Eres nuestra madre

CAPÍTULO 11

CAPÍTULO 11

Hace 7 años

Jelena

Me encontraba en mi noveno mes de embarazo, en los últimos meses no ha pasado nada interesante, más allá de las benditas nauseas que he tenido y los antojos que me dan y los cuales papá Morgan está dispuesto a satisfacer pues pareciera que ser papá es lo que más quería y ya se imaginarán cómo se puso al enterarse que no iba a ser papá de un solo bebé sino de dos, él no lo podía creer, por lo que me han contado, jamás ha sido un hombre de sonreír mucho pero esos días vaya que lo hizo, pues de Chloé no sé qué decir, jamás venía a verme ni preguntaba cómo estaban los niños, pero asocié eso con lo que se dice sobre la razón por la que Lucas se casó con ella y es que se rumorea que era porque Chloé estaba embarazada pero perdió al bebé, entonces yo comprendía eso, me dije a mí misma que a lo mejor era por eso que ella no se mostraba interesada, pues tener que ver como otra mujer carga a aquellos bebés que se supone debías llevar tú ha de ser duro, así que aguanté, hasta que me di cuenta que la muy desgraciada me intentaba hacer la vida imposible, dado a que una vez me intentó esconder unas joyas en mi dormitorio, sí, al estilo novela latina, pero por suerte yo había puesto cámaras en mi cuarto pues porque ya saben:

“Mujer prevenida vale por dos”

Así que cuando me di cuenta de que había sido ella, les mostré el video a ella y a Lucas, a lo que ella hizo un drama que placía tirarla por la ventana para hacerla callar, se excusó de que por la pérdida del bebé sentía celos y temía que yo le quitara a su esposo y a sus hijos. Excuse me, yo jamás haría eso, sabía a lo que venía a hacer, era un intercambio: hijos por dinero, suena feo pero así era, era lo que me mantenía fuerte, era lo que no me permitía encariñarme, era lo mejor.

Mi madre estaba recibiendo el tratamiento para curarse así que eso me mantenía feliz, me mantenía fuerte.

***

Una noche tenía ganas de una taza de café pero en esta casa estaba prohibido.

«Malditos psicópatas, ¿quién putas prohíbe el café?», me pregunto a mí misma.

«Los Morgan, cariño», me responde mi subconsciente.

«Pues malditos sean los Morgan»

«Recuerda que llevas dos Morgan en tu vientre»

«Mierda, es cierto»

Termino mi conversación con mi subconsciente y me dirijo a la cocina donde busco el café que Carmen me ha traído de contrabando después de rogarle que me lo consiguiera así que ahí estoy yo preparándome un delicioso café, hasta que escucho una voz detrás de mí.

—¿Intenta matar a mis hijos? —Me giro al instante—.

Hijo de las tres mil hijueputas, Lucas me ha hecho asustar y el muy desgraciado me mira con una sonrisa en los labios.

—Eso debería preguntarse usted que me ha hecho pegar un brinco del susto.

—Lo siento, esa no era mi intención.

—Si, si, como diga ¿Gusta una taza de café?

—No me gusta, además no debería beber café, le puede traer consecuencias en su salud en el futuro.

—No me importa, una taza de café siempre sienta bien.

—Jelena.

—¿Sí?

—¿Qué piensa hacer después de que el embarazo termine?

—Regresar a Nueva York, terminar mi carrera y de ahí quien sabe.

—También hay buenas universidades aquí en Los Ángeles por si te gustaría quedarte.

Sabía a donde iba esto, y no me gustaba, bueno, sobre todo no podía, si yo me quedaba esto iba salir mal, cualquier cosa, sea lo que sea que se hubiese formado entre Lucas y yo, iba a terminar mal.

—No —dije simplemente—.

—No te estoy diciendo que lo decidas ahora, solo te lo digo para que lo pienses.

—Ya lo pensé y la respuesta es no.

—¿Por qué no?

—Porque el contrato dice claramente que debo mantenerme lejos.

—Eso se puede arreglar, se podría…—Lo interrumpí—.

—¡No! No quiero ¿ok? ¡Estás siendo egoísta!

—¿Estoy siendo egoísta?

—Sí así es, ¿no te das cuenta que eso estaría mal? Estás casado, y estos niños que llevo en mi vientre —señalé mi barriga mientras las lágrimas comenzaban a salir—. Estos niños no son míos. ¿Qué hay de Chloé? Ella no me quiere cerca y sé que tú me estás diciendo esto sin consultárselo a ella. Eres egoísta porque lo quieres tener todo sin importarte si hieres a los demás.

—Jelena eso no es lo que quise decir…

Sus palabras se vieron interrumpidas porque mi teléfono que había dejado en el mesón sonó así que contesté, desearía no haberlo hecho.

—¿Sí?

—¿Me comunico con la señorita Jelena Guerrero?

—Así es, ¿qué se le ofrece?

—Me comunico del Hospital Union.

¿Has visto eso en las películas cuando alguien contesta su celular y todo parece ir más lento? Pues eso era exactamente lo que me estaba pasando a mí en ese instante. Podía escuchar a mi corazón latir eufóricamente, a mi subconsciente pidiéndome que cuelgue porque intuía que nada bueno iba a salir de la boca de la persona que estaba del otro lado del teléfono y yo sabía, sabía que esa llamada tenía que ver con mi mamá, y con la muerte de esta.




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