Elena y Matías estaban desayunando en la misma cafetería donde años atrás habían compartido una de sus primeras conversaciones, cuando recibieron una llamada.
Elena miró la pantalla.
—Es de la organización cultural.
Matías sonrió.
—Parece que todavía tienen planes para nosotros.
Ella respondió.
Después de unos minutos escuchando atentamente, abrió los ojos con sorpresa.
—No puede ser.
—¿Qué pasó?
Elena terminó la llamada y miró a Matías.
—Quieren que seamos parte de un proyecto mundial.
—¿Qué tipo de proyecto?
Ella sonrió.
—Una serie de encuentros donde escritores y fotógrafos compartan historias de diferentes culturas.
Matías dejó su taza sobre la mesa.
—Eso suena increíble.
—Quieren que viajemos durante un año recopilando nuevas historias.
Por unos segundos ambos quedaron en silencio.
Era una oportunidad enorme.
Pero también significaba volver a cambiar su rutina.
Esa tarde caminaron por París pensando en la propuesta.
Llegaron al río Sena y se sentaron cerca del agua.
—¿Tienes dudas? —preguntó Matías.
Elena miró la ciudad.
—Un poco.
—¿Por qué?
—Porque nuestra vida ahora es tranquila. Tenemos nuestro hogar, nuestros proyectos...
Matías asintió.
—Lo entiendo.
Ella lo miró.
—¿Y tú?
Él sonrió.
—Yo creo que si algo aprendimos en todos estos años es que no debemos dejar pasar las oportunidades que nos hacen crecer.
Elena sonrió.
—Eso suena como algo que yo diría.
—Supongo que se me pegó de una escritora.
Ambos rieron.
Esa noche revisaron el mapa del mundo.
Había muchos lugares marcados.
Pero todavía quedaban espacios vacíos.
Elena tomó un marcador.
—Si aceptamos, este mapa va a cambiar mucho.
Matías miró todas las marcas.
—Y nuestra historia también.
Después de pensarlo, ambos se miraron.
No necesitaban decir mucho.
Ya conocían esa expresión.
Era la misma que tenían cuando decidieron salir del aeropuerto de París por primera vez.
—¿Lo hacemos? —preguntó Elena.
Matías sonrió.
—Hagámoslo.
Los días siguientes estuvieron llenos de preparativos.
Organizaron sus documentos.
Prepararon sus equipos de trabajo.
Eligieron las primeras ciudades que visitarían.
Pero antes de partir, quisieron hacer algo especial.
Regresaron al lugar exacto donde comenzó su aventura.
El aeropuerto de París.
No porque fueran a despedirse.
Sino para recordar el inicio.
Elena miró alrededor.
—Qué extraño.
—¿Qué cosa?
—Hace años este lugar era donde terminaba mi viaje.
Matías tomó su mano.
—Y ahora es donde comienzan muchos más.
Ella sonrió.
Antes de salir, Elena abrió su libreta y escribió:
"Capítulo 33. Algunas puertas se abren una sola vez. Otras aparecen cada vez que estamos listos para cruzarlas."
Cerró la libreta.
El siguiente viaje estaba a punto de comenzar.
Nuevas ciudades.
Nuevas personas.
Nuevas historias.
Y ellos dos, como siempre, juntos.
Continuará...