El último día del viaje de Elena llegó más rápido de lo que ambos hubieran querido.
Al despertar, miró el calendario de su teléfono y suspiró.
—Hoy regreso a casa...
Aunque estaba feliz por todo lo que había vivido, también sentía un poco de tristeza al pensar que tendría que despedirse nuevamente de París... y de Matías.
A las diez de la mañana, él pasó por ella al hotel.
—Buenos días.
—Buenos días.
—Hoy tengo preparada una última sorpresa.
Elena sonrió con curiosidad.
—¿Otra más?
—La última de este viaje.
Caminaron por las tranquilas calles de la ciudad hasta llegar a un antiguo puente de piedra que cruzaba el río Sena. A esa hora había pocas personas, y el lugar estaba envuelto por una calma especial.
—Es hermoso... —susurró Elena.
—Quería traerte aquí porque este fue uno de los primeros lugares que fotografié cuando vine a París.
Se apoyaron en la barandilla y contemplaron el agua fluir lentamente.
Elena rompió el silencio.
—¿Sabes qué pensé durante el vuelo de regreso, después de nuestra primera escala?
—¿Qué cosa?
—Que probablemente nunca volveríamos a vernos.
Matías bajó la mirada.
—Yo pensé exactamente lo mismo.
—Y, sin embargo, aquí estamos.
Él sonrió.
—Supongo que algunas historias se niegan a terminar.
Elena sacó de su mochila la libreta azul que Matías le había regalado.
—Quiero enseñarte algo.
Abrió una página donde había escrito un nuevo relato.
El título decía:
"Escala de 8 Horas en París Contigo".
Matías comenzó a leer en silencio.
En esas páginas estaban los recuerdos de su primer encuentro, la lluvia, la cafetería, la música de Leo, las ocurrencias de Camille y el reencuentro que cambió sus vidas.
Al terminar, levantó la vista.
—Es la historia más bonita que he leído.
Elena sonrió.
—Porque la vivimos juntos.
Matías tomó su cámara y buscó algo en la mochila.
Sacó un pequeño álbum de fotografías.
—Yo también preparé algo.
Cada página reunía imágenes de los momentos que habían compartido: el aeropuerto, las calles de París, la Torre Eiffel iluminada, los macarons, el río Sena y el primer desayuno de este nuevo viaje.
En la última página solo había una fotografía.
Era la primera selfie que se tomaron durante la escala de ocho horas.
Debajo, Matías había escrito:
"Las mejores historias comienzan cuando decides salir de tu zona de confort."
Elena sintió un nudo en la garganta.
—Es precioso.
—Quiero que te lo quedes.
Ella negó con una sonrisa.
—Pero son tus recuerdos.
—Nuestros recuerdos.
Elena abrazó el álbum contra su pecho.
—Lo cuidaré siempre.
Permanecieron unos minutos en silencio, disfrutando del paisaje.
Finalmente, Matías habló.
—Quiero hacerte una promesa.
Elena lo miró atentamente.
—Cada año, el mismo día en que nos conocimos, volveré a París.
Ella sonrió.
—Aunque solo sea por unas horas.
—Aunque solo sea por unas horas.
Elena extendió su mano.
—Entonces yo también lo prometo.
Ambos entrelazaron los dedos mientras el viento movía suavemente las hojas de los árboles.
No sabían qué les depararía el futuro.
No podían asegurar que todo sería perfecto.
Pero sí tenían la certeza de que harían todo lo posible por seguir escribiendo la historia que había comenzado gracias a una inesperada escala de ocho horas.
Cuando el sol empezó a ocultarse, emprendieron el camino de regreso.
Esta vez, la despedida ya no se sentía como un final.
Era simplemente el inicio de un nuevo capítulo, uno que seguirían escribiendo juntos, sin importar la distancia.