Escala de 8 hrs en paris contigo

Capítulo 4: Bajo las luces de la Torre Eiffel

Cuando la lluvia cesó, el cielo comenzó a despejarse poco a poco. Los últimos rayos del sol se reflejaban en los charcos de las calles, haciendo que París pareciera brillar.

—Es el momento perfecto —dijo Camille mientras miraba el cielo—. Si nos apresuramos, llegaremos justo antes de que la Torre Eiffel se ilumine.

—¿De verdad? —preguntó Elena con ilusión.

—Es uno de los momentos más bonitos del día.

Los cuatro salieron de la cafetería y caminaron entre las calles llenas de vida. A cada paso, Elena descubría un rincón diferente: balcones cubiertos de flores, librerías antiguas y pequeñas plazas donde los niños jugaban mientras sus familias conversaban.

Después de unos minutos, la silueta de la Torre Eiffel apareció frente a ellos.

Elena se quedó completamente inmóvil.

—Es... mucho más hermosa de lo que imaginaba.

Matías no respondió.

En lugar de eso, tomó una fotografía de Elena contemplando la torre.

—¿Otra foto? —preguntó ella sin dejar de mirar el monumento.

—Las mejores fotografías son las que capturan momentos sinceros.

Elena sonrió.

—Entonces espero que esa haya salido bien.

—Salió perfecta.

Camille y Leo intercambiaron una mirada cómplice.

—Creo que los dejaremos solos un momento —dijo Camille.

—Hay un puesto donde venden los mejores macarons de la zona —añadió Leo.

Antes de que Elena pudiera decir algo, ambos se alejaron entre la multitud.

El silencio quedó entre ella y Matías.

Durante unos instantes, ninguno habló.

Solo observaban cómo la tarde se transformaba lentamente en noche.

De pronto, miles de luces comenzaron a encenderse sobre la Torre Eiffel.

El monumento brilló como si estuviera cubierto de estrellas.

Elena llevó una mano a su pecho.

—Es increíble...

Matías la miró en lugar de mirar la torre.

—Sí... lo es.

Ella notó su mirada y giró lentamente hacia él.

Sus ojos se encontraron.

Por un momento, el ruido de la ciudad desapareció.

—Gracias por convencerme de salir del aeropuerto —dijo Elena con una sonrisa.

—Gracias por confiar en un completo desconocido.

—Ya no eres un desconocido.

Matías bajó la mirada por un instante.

—¿Sabes? Cuando comenzó esta escala pensé que sería el día más aburrido del viaje.

—¿Y ahora?

—Ahora creo que será imposible olvidarlo.

Elena sintió que aquellas palabras también describían exactamente lo que ella estaba pensando.

Sacó su libreta y escribió unas líneas.

Matías observó con curiosidad.

—¿Qué escribiste?

Ella cerró la libreta antes de que pudiera leer.

—Es un secreto.

—Algún día tendrás que contármelo.

—Tal vez.

En ese momento, Leo y Camille regresaron con una pequeña caja de macarons de distintos colores.

—Misión cumplida —anunció Leo.

—Y todavía les queda tiempo para un último lugar especial —añadió Camille.

Matías revisó su reloj.

La sonrisa que tenía hacía unos segundos desapareció lentamente.

—Nos quedan... menos de dos horas para regresar al aeropuerto.

Elena sintió que el corazón le daba un vuelco.

El tiempo seguía avanzando.

Y cada minuto hacía que la despedida estuviera más cerca.

Aun así, respiró hondo y sonrió.

—Entonces no perdamos ni un segundo más.

Los cuatro emprendieron nuevamente el camino, decididos a convertir los últimos momentos de aquella escala en recuerdos que durarían toda la vida.

Sin saberlo, el destino todavía les tenía preparada una sorpresa antes de que llegara la hora de decir adiós.




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