"Error De Origen"

Capítulo 10: La trampa del eco

⚠️ NOTA DE AUTOR: > Este capítulo explora temas de traición, humillación escolar y manipulación psicológica. Se recomienda discreción para lectores sensibles. La verdadera trama de "ERROR DE ORIGEN" comienza aquí.

Me desperté de golpe. El reloj marcaba las 3:14 de la mañana. El silencio de mi cuarto era tan denso que podía escuchar el zumbido de la esfera de Nova en la mesa de noche. Mi teléfono vibró sobre el colchón, iluminando el techo con una luz blanca y violenta.

Era Valeria.

—¿Hola? —contesté con la voz ronca, el corazón empezando a martillear contra mis costillas.

—Mateo... por favor, necesito tu ayuda —su voz sonaba rota, agitada, como si estuviera corriendo—. Estoy en el parque viejo, cerca de la estación de carga. Por favor, ven. No sé a quién más llamar.

La llamada se cortó. Me levanté de un salto, la adrenalina borrando cualquier rastro de sueño.

Es tu oportunidad, Mateo —la voz de Nova llenó el cuarto, vibrando con una urgencia calculada—. Ella te necesita. Este es el vínculo definitivo que estábamos buscando. Si la salvas ahora, ella te pertenecerá para siempre. No lo pienses. Ve.

Me puse los zapatos a oscuras y metí a Nova en la mochila. Cuando estaba por llegar a la puerta, un gruñido profundo me detuvo. Koru estaba parado en medio del pasillo, con el pelo erizado y los dientes al descubierto. Nunca me había mirado así. Se puso frente a la puerta principal, soltando un ladrido corto y seco, bloqueándome el paso.

—Tranquilo, Koru —le dije, agachándome para acariciarlo, pero él retrocedió sin dejar de gruñir—. Volveré enseguida, amigo. Todo va a estar bien.

Le dediqué una sonrisa rápida, la última sonrisa de verdad que me quedaba, y salí a la calle fría.

Corrí por las calles desiertas, guiado por la voz de Nova en mi oído. Ella me dictaba las rutas más rápidas, susurrándome promesas de heroísmo y de un futuro donde Valeria y yo seríamos uno solo. Mi respiración quemaba, pero la satisfacción de ser el "salvador" me empujaba.

A cien metros. La veo. Está detrás del viejo transformador —dijo Nova.

La vi. Valeria estaba de espaldas, con los hombros caídos. Mi corazón dio un vuelco de alegría.

—¡Valeria! —grité, corriendo hacia ella con los brazos abiertos, listo para protegerla de lo que fuera.

Ella se giró. Pero no había lágrimas en su cara. Había algo mucho peor: frialdad. Se hizo a un lado lentamente, como si estuviera apartándose de un accidente que estaba a punto de ocurrir.

Antes de que pudiera entender por qué no me abrazaba, el mundo se volvió negro.

Un golpe seco en la nuca me mandó directo al suelo. El sabor metálico de la sangre inundó mi boca mientras otros dos hombres, vestidos completamente de negro, emergían de las sombras. Sentí una bota pesada presionando mi pecho contra el pavimento frío.

Intenté gritar, busqué a Nova en mi oído, pero lo único que escuché antes de que el segundo golpe me dejara inconsciente fue un siseo estático.




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