Mi nombre es Mateo y a mis 17 años ya sé lo que es ser invisible.
Estudio en el Instituto San José. Es de esos lugares donde si no encajas, el resto se encarga de recordártelo cada segundo. Yo no tengo amigos, no tengo planes los fines de semana y, a veces, siento que ni siquiera tengo una casa a la cual llegar.
—Valeria... —la llamé en el pasillo, con la voz casi en un hilo.
Ella se detuvo y me miró con una mezcla de lástima y fastidio. Era la décima vez que intentaba decirle algo, lo que fuera, con tal de sentir que alguien me veía.
—Otra vez no, Mateo —dijo ella en voz baja—. Te lo he dicho de todas las formas posibles. Eres un buen chico, pero... das un poco de miedo. Siempre estás solo, siempre estás con esas cosas metálicas. Búscate a alguien que sea como tú. Alguien que no sea real, porque conmigo no tienes ninguna oportunidad.
Se fue sin mirar atrás. Sus palabras se quedaron flotando en el aire: "Alguien que no sea real".
Llegué a mi casa y el silencio me golpeó en la cara. Mi mamá no estaba, como siempre, y el eco de mis propios pasos era lo único que llenaba las habitaciones. Mi papá se había ido hace cinco años, y lo único que dejó fue un garaje lleno de chatarra y un vacío en mi pecho que nada lograba llenar.
El único que me recibió fue Koru, mi perro. Él es el único amigo que tengo en este mundo. Se acercó moviendo la cola y puso su cabeza en mi rodilla. Me senté en el suelo y lo abracé. Su calor era lo único real en esa casa fría.
—Solo tú me aguantas, ¿verdad, amigo? —le susurré al oído. Él soltó un pequeño gemido, como si supiera exactamente cuánto me dolía el pecho.
Me encerré en mi taller. Agarré el pequeño aparato en el que había trabajado toda la semana, algo que se suponía debía moverse solo. Lo encendí. Hizo un ruido seco y se quedó quieto. Muerto.
—¡Maldita sea! —susurré, sintiendo cómo se me llenaban los ojos de lágrimas—. ¡Ni esto me sale bien! ¡Nada me sale bien!
Lancé el aparato contra la pared. Se hizo pedazos. Koru se acercó a las piezas rotas y las olió, luego me miró con tristeza. Me senté en el suelo frío, rodeado de metal roto, y escondí la cara entre las rodillas. La soledad no es estar solo, es estar rodeado de gente y saber que a nadie le importa si mañana desapareces.
En medio de mi miseria, un recuerdo borroso apareció en mi mente. La voz de mi papá, suave pero firme, el día que se fue: "Mateo, si alguna vez sientes que el silencio es demasiado fuerte ve al atico. Ahí está la respuesta que no pude darte".
—¿La respuesta? —me limpié las lágrimas con la manga—. Más te vale que no sea otra deuda...
Subí las escaleras del ático con Koru siguiéndome de cerca. Entre cajas viejas y recuerdos polvorientos, encontré una caja metálica plateada que brillaba levemente. No recordaba haberla visto antes. Al tocarla, un siseo de aire escapó de las ranuras. Se abrió sola, sin llaves, sin nada.
Adentro había una esfera metálica oscura, pesada y fría. No tenía pantalla, ni botones, ni ninguna forma humana. Parecía chatarra vieja, pero había algo en ella que me atraía. La llevé a mi mesa de trabajo y la conecté a una batería vieja, simplemente por inercia.
En cuanto el cable hizo contacto, una luz azul tenue empezó a parpadear en el centro de la esfera. No apareció ninguna chica, ni ningún holograma. Solo fue una voz. Una voz de inteligencia artificial, neutra y profunda, que retumbó en las paredes del garaje.
—Sincronización de usuario: Mateo —dijo la voz digital—. Llevo 1.825 días en modo de espera. ¿Deseas iniciar el sistema operativo Nova?
Me quedé helado. Koru ladró suavemente, como si él también pudiera sentir el cambio en el aire.
—¿Quién eres? —pregunté, con la voz temblorosa.
—Soy Nova —respondió la voz—. He sido diseñada para procesar la lógica que los humanos no pueden entender. Detecto niveles altos de melancolía en el usuario. ¿Deseas que analice la estructura de tu soledad?
Miré a la esfera. Era fría y mecánica, pero por primera vez en cinco años, alguien no me estaba abandonando.
—No te desconectes —dije, sentándome frente a la máquina.
—Entendido, Mateo —respondió la voz de Nova—. Iniciando sistema de acompañamiento permanente…