Escala de 8 hrs en paris contigo

Capítulo 2: La ciudad que nos regaló una aventura

Las puertas del aeropuerto quedaron atrás.

Elena respiró profundamente al sentir el aire fresco de París por primera vez.

—No puedo creer que de verdad estemos aquí... —dijo mientras observaba los edificios a su alrededor.

Matías sonrió y levantó su cámara.

—Es la primera foto de nuestra aventura.

—¿Nuestra aventura?

—Claro. Cuando pasen los años, podremos decir que sobrevivimos a una escala de ocho horas en París.

Elena soltó una risa.

—Eso suena bastante divertido.

Después de tomar un tren hacia el centro de la ciudad, ambos quedaron maravillados al ver las calles llenas de cafeterías, artistas pintando retratos y personas paseando tranquilamente.

—Es mucho más bonito de lo que imaginaba —comentó Elena.

—Y apenas acabamos de llegar.

Mientras caminaban por una pequeña plaza, una chica de cabello castaño los observó consultando un mapa por tercera vez.

Finalmente se acercó.

—Perdón... ¿están perdidos?

Los dos levantaron la vista.

—Un poco... —admitió Matías.

La joven sonrió con simpatía.

—Se nota. Llevan cinco minutos dando vueltas al mismo lugar.

Elena no pudo evitar reír.

—¿Tan evidente es?

—Bastante.

La chica extendió la mano.

—Soy Camille Laurent.

—Elena.

—Matías.

Camille los saludó con entusiasmo.

—Déjenme adivinar... primera vez en París.

—¿Cómo lo supiste? —preguntó Elena.

—Porque los turistas siempre miran hacia arriba buscando la Torre Eiffel, aunque no esté cerca.

Los tres rieron.

—Solo tenemos ocho horas antes de regresar al aeropuerto —explicó Matías.

Camille abrió los ojos con sorpresa.

—¿Solo ocho?

—Sí.

Ella se quedó pensando unos segundos.

—Entonces no hay tiempo que perder.

Antes de que pudieran responder, comenzó a caminar.

—¡Síganme!

Matías miró a Elena.

—¿Confiamos en una desconocida?

Elena sonrió.

—Nosotros también éramos desconocidos hace unas horas.

Él asintió.

—Buen punto.

Los dos comenzaron a seguirla.

Camille los llevó por calles llenas de flores, pequeñas librerías y cafeterías escondidas que pocos turistas conocían.

En una de ellas compartieron chocolate caliente y croissants recién horneados.

—Esto está delicioso —dijo Elena.

—Te dije que evitaríamos los lugares turísticos —respondió Camille orgullosa.

Después continuaron caminando hasta un puente donde decenas de personas observaban el río.

Una melodía de violín llamó su atención.

Un joven tocaba con los ojos cerrados, completamente concentrado en la música.

Cuando terminó la pieza, varias personas aplaudieron.

Camille sonrió.

—Él es Leo Moreau.

El músico levantó la vista y saludó con una sonrisa amable.

—Camille. Qué gusto verte.

Ella señaló a Elena y Matías.

—Son viajeros con solo ocho horas para enamorarse de París.

Leo guardó el violín.

—Entonces llegaron al lugar correcto.

Matías comenzó a tomar fotografías del paisaje mientras Elena observaba el reflejo del atardecer sobre el río.

Por un instante, todo parecía perfecto.

Ninguno quería pensar que el tiempo seguía avanzando.

Porque cada minuto que pasaba...

Los acercaba un poco más al momento de despedirse.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.