Error

No soy Mae, soy Ada

Ada salió del baño con las manos heladas. Intentaba controlar el temblor de sus piernas, pero era imposible. Dos hombres armados la esperaban al otro lado de la puerta. Sin decir una sola palabra, comenzaron a caminar por un largo pasillo iluminado por luces blancas. Todo el lugar era demasiado elegante para ser una prisión. Las paredes estaban impecables, el piso brillaba como si acabaran de pulirlo y las cámaras de seguridad seguían cada uno de sus movimientos. Ada bajó la mirada. Sabía que escapar en ese momento era imposible.
Al llegar al final del pasillo, uno de los hombres abrió una enorme puerta de madera.
—Adelante.
Ada respiró profundamente y entró.
La habitación era completamente diferente al resto del edificio. Los muebles eran antiguos, las paredes estaban cubiertas por estanterías repletas de libros y, junto a una enorme ventana, había un escritorio de madera oscura. Todo desprendía un aire de elegancia y poder.
Frente a la ventana permanecía de pie un anciano de cabello completamente blanco. Vestía un elegante traje negro y sostenía un bastón de madera con un mango plateado. A pesar de su edad, su postura era firme y transmitía una autoridad imposible de ignorar.
El hombre giró lentamente al escuchar la puerta.
Sus ojos se clavaron en Ada.
Por un instante sonrió.
—Querida Mae...
Ada sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.
El anciano caminó lentamente hasta quedar frente a ella y tomó una de sus manos con una delicadeza que la desconcertó.
—Qué alegría volver a verte.
Ada retiró la mano de inmediato.
—Yo... creo que usted me está confundiendo.
El anciano no pareció escucharla.
—Déjennos solos.
Los guardias obedecieron sin hacer preguntas. La puerta se cerró y el silencio invadió la habitación.
Ada comenzó a retroceder lentamente.
El hombre volvió a sonreír.
—No tengas miedo, Mae. Jamás permitiría que alguien te hiciera daño. Sabes perfectamente que siempre te he considerado como una hija.
Aquellas palabras hicieron que Ada frunciera el ceño.
—Si de verdad me considerara su hija, no me tendría encerrada aquí.
El anciano soltó una pequeña risa.
—Sigues siendo tan orgullosa...
—¡No soy Mae! —exclamó Ada al borde del llanto—. Mi nombre es Ada. Soy maestra de primaria. Nunca he trabajado para usted. Nunca he sido espía. Solo quiero volver a mi casa.
El hombre permaneció unos segundos en silencio observándola.
Después negó lentamente con la cabeza.
—Has cambiado de identidad muchas veces. Comprendo que quieras seguir interpretando tu papel, pero conmigo no es necesario. Conozco cada una de tus expresiones. Tu forma de caminar, de hablar, incluso la manera en la que aprietas los labios cuando estás nerviosa. No puedes engañarme.
Ada sintió que la desesperación volvía a apoderarse de ella.
—¡Escúcheme! Nunca he salido del país. Jamás he estado en Italia, ni en Alemania, ni en India. No sé quién es Mae, pero no soy ella.
El anciano suspiró.
Por primera vez, una sombra de preocupación cruzó su rostro.
—Entiendo que aún estés afectada por lo que ocurrió con Juan. Nadie debería pasar por algo así. Créeme, ya me encargué de castigarlo.
Ada abrió los ojos con confusión.
—¿Juan?
—Sí.
El hombre caminó hasta su escritorio y apoyó ambas manos sobre la madera.
—Sé lo que intentó hacerte.
Ada no entendía absolutamente nada.
¿Quién era Juan?
¿Por qué aquel hombre hablaba con tanta seguridad?
¿Por qué estaba convencido de que ella era otra persona?
El anciano volvió a mirarla.
—He decidido que hables con él.
Ada dio un paso hacia atrás.
—No... yo no...
—Tal vez eso te ayude a dejar atrás todo este resentimiento.
Sin esperar respuesta, presionó un pequeño botón oculto bajo el escritorio.
La puerta volvió a abrirse.
—Háganlo pasar.
Los pasos resonaron lentamente sobre el piso de madera.
Ada levantó la mirada.
Un hombre alto, de complexión atlética y expresión arrogante entró en la habitación. Al verla sonrió de una forma que hizo que un escalofrío le recorriera la espalda.
Había algo en esa sonrisa que le decía que aquel hombre era peligroso.
Muy peligroso.
—Así que... por fin decidiste regresar, Mae...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.