Habían pasado varios meses desde que Elena y Matías hicieron aquella promesa frente al río Sena.
La distancia no siempre era fácil, pero ambos habían encontrado la manera de mantenerse cerca.
Cada semana compartían nuevos momentos: Elena enviaba fotografías de sus escritos y Matías le mostraba los lugares que descubría con su cámara.
Hasta que una noche, durante una videollamada, Matías apareció con una sonrisa diferente.
Elena lo notó de inmediato.
—Estás ocultando algo.
Matías intentó parecer serio.
—¿Yo?
—Sí. Tienes esa sonrisa de cuando estás preparando una sorpresa.
Él soltó una risa.
—Tal vez tengas razón.
Sacó un sobre de su escritorio y lo mostró frente a la cámara.
—¿Qué es eso?
—Algo que hemos estado esperando.
Elena se acercó más a la pantalla.
—No puede ser...
Matías abrió el sobre.
Dentro había dos boletos de avión.
—Nuestro próximo viaje.
Elena se quedó sorprendida.
—¿De verdad?
—Sí.
Ella sonrió emocionada.
—Pero dijimos que elegiríamos un nuevo destino juntos.
—Y lo hicimos.
Matías giró el boleto para que pudiera verlo.
El destino estaba escrito claramente:
Roma.
—¿Roma? —preguntó Elena con una sonrisa.
—Pensé que después de París, la siguiente aventura debía ser en una ciudad llena de historia, arte y nuevos lugares por descubrir.
Elena tomó un mapa que tenía cerca.
—Entonces tendremos nuevos recuerdos.
—Y muchas fotografías.
—Y muchas historias.
Cuando llegó el día del viaje, Elena volvió a sentir esa emoción que había experimentado la primera vez que subió a un avión rumbo a París.
Pero esta vez era diferente.
No viajaba hacia lo desconocido.
Viajaba hacia una nueva aventura con alguien importante para ella.
Al llegar al aeropuerto, recibió un mensaje.
Matías: "Mira hacia tu derecha."
Elena levantó la vista.
Entre las personas que caminaban por la terminal estaba Matías, con su cámara de siempre y una sonrisa enorme.
Ella comenzó a caminar hacia él.
—Pensé que nos encontraríamos directamente en Roma.
—Quería verte antes de empezar el viaje.
Elena sonrió.
—Sigues haciendo que los momentos normales parezcan especiales.
—Es porque estoy con la persona correcta.
Ella bajó la mirada, sonriendo.
Después de tantos meses de llamadas y mensajes, finalmente estaban juntos otra vez.
Sin pantallas.
Sin kilómetros de distancia.
Solo ellos.
Durante el vuelo hablaron de todos los lugares que querían conocer.
—Quiero ver el Coliseo —dijo Elena.
—Yo quiero fotografiarlo contigo.
—¿Y la Fontana di Trevi?
—También.
—¿Y perderse por las calles antiguas?
Matías sonrió.
—Eso es obligatorio.
Ambos rieron.
Cuando el avión comenzó a descender, Elena miró por la ventana.
París siempre sería la ciudad donde comenzó su historia.
Pero Roma sería el lugar donde escribirían un nuevo capítulo.
Matías tomó su mano.
—¿Lista para otra aventura?
Elena sonrió.
—Más que nunca.
Y mientras las luces de Roma aparecían bajo ellos, ambos entendieron algo:
La mejor parte de viajar no era conocer nuevos lugares.
Era encontrar a alguien con quien querer descubrirlos todos.
Continuará...