Eres Mía Nena!!

CAPITULO 41

DANNA

Después que Liam se retiró volví a llorar, me sentía muy mal, me invadió la tristeza y el dolor. Mi madre tuvo que llamar a una enfermera para que me suministrara un calmante porque sentía que mi cabeza iba a explotar. Mi padre y yo a pesar de los problemas que tuvimos éramos unidos, siempre fui su princesa.

Me sentía tan feliz de volver a verlos después de mucho tiempo y lo mejor era que conocería a su primer nieto en persona; por fin tendría a toda mi familia reunida, sin embargo, ese accidente acabo con la vida de mi padre.

Luego de varias horas desperté más tranquila, mi madre me contó que al siguiente día podía irme a casa, me hacía muy feliz la noticia porque iba a poder ver a mi pequeño que extraño tanto. Muy a mi pesar le envié un mensaje a Liam para que fuera a buscarme. Debíamos darle el último adiós a mi padre y debía estar mejor.

Después de llegar a casa y ver a mi bebe sentí que el alma volvió a mi cuerpo, mi bebé tan pequeño e indefenso iba a vivir sin su madre, no me recordaría y crecería a lo mejor con una madrastra o con su abuela.

El momento más difícil en mi vida había llegado, enterrar a un ser querido nunca es bueno, sacar fuerzas donde no existen y tratar de estar de pie es horrible porque en ese instante lo único que yo quería era estar con mi padre, abrazarlo y decirle que nos fuéramos para la casa porque todo era un triste sueño y debíamos despertar.

Las veces que veía a Liam estaba contemplándome como un tonto, yo cada vez que miro su rostro recuerdo mi accidente y me lleno de ira, dolor y frustración. Yo estaba hecha un mal de lágrimas al ver como bajaban el ataúd y lo tapaban con tierra y flores; Liam al verme tan vulnerable me abrazo con tantas fuerzas que me deshice entre sus brazos.

Yo no podía hablar, solo llorar; me tuvieron que medicar porque mi presión estaba muy alta. Me llevaron a un salón para que descansara hasta que todo terminara para luego dirigirnos a casa.

***

Ya han pasado tres meses desde mi accidente y muerte de mi padre, las cosas en mi casa están muy mal, ya puedo caminar y poco a poco me estoy reintegrando a mi vida. En unos días me voy con mi madre a New York, necesito poner distancia y aclarar mi mente.

Mery me pidió que la dejara acompañarnos, ella dice que se siente más segura si nos cuida, sé que es por estar apegada a su nieto y no es para menos, mi bebe esta hecho una ternurita, es igual a su padre de pequeño.

Le pedí a Thomas y a Alina que nos acompañaran a cenar todos juntos en casa como una despedida. Aun no sabía el tiempo que me tomaría regresar, debo sanar y perdonar. Yo no puedo seguir llena de rencor porque no es bueno para mí y menos para mi niño. Sé que Liam no es culpable y que a veces quiero cobrarle a él todo lo que ha pasado, soy consciente que he sido injusta con el único hombre que me ha amado incondicionalmente y que me regala todos los días amor sin esperar nada a cambio.

Esa noche, mientras terminaba de organizar la maleta de mi hijo, Liam entró en la habitación. Sus pasos eran cautelosos, como si tuviera miedo de romper el frágil silencio que se había instalado entre nosotros. Lo observé por el reflejo del espejo; se veía cansado, con esas ojeras que delataban sus noches en vela cuidándonos desde la sombra.

—Danna... —susurró mi nombre con una ternura que me dolió en el pecho—. Solo quería asegurarme de que no te falta nada para el viaje. La seguridad ya tiene las rutas coordinadas hasta el aeropuerto.

Me di la vuelta y, por primera vez en tres meses, no aparté la mirada. No hubo "cara de perro", ni frialdad. Solo un vacío inmenso que pedía ser llenado.

—Gracias, Liam —respondí con la voz apenas audible—. Por todo. Por no rendirte conmigo cuando ni yo misma me soportaba.

Él se quedó estático, sorprendido por mi cambio de tono. Dio un paso hacia mí, pero se detuvo, respetando ese espacio invisible que yo misma había dibujado. En sus ojos vi una chispa de alivio, pero también una tristeza profunda por mi partida.

—Te esperaré el tiempo que sea necesario —dijo con firmeza—. Sanar no tiene horario, Nena. Ve, busca tu paz, y cuando estés lista para volver a armar nuestro rompecabezas, aquí estaré.

Un nudo se instaló en mi garganta. Quise correr a sus brazos, pedirle que viniera con nosotros, pero sabía que Nueva York era el retiro que mi alma necesitaba para perdonarme a mí misma antes de poder amarlo a él como se merece.

Me acerqué a él, acortando la distancia, y posé mi mano suavemente sobre su mejilla. Liam cerró los ojos, inclinándose hacia mi toque como un náufrago que encuentra tierra firme. No hubo beso, solo esa conexión silenciosa que valía más que mil promesas.

Mañana vería los rascacielos de una ciudad extraña, pero al cerrar los ojos esa noche, supe que mi verdadero hogar no era un lugar, sino el hombre que me dejaba ir para que pudiera encontrar el camino de regreso. La pesadilla de Yennifer seguía ahí fuera, pero por primera vez en mucho tiempo, el miedo no era lo único que sentía.

Había esperanza. Y quizás, solo quizás, esta sinfonía de dolor estaba por encontrar sus notas finales para dar paso a una melodía nueva y contar conque pronto podamos ser felices.



#4608 en Novela romántica

En el texto hay: pasion, amor, amor primero

Editado: 15.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.