó el vientre, acariciándolo como si pidiera perdón por exponerlo a esa realidad.

Y caminó.

Cada paso ardía. Sus pies estaban sucios, marcados, heridos. La gente la miraba como si fuera basura. Como si el simple hecho de verla fuera incómodo.

Y aun así siguió.

Porque quedarse ahí significaba rendirse.

Y no podía hacerlo.

No ahora.

Muy lejos de ahí, la desesperación tenía nombre:

Gael.

La casa estaba hecha un infierno. Cajones abiertos. Puertas golpeadas. La camisa con el labial tirada en el piso, manchada no solo de pintura… sino de la culpa que lo estaba destrozando.

—Alma… —murmuraba una y otra vez, como si repetir su nombre pudiera traerla de vuelta.

Y mientras más pasaba el tiempo, más crecía dentro de él un miedo distinto al de perderla por traición.

Era un miedo más oscuro.

Un miedo real.

Porque ella no sabía en lo que estaba metido. No sabía lo que realmente estaba pasando detrás de ese “beso”. No sabía que su silencio no era cobardía.

Era protección.

O al menos… eso intentaba serlo.

Y ahora Alma estaba sola, vulnerable… exactamente en el peor momento.

—Por favor, que no te pase nada —susurró, llevando una mano al rostro, sintiendo la desesperación consumirlo.

Entonces su celular vibró.

Un mensaje de un numero desconocido.

Una frase que heló su sangre.

"Bonita noche para perder algo que amas, ¿no, Gael?"




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