El día que Elena y Matías habían esperado finalmente llegó.
El jardín estaba decorado con luces pequeñas, flores blancas y fotografías de los viajes que habían compartido.
Cada detalle tenía un significado.
En una esquina estaban las imágenes de París.
En otra, las fotografías de Roma.
Y en el centro había un pequeño espacio con el mapa donde habían marcado cada destino que habían descubierto juntos.
—Parece un museo de nuestra historia —dijo Elena al verlo.
Matías sonrió.
—Porque eso es exactamente.
Antes de la ceremonia, Elena estaba en una habitación preparando los últimos detalles.
Miró su vestido, su libreta azul y la fotografía de aquella primera escala.
Recordó a la chica que, años atrás, no estaba segura de salir del aeropuerto con un desconocido.
Sonrió al pensar en todo lo que había cambiado.
Su teléfono recibió un mensaje.
Era Matías.
"¿Estás lista?"
Elena respondió:
"Más que nunca."
Cuando llegó el momento, la música comenzó a sonar.
Los invitados se pusieron de pie.
Matías esperaba al frente, emocionado.
Cuando vio a Elena acercarse, sonrió.
No veía solo a la mujer que amaba.
Veía a la persona con la que había recorrido el mundo, cumplido sueños y escrito miles de recuerdos.
Al encontrarse frente a frente, ambos sonrieron.
—Hola —susurró Elena.
—Hola, escritora.
Ella soltó una pequeña risa.
Era una frase sencilla.
Pero para ellos significaba todo.
Durante la ceremonia recordaron su historia.
El primer encuentro en el aeropuerto.
La aventura improvisada por París.
La promesa junto al río Sena.
Los viajes.
Los sueños cumplidos.
Y todas las veces que habían elegido seguir caminando juntos.
Cuando llegó el momento de decir sus votos, Elena abrió su libreta azul.
—Escribí muchas historias en mi vida —comenzó—, pero ninguna será tan importante como la que hemos construido juntos.
Matías la miró con emoción.
—Prometo acompañarte en cada nuevo viaje, apoyar tus sueños y seguir creando recuerdos contigo.
Después fue su turno.
—Elena, nunca imaginé que una decisión pequeña cambiaría toda mi vida. Una escala, una conversación y una persona especial me enseñaron que los mejores destinos no siempre están en los mapas.
Tomó sus manos.
—Prometo seguir eligiéndote todos los días.
Cuando intercambiaron los anillos, todos aplaudieron.
Camille lloraba de emoción.
—Sabía que este día llegaría.
Leo sonreía mientras tomaba fotografías.
—Esta es definitivamente la mejor colección de recuerdos.
Después de la ceremonia, todos celebraron juntos.
Hubo risas, música y muchas fotografías.
Pero el momento favorito de Elena y Matías llegó al final de la noche.
Se alejaron unos minutos del festejo y observaron las luces del jardín.
—¿En qué piensas? —preguntó Matías.
Elena sonrió.
—En que hace años pensé que ocho horas no eran suficientes para conocer a alguien.
—¿Y ahora?
Ella tomó su mano.
—Ahora sé que algunas personas llegan en unas horas... y se quedan toda una vida.
Matías la abrazó.
Bajo las mismas estrellas que habían visto en tantos viajes, comenzaron una nueva etapa.
Ya no eran dos personas buscando un destino.
Eran un equipo creando su propio camino.
Y aunque todavía quedaban muchos lugares por conocer...
Su mayor aventura ya la habían encontrado.
Estar juntos.
Continuará...