Juan cerró la puerta detrás de él sin apartar la vista de Ada. Caminó con una tranquilidad inquietante, como si aquella habitación le perteneciera. Llevaba las manos en los bolsillos y una sonrisa burlona dibujada en el rostro. Ada sintió un nudo en el estómago. No sabía quién era ese hombre, pero bastó con verlo para comprender que no quería estar cerca de él.
El señor Z tomó su bastón y caminó hacia la salida.
—Hablaré con ustedes más tarde. Estoy seguro de que podrán resolver sus diferencias.
La puerta se cerró.
Ada y Juan quedaron completamente solos.
El silencio era tan pesado que podía escucharse el sonido del reloj colgado en la pared.
Juan dio un paso hacia ella.
—Así que... ¿sigues enfadada conmigo?
Ada no respondió.
Retrocedió lentamente.
—No sé quién es usted.
Él soltó una pequeña risa.
—Vamos, Mae... puedes fingir delante del viejo todo lo que quieras, pero conmigo no hace falta.
—Le estoy diciendo la verdad. Yo no soy Mae.
—¿No?
Juan arqueó una ceja y volvió a acercarse.
—Entonces explícame cómo conseguiste copiar hasta el más mínimo detalle de su rostro.
Ada comenzó a respirar con dificultad.
—Porque... porque no sé de qué está hablando.
Juan la observó durante unos segundos y luego negó con la cabeza.
—Siempre fuiste una excelente actriz.
Aquellas palabras hicieron que Ada sintiera aún más miedo.
No había forma de convencerlos.
Todos estaban absolutamente seguros de que ella era otra persona.
Juan acortó nuevamente la distancia entre ambos.
—¿Sabes? Pensé que después de escapar te costaría más volver. No imaginé que terminarías regresando por tu propia cuenta.
—¡No regresé a ningún lugar!
—Sigues mintiendo.
Ada ya tenía la espalda pegada contra la pared.
No podía seguir retrocediendo.
Juan levantó lentamente una mano y acarició uno de sus mechones de cabello.
Ella apartó el rostro con desagrado.
—No me toque.
—Sigues teniendo el mismo carácter...
Su mano descendió lentamente hasta rozar su mejilla.
Ada sintió un escalofrío.
—Le dije que no me toque.
Juan sonrió.
—¿Todavía me odias por aquella noche?
Ada frunció el ceño.
No entendía nada de lo que estaba diciendo.
Pero una cosa sí comprendía.
Ese hombre estaba completamente convencido de que ella era Mae.
Y, por la forma en que hablaba, era evidente que entre ellos había ocurrido algo terrible.
Juan volvió a acercarse.
—No sabes cuánto tiempo esperé para volver a tenerte frente a mí.
Ada reaccionó de inmediato.
Lo empujó con todas sus fuerzas.
—¡Aléjese!
Juan apenas dio un paso hacia atrás.
Después volvió a sonreír.
—Así me gustas...
Antes de que pudiera acercarse otra vez, Ada tomó el florero que descansaba sobre una mesa y lo sostuvo con ambas manos.
—¡No dé un paso más!
—¿Vas a golpearme?
Él avanzó sin miedo.
—Sabes que nunca fuiste capaz de...
¡CRASH!
El florero se hizo añicos contra su cabeza.
Juan cayó de rodillas llevándose una mano a la frente.
La sangre comenzó a escurrir entre sus dedos.
Ada respiraba agitadamente.
Jamás había golpeado a alguien.
Pero no se arrepentía.
No después de la expresión que había visto en el rostro de aquel hombre.
Aprovechando que seguía aturdido, corrió hacia la ventana.
La abrió de golpe.
El viento golpeó su rostro.
Miró hacia abajo.
Era una caída demasiado alta.
Podía morir.
Pero quedarse allí también significaba morir.
—Perdóname, Dios...
Tomó impulso.
Cerró los ojos.
Y se lanzó.
Una mano sujetó con fuerza su brazo antes de que pudiera caer al vacío.
Ada abrió los ojos sobresaltada.
Frente a ella había una mujer vestida completamente de negro.
Llevaba el rostro parcialmente cubierto y el cabello recogido en una coleta alta.
Sus ojos grises la observaban con una mezcla de sorpresa y desconfianza.
Durante unos segundos ninguna de las dos dijo una sola palabra.
Ada sintió que el corazón dejaba de latir.
Era como mirarse frente a un espejo.
La desconocida tenía exactamente su mismo rostro.
Las mismas facciones.
Los mismos ojos.
La misma expresión.
—No puede ser... —susurró Ada.
La mujer tampoco apartaba la mirada.
Por primera vez en muchos años...
Mae estaba completamente paralizada.
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secretos de familia y pelirrojos, amor prohido, poderes adquiridos
Editado: 20.07.2026