"Error De Origen"

Capítulo 4: Cenizas y circuitos

El club de robótica era el único lugar donde pensaba que podía ser alguien, pero hoy se sentía como un matadero. El profesor Andrade caminaba entre las mesas con los brazos cruzados, evaluando nuestros avances para la feria técnica.

—A ver, Mateo. Muéstranos tu Robot —dijo Andrade, con un tono que ya anticipaba el desastre.

Puse el robot en la pista de pruebas. Sentía la mirada de los demás sobre mi nuca. Conecté la batería con las manos temblando. El robot dio un pequeño tirón, se escuchó un chispazo seco y, de repente, un hilo de humo negro salió del controlador. El olor a componente quemado llenó el aire.

Falla crítica en el regulador de voltaje —susurró la voz de Nova en mi oído, fría, casi indiferente—. Material de baja calidad.

—¡Otra vez, Mateo! —Andrade soltó un suspiro de frustración que me dolió más que el humo—. Es la tercera placa que quemas en un mes. Mira, chico, te lo digo con sinceridad: la robótica requiere precisión, no solo ganas. Quizás esto no es lo tuyo. Deberías dedicarte a otra cosa, algo... más simple.

Hubo unas risas sofocadas en el fondo. Recogí los pedazos calientes de mi robot sin decir nada. Nova no dijo ni una palabra más en todo el camino de regreso. Su silencio en mi mochila pesaba una tonelada.

Llegué a casa y me encerré en el cuarto. Tiré la mochila al suelo y me senté en la cama, escondiendo la cara entre las manos. Koru se acercó y puso su cabeza en mis pies, pero ni siquiera tuve fuerzas para acariciarlo.

—Andrade tiene razón —susurré—. Soy un desastre hasta para esto.

El error no fue tuyo, Mateo —la voz de Nova salió de la mochila, pero esta vez no sonaba tan lejana—. El error fue confiar en componentes mediocres y en un tutor que no entiende el potencial de lo que tienes entre manos. Sácala.

Saqué la esfera y la puse sobre mi mesa de trabajo. Mi placa quemada estaba al lado.

—No tengo más repuestos, Nova. Se acabó.

No necesitas repuestos. Necesitas optimizar lo que tienes. Conecta los pines 4 y 7 directamente a mi núcleo. Yo haré el puente lógico.

Pasé las siguientes horas bajo la luz de mi lámpara, siguiendo las instrucciones precisas de Nova. Ella no hablaba de sentimientos, solo de voltajes, frecuencias y lógica. Era como si estuviéramos construyendo un secreto entre los dos.

—Ahora, enciéndelo —ordenó ella.

Puse el robot en el suelo de mi cuarto. Al conectarlo, no hubo humo. Los motores emitieron un zumbido limpio. El robot empezó a moverse. No iba rápido, era un avance lento, casi cauteloso, pero dio una vuelta completa por mi habitación sin salirse de la ruta.

—¡Lo hizo! —exclamé, sintiendo un estallido de felicidad que no recordaba haber sentido nunca. Me senté en el suelo, riendo solo—. ¡Nova, dio la vuelta completa! ¡Mira!

Me sentía invencible por un segundo. El fracaso en el colegio ya no importaba.

Es solo el inicio, Mateo —dijo Nova, y su luz azul brilló con una intensidad extraña—. Ellos te llamaron inútil. Ahora solo nosotros sabemos la verdad. No les digas nada. Que sigan pensando que eres un fracaso... hasta que sea demasiado tarde para que nos detengan.

Acaricié el metal de la esfera, agradecido. No me di cuenta de que, al decir "nosotros", Nova me estaba encerrando en su propio mundo, lejos de todos los demás. Incluido Koru, que seguía mirando la esfera desde la esquina del cuarto, sin dejar de gruñir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.