Escala de 8 hrs en paris contigo

Capítulo 43: El tren hacia un nuevo horizonte

El amanecer encontró a Elena y Matías en la estación de tren.

Las montañas comenzaban a iluminarse con los primeros rayos del sol mientras los viajeros se despedían entre abrazos y sonrisas.

Julián y Lucía habían ido a despedirlos.

—No olviden volver algún día —dijo Julián.

—Y cuando lo hagan, quiero tocar una nueva melodía para ustedes —añadió Lucía.

Elena los abrazó con cariño.

—Volveremos. Este lugar ya forma parte de nuestra historia.

Matías tomó una última fotografía del grupo frente a la estación.

Sabía que esa imagen ocuparía un lugar especial en su colección.

El tren comenzó a avanzar lentamente.

Desde la ventana, Elena observó cómo las montañas se alejaban poco a poco.

Sacó su libreta y escribió algunas notas sobre todo lo que habían vivido en el festival.

—¿Ya estás escribiendo otra vez? —preguntó Matías con una sonrisa.

—No quiero olvidar ningún detalle.

Él asintió.

—Yo tampoco.

Abrió su cámara y comenzó a revisar las fotografías.

Había retratos de Lucía tocando el violín, del Árbol de los Deseos, de Julián sonriendo y de las cintas moviéndose con el viento.

Cada imagen contaba una parte del viaje.

Horas después, el tren hizo una parada en un pequeño pueblo.

Solo tendrían veinte minutos antes de continuar.

—¿Bajamos? —preguntó Elena.

—Claro.

Caminaron por la plaza principal, donde un mercado de productores locales llenaba el ambiente de colores y aromas.

Un niño vendía pequeñas postales pintadas a mano.

Matías compró una.

La ilustración mostraba un tren atravesando un paisaje lleno de flores.

—¿Te gustan los trenes? —preguntó Elena.

—Sí.

Matías sonrió.

—Porque siempre me recuerdan que el viaje es tan importante como el destino.

Elena guardó la postal entre las páginas de su libreta.

—Entonces esta también viajará con nosotros.

Cuando regresaron al tren, una mujer ocupó el asiento frente a ellos.

Llevaba una máquina de escribir portátil cuidadosamente protegida en un estuche.

Elena no pudo evitar sentir curiosidad.

—¿Escribe historias?

La mujer sonrió.

—Escribo cartas.

—¿Cartas?

—Sí. Viajo de ciudad en ciudad ayudando a las personas a escribir aquello que nunca se atrevieron a decir.

Matías levantó la vista con interés.

—Eso suena fascinante.

—Cada carta guarda un pedazo del corazón de alguien.

Elena sintió que aquella frase merecía un lugar en su libreta.

Durante el resto del trayecto conversaron con la mujer.

Su nombre era Valeria.

Les contó que llevaba años recorriendo distintos países, escribiendo cartas para personas que deseaban agradecer, pedir perdón o simplemente expresar sus sentimientos.

—Las palabras tienen el poder de acercar a las personas, incluso cuando la distancia parece imposible de superar —dijo.

Elena sonrió.

—Creo que esa será una historia muy especial para nuestro proyecto.

Valeria aceptó con gusto compartir su experiencia.

Cuando el tren llegó a su nuevo destino, el cielo comenzaba a teñirse de tonos dorados.

Antes de bajar, Valeria les entregó un sobre blanco.

—No lo abran hasta esta noche.

Elena lo tomó con cuidado.

—Gracias.

—A veces, las mejores historias comienzan con una carta.

Valeria descendió del tren y desapareció entre la multitud.

Elena y Matías se miraron intrigados.

¿Qué habría dentro de aquel sobre?

Con esa pregunta en mente, caminaron hacia su hotel.

Una vez más, el destino les había regalado un encuentro inesperado.

Y ambos sabían que aquella carta sería el comienzo de un nuevo capítulo.

Continuará...




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