Escala de 8 hrs en paris contigo

Capítulo 18: El viaje que apenas comienza

La mañana de su regreso llegó demasiado pronto.

Elena cerró su maleta con cuidado y echó un último vistazo a la habitación del hotel.

—Siempre pasa lo mismo —dijo con una sonrisa—. Cuando un viaje es bonito, termina demasiado rápido.

Matías terminó de guardar su cámara en la mochila.

—Quizá por eso aprendemos a disfrutar cada momento.

Bajaron al vestíbulo, entregaron las llaves de la habitación y salieron a la calle. Antes de dirigirse al aeropuerto, decidieron hacer una última caminata por Roma.

El aire era fresco y las cafeterías comenzaban a llenarse de personas.

—¿Quieres un café? —preguntó Matías.

—Y un croissant, para seguir con nuestra tradición.

—Trato hecho.

Se sentaron en una mesa junto a la ventana.

Mientras desayunaban, Elena abrió su libreta azul.

En la última página escribió:

"Roma nos enseñó que un viaje no necesita ser improvisado para ser inolvidable. Solo necesita compartirse con la persona correcta."

Matías leyó la frase y sonrió.

—Cada ciudad merece un capítulo.

—Y creo que todavía nos faltan muchos por escribir.

Horas más tarde llegaron al aeropuerto.

Esta vez no había nervios ni tristeza como en aquella primera despedida en París.

Los dos viajarían en el mismo vuelo.

Mientras esperaban el embarque, Matías sacó una carpeta de su mochila.

—Quiero enseñarte algo.

Dentro había varias fotografías impresas.

No solo de Roma y París.

También había imágenes de paisajes, personas y pequeños momentos cotidianos.

—¿Qué te parecen?

—Son increíbles.

Matías respiró hondo.

—He tomado una decisión.

Elena lo observó con atención.

—Voy a enviar mi portafolio a una editorial especializada en fotografía de viajes.

Ella sonrió de inmediato.

—¡Eso es maravilloso!

—Tenía miedo de hacerlo.

—¿Y ahora?

—Ahora sé que vale la pena intentarlo.

Elena tomó su mano.

—Estoy orgullosa de ti.

Matías sonrió.

—Gracias.

Luego la miró con curiosidad.

—¿Y tú? ¿También tomaste una decisión?

Elena asintió.

Sacó de su mochila un sobre.

—Ayer por la noche envié el manuscrito de mi primera novela a una editorial.

Matías abrió mucho los ojos.

—¿Hablas en serio?

Ella asintió, un poco nerviosa.

—No sé qué responderán, pero ya di el primer paso.

Sin pensarlo dos veces, Matías la abrazó.

—Estoy seguro de que algún día veré tu libro en una librería.

—Y yo estoy segura de que visitaré una exposición con tus fotografías.

Los dos rieron.

Durante el vuelo de regreso, Elena miró por la ventanilla mientras las nubes cubrían el paisaje.

—¿En qué piensas? —preguntó Matías.

—En que todo comenzó por una escala de ocho horas.

Él sonrió.

—Y terminó convirtiéndose en la mejor aventura de nuestras vidas.

—¿Terminó?

Matías negó con la cabeza.

—No.

Sacó un pequeño mapa del mundo que llevaba doblado en su libreta.

Con un bolígrafo marcó dos ciudades: París y Roma.

Luego escribió debajo:

"Próximo destino: por descubrir."

Le entregó el mapa a Elena.

—Quiero que, cada vez que viajemos, marquemos un nuevo lugar.

Ella observó el mapa con emoción.

—Cuando esté lleno...

—Compraremos otro.

Los dos rieron.

El avión continuó su camino entre las nubes.

Frente a ellos quedaban nuevos proyectos, nuevos sueños y muchos destinos por descubrir.

Porque habían comprendido que los mejores viajes no eran aquellos en los que se recorrían más kilómetros.

Eran aquellos en los que dos personas crecían, soñaban y avanzaban juntas.

Y para Elena y Matías...

Aquel viaje iniciado por una inesperada escala de ocho horas apenas estaba comenzando.




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