Salí de la ciudad por una semana, me sentía agotada, físicamente y emocionalmente. Trabajaba en una de las empresas de mi padre como ejecutiva general, era buena en lo que hacía.
Desde que había terminado la carrera de contabilidad en la Universidad Manhattan, ya tenía el puesto esperándome, sentía mucha presión por parte de mi padre, por mientras que mis hermanos llevaban la vida viajando de país en país.
Frente a todos yo era la más fuerte, la más dedicada y llevaba mi trabajo muy en serio.
Ante la competencia nadie podía conmigo y eso hacia enojar a muchos, principalmente a uno de los grandes rivales de mi padre, Gregory Reillers.
Ya había tenido un par de encuentros con él, jamás fueron amistosos, directamente no nos podíamos ver, siempre terminábamos en choques de palabras.
Me fui a la casa de campo de mi familia que quedaba en Wallace, Idaho. Era una casa grande, hasta cuando venía mi familia seguía siendo enorme para todos nosotros. Aunque no viniéramos mucho, ya que mi padre prefería estar dentro de una oficina las 24hs del día, muchas veces se olvidaba de nuestros cumpleaños, se olvidaba del aniversario con mi madre por viajar demasiado, hacían cuarenta años de casados.
Me encontraba sentada en el sofá con una taza de café y con la estufa prendida, al parecer iba a llover, me gustaba cuando llovía, sentir el olor a la tierra mojada, las gotas cayendo en el techo, era una de las cosas que más me relajaba. Sumergirme en mis libros cuando me daba tiempo de leer o ir al teatro, sola. Me gustaba mi soledad, no tenía novio ni hijos, tampoco estaba pensando tenerlos.
No era la más bonita de mi familia, pero tampoco me consideraba fea, tengo el pelo castaño, igual que mis ojos, mido aproximadamente 1,60 lo que más se me destacaba era el gran tamaño de mis nalgas, lo que tenía de nalgas me faltaba de tetas, pero eso no era algo que me preocupaba, me sentía bien con mi cuerpo.
No le había avisado a nadie que iba salir de la ciudad por unos días, era algo inusual de mi parte. Pero sabía que no iba a demorar mucho para que mi padre sede cuenta de mi ausencia y me llamara.
Por eso decidí apagar mi teléfono, para que nadie se intentara comunicar conmigo en estos días, y lo que sucediera en la empresa podría esperar hasta que yo llegara.
Necesitaba estos días para poder recuperarme de nuevo, solo dios sabría cuando iba a poder escaparme de nuevo.
Había mandado a la cocinera para su casa y la que se encargaba de la casa también, quería estar sola, me haría algo rápido para comer y me acostaría.
Al otro día me levantaría y recorrería el rancho, para ver cómo estaban los caballos.
Subí para mi habitación ya eran casi la 1 de la mañana, agarré mi libro favorito que estaba en mi mesa de luz.
Se trataba de un amor prohibido entre dos jóvenes que se habían conocido en una fiesta, ella era de una familia rica y el de una familia de trabajadores, el padre de ella no le permitía salir con él, por su estatus social, de lo que dirían sus colegas.
Siempre había querido saber quién era el autor del libro, pero al parecer le gustaba el anonimato.
En la mitad de la hoja me dormí profundamente con el libro arriba de mi pecho.
Cerca de las 4 de la madrugada me despierto y lo dejo arriba de la mesa de luz nuevamente, me di vuelta y me volví a dormir.
Al otro día cuando me levante, me fui directo al baño para poder darme una ducha con agua caliente, deje que el agua recorriera mi cuerpo.
Salí del baño, en vuelta a una toalla, abrí las puertas de mi ropero y me fije para ponerme unos vaqueros azules, y una remera blanca, en los pies me puse mis pantuflas y baje hasta la cocina para prepárame un café doble con leche, agarre una tostada y me puse mermelada.
Caminé hasta la puerta y hacia un día maravilloso, el sol estaba radiante, me senté en una de las sillas que estaban en el porche.
Mire hacia el campo y ya estaba el chico que cuidaba a los caballos, me miro y le hice una seña con la mano un gesto de saludo. Estuve sentada allí por un buen rato mirando el campo y lo bello que era.
Después de terminar el café, volví adentro a dejar mi taza, subiría a mi habitación a ponerme unas botas para poder montarme en mi yegua. Estaba montada en Lili, vi el árbol que desde pequeña venía con Samantha.
Años antes....
Corre Samantha estamos a punto de llegar- Le dije corriendo hasta el árbol
Espérame Hellena- Llego justo a mi lado, riéndose
Oye Samantha, viste el chico nuevo del colegio, está muy guapo- Dije entre risa
No es mi tipo Hellena-Dijo con la mirada fija en un punto del campo
¿Y cuál es tu tipo Sam? -Pregunte curiosa
Ninguno -Dijo sin mas
¿Porque? -Nuevamente pregunte
¿Segura que quieres saberlo? -Me pregunto
Claro Sam-Dije mirándola con cariño
Porque me gustas tú Hellena -Dijo sin mirarme
Sam, tu sabes que no me gustan las chicas. Pero somos mejores amigas y siempre lo vamos a ser -Dije tomándola de la mano
Está todo bien -Se levantó y se fue sin mirar atrás
Actualmente
Después de ese día jamás la volví a ver, la llame, fui hasta su casa, pero no estaba se había ido a vivir con su tía en otro estado. Me había sentido culpable por mucho tiempo por la partida de Sam, era mi mejor amiga no había querido que las cosas terminaran así.
Aquel árbol me traía lindos y malos recuerdos, ella sería la única que me podría haber entendido actualmente
pero ya no está.
Me quede allí horas y horas mirando el cielo. Ya estaba quedando oscuro, me subí a Lili y me fui para la casa, llegando me di una ducha caliente y baje a prender el fuego, más tarde me prepararía algo para comer...
La semana ya había pasado, me encontraba sentada en mi oficina cuando alguien golpeo mi puerta.
Pasé-Dije levantando la vista
Señorita Hellena, usted tiene una reunión marcada ahora para las 10 de la mañana-Me hablaba mi secretaria
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Editado: 14.03.2026