Eres Mía Nena!!

CAPITULO 42

LIAM

Ver el auto alejarse hacia el aeropuerto fue como si me arrancaran los pulmones. Mi madre iba con ellas; se había empeñado en no despegarse de su nieto y de Danna, y aunque me dolía quedarme en una casa vacía, me sentía aliviado. Nueva York era el refugio que necesitaban. Pero para que ese refugio fuera permanente, yo tenía que terminar el trabajo aquí.

—¿Están en posición? —pregunté por el manos libres mientras conducía hacia la zona industrial en las afueras.

—Estamos listos, Liam. Solo mantén la calma —la voz del comandante William sonaba metálica pero segura—. Si la información de Thomas es correcta, ella no espera que sepamos su ubicación exacta.

Yennifer siempre fue predecible en su arrogancia. Había intentado contactarme esa mañana, un mensaje breve y cargado de veneno: “Si quieres que dejen de morir los que amas, ven a despedirte”. Creía que me tenía acorralado, que mi desesperación me haría ir solo. No sabía que mi desesperación se había convertido en una estrategia fría y letal.

Llegué al almacén abandonado. El olor a humedad y hierro oxidado impregnaba el aire. Entré con pasos firmes, dejando que mis zapatos resonaran en el concreto. Ella estaba allí, de pie entre las sombras de unas vigas viejas, luciendo una sonrisa que ya no me provocaba más que náuseas.

—Viniste —dijo ella, su voz con un eco fantasmal—. Sabía que no dejarías que nada más le pasara a tu preciosa Danna. ¿Ya se fue? ¿De verdad crees que la distancia la salvará de mí?

—Se acabó, Yennifer —dije, deteniéndome a unos metros. Mi corazón latía con fuerza, pero no por miedo, sino por la furia contenida de tantos meses de angustia.

—Se acabará cuando yo lo diga —sacó un arma, pero su mano temblaba ligeramente. La locura había consumido cualquier rastro de la mujer que alguna vez creí conocer—. Si no vas a ser mío, no serás de nadie. Me quitaste todo, Liam. Me quitaste mi lugar a tu lado.

—Tú te quitaste todo sola —respondí con voz gélida—. El accidente, la muerte de Joseph... vas a pagar por cada lágrima de Danna.

Ella soltó una carcajada estridente y apretó el gatillo. El sonido fue ensordecedor, pero yo ya me había lanzado tras una columna metálica. Fue la señal.

—¡Policía! ¡Suelte el arma! —el grito de William resonó desde tres puntos distintos.

Las luces de las linternas tácticas cortaron la oscuridad, cegándola. Yennifer, presa del pánico, disparó a ciegas, pero los oficiales fueron más rápidos. En cuestión de segundos, la tenían en el suelo, desarmada y esposada. Sus gritos de odio llenaron el lugar mientras la arrastraban hacia la salida.

Me quedé allí, apoyado contra el metal frío, cerrando los ojos. Por fin. El aire volvía a mis pulmones. El peso que cargaba sobre los hombros desde el día del accidente pareció evaporarse con el sonido de las sirenas alejándose.

Saqué mi teléfono y marqué el número de Thomas.

—Se acabó, Thomas —dije, y mi voz se quebró por primera vez—. Está bajo custodia. Avísale a Alina. Avísale a... avísale a Danna que ya puede dormir tranquila.

***

Seis meses después.

La casa ya no olía a hospital ni a tristeza. Ahora olía a cera de muebles nuevos y a las flores que Alina traía cada mañana. Thomas y ella se habían convertido en los cómplices oficiales de mi nueva misión.

Por fin nos habían entregado la nueva casa con un enorme jardín para que nuestro futuro equipo de baseball juegue. La casa esta decorada como a mi Nena le gusta, Alina ha sido de mucha ayuda.

—Liam, si vuelves a mover ese arreglo de mesa, te juro que te saco de la lista de invitados de tu propia boda —bromeó Alina, entrando al estudio con una carpeta llena de muestras de tela.

—Solo quiero que sea perfecto, Alina —me defendí, levantando las manos—. Danna vuelve de Nueva York en tres días y quiero que todo esté listo para cuando vea el jardín.

Thomas entró detrás de ella, revisando una lista en su tablet.

—Relájate, amigo. La orquesta está confirmada y el juez también. Danna ha estado trabajando con Alina por videollamada todas las semanas. Ella sabe lo que quiere, y lo que quiere es caminar hacia ti sin muletas, sin miedos y sin fantasmas.

Sonreí, mirando la foto de Danna y nuestro hijo que descansaba sobre mi escritorio. En sus últimas llamadas, su voz ya no tenía ese rastro de dolor; ahora era brillante, llena de planes y de un perdón que nos había devuelto la vida.

Yennifer era un recuerdo encerrado tras las rejas de una prisión psiquiátrica. El funeral de Joseph era una cicatriz que nos recordaba lo frágil de la vida. Pero la boda... la boda era nuestro nuevo comienzo.

—Gracias, de verdad —les dije a ambos.

—No nos agradezcas —dijo Thomas, poniéndome una mano en el hombro—. Solo prepárate, porque después de todo lo que han pasado, esa ceremonia va a ser la sinfonía más hermosa que hayamos escuchado jamás.

Esa noche teníamos una cena por todo lo alto, los amigos volvemos a juntarnos. Vamos a pasar una noche de copas, cuentos y risas. Hace mucho tiempo que no estamos la pandilla reunida.

—¿Alina, está todo listo para esta noche? —pregunte con gran entusiasmo. Había hablado con Carlos en horas de la mañana, el y Felipe quedaron de recoger a Dylan para llegar todos juntos a casa.



#4608 en Novela romántica

En el texto hay: pasion, amor, amor primero

Editado: 15.04.2026

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