Escala de 8 hrs en paris contigo

Capítulo 5: La promesa junto al río Sena

La noche había caído por completo sobre París.

Las luces de la ciudad se reflejaban sobre las tranquilas aguas del río Sena, mientras pequeñas embarcaciones navegaban lentamente. El aire era fresco y agradable, y las calles seguían llenas de personas disfrutando de la noche.

Camille condujo al grupo hasta un muelle desde donde podía verse la ciudad iluminada.

—Este es mi lugar favorito de París —dijo con una sonrisa—. Siempre vengo cuando necesito pensar.

Leo se apoyó en la barandilla y comenzó a tocar una melodía suave con su violín. La música acompañaba el sonido del agua y hacía que el momento pareciera sacado de una película.

Elena observó el paisaje con admiración.

—Nunca había visto algo tan bonito.

—Ni yo —respondió Matías, aunque sus ojos estaban puestos en Elena.

Camille sonrió discretamente y le dio un ligero codazo a Leo.

—Creo que deberíamos dar un pequeño paseo.

Leo entendió la indirecta al instante.

—Buena idea.

—Volvemos en unos minutos —dijo Camille antes de alejarse junto a él.

Cuando quedaron solos, Elena soltó una pequeña risa.

—Creo que lo hicieron a propósito.

—Yo también lo creo.

El silencio no fue incómodo.

Al contrario, era tranquilo.

Elena apoyó los brazos sobre la barandilla y observó el reflejo de las luces sobre el agua.

—¿Sabes qué es lo más extraño?

—¿Qué cosa? —preguntó Matías.

—Siento que te conozco desde hace mucho tiempo... aunque solo han pasado unas horas.

Matías sonrió.

—Me pasa exactamente lo mismo.

Durante unos segundos ninguno habló.

Finalmente, Matías rompió el silencio.

—¿Cuál es tu mayor sueño?

Elena miró el cielo antes de responder.

—Publicar una novela algún día. Quiero escribir historias que hagan sonreír a las personas.

Matías sonrió con admiración.

—Estoy seguro de que lo lograrás.

—¿Y tú?

Él levantó su cámara.

—Quiero recorrer el mundo fotografiando lugares y personas. No para hacerme famoso... sino para conservar recuerdos que nunca desaparezcan.

Elena observó la cámara.

—Entonces hoy has tomado muchas fotografías importantes.

Matías asintió.

—Pero hay una que será mi favorita.

—¿Cuál?

Él revisó la pantalla de la cámara y le mostró una imagen.

Era Elena sonriendo mientras observaba la Torre Eiffel iluminada.

Ella se quedó sin palabras.

—No sabía que me habías tomado esa foto...

—Porque estabas disfrutando el momento. Y precisamente por eso salió tan natural.

Elena sintió que sus ojos se humedecían un poco por la emoción.

—Gracias.

—No tienes que agradecerme.

En ese instante, un reloj cercano comenzó a marcar la hora.

Matías miró el suyo.

Su expresión cambió.

—Elena...

—¿Qué ocurre?

—Nos queda poco más de una hora.

Aquellas palabras hicieron que el corazón de Elena se encogiera.

Todo había pasado demasiado rápido.

Respiró profundamente antes de hablar.

—Prométeme algo.

—Lo que sea.

—Que, pase lo que pase después de hoy, nunca olvidarás esta escala.

Matías extendió su mano.

—Lo prometo.

Elena estrechó su mano con una sonrisa.

—Yo también lo prometo.

En ese momento, Camille y Leo regresaron con dos pequeños sobres.

—Antes de que se vayan —dijo Camille—, queremos darles un recuerdo de París.

Cada sobre contenía una pequeña postal de la ciudad.

En la parte trasera había una frase escrita a mano:

"Los mejores viajes no siempre duran muchos días; a veces solo duran el tiempo suficiente para cambiarte la vida."

Elena guardó la postal con mucho cuidado dentro de su libreta.

Sabía que nunca la perdería.

Los cuatro comenzaron a caminar de regreso hacia la estación de tren que los llevaría al aeropuerto.

El tiempo seguía corriendo.

Y la despedida ya era inevitable.




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