Escala de 8 hrs en paris contigo

Capítulo 6: La carrera contra el tiempo

El reloj marcaba que faltaba menos de una hora para el abordaje.

Elena, Matías, Camille y Leo llegaron a la estación con paso apresurado. El tren que debía llevarlos al aeropuerto estaba a punto de salir.

—¡Rápido! —exclamó Camille.

Los cuatro comenzaron a correr entre los pasajeros.

Justo cuando estaban a unos metros de la puerta, las alarmas sonaron.

Las puertas del tren se cerraron lentamente.

—¡No! —gritó Matías.

El tren partió frente a ellos.

Elena bajó la cabeza, intentando recuperar el aliento.

—¿Y ahora qué hacemos?

Camille sacó su teléfono para revisar las rutas.

—Hay otro tren, pero tarda demasiado.

Leo observó la avenida cercana.

—Podemos tomar un taxi. Será más rápido.

Sin perder tiempo, salieron de la estación y lograron detener un taxi.

Durante el trayecto, nadie hablaba.

Todos miraban el reloj una y otra vez.

Elena sostenía con fuerza la postal que Camille les había regalado.

Matías intentaba mantener la calma, aunque por dentro estaba tan nervioso como ella.

—Lo lograremos —dijo finalmente.

—¿De verdad lo crees? —preguntó Elena.

—Sí. Hemos tenido suerte todo el día. No creo que nos abandone ahora.

Ella sonrió ligeramente.

El taxi avanzó entre el tráfico nocturno.

Cada semáforo en rojo parecía durar una eternidad.

Cuando por fin divisaron el aeropuerto, los cuatro respiraron aliviados.

—¡Llegamos! —exclamó Leo.

Pagaron el viaje rápidamente y entraron corriendo al edificio.

Las pantallas anunciaban que el embarque de sus vuelos ya había comenzado.

—Tenemos que separarnos aquí —dijo Camille con tristeza.

Elena la abrazó con fuerza.

—Gracias por enseñarnos tu ciudad.

—Fue un placer conocerlos.

Matías estrechó la mano de Leo.

—Gracias por todo.

—Espero volver a verlos algún día.

Después de despedirse de sus nuevos amigos, Elena y Matías caminaron juntos hacia el control de seguridad.

El silencio volvió a acompañarlos.

Faltaban apenas unos minutos para que cada uno tomara un vuelo diferente.

Matías respiró hondo.

—Parece que este es el final de nuestra aventura.

Elena lo miró y sonrió con nostalgia.

—No me gustan las despedidas.

—A mí tampoco.

Se quedaron unos segundos sin decir nada.

Entonces, Matías sacó una fotografía de su cámara.

Era la imagen de Elena sonriendo bajo las luces de la Torre Eiffel.

La colocó en sus manos.

—Quiero que la conserves.

Elena la observó emocionada.

—¿Y tú?

Matías levantó la cámara.

—Tengo el recuerdo guardado aquí... y también aquí.

Se llevó una mano al corazón.

Elena sintió un nudo en la garganta.

Sin pensarlo, lo abrazó.

Fue un abrazo breve, pero lleno de gratitud por aquellas ocho horas que habían compartido.

Por los altavoces comenzaron a anunciar los últimos llamados para abordar.

Era el momento.

Los dos se separaron lentamente.

—Hasta algún día, Matías.

—Hasta algún día, Elena.

Cada uno tomó un camino distinto hacia su puerta de embarque.

Ninguno imaginaba que el destino aún no había escrito el último capítulo de su historia.




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