Escala de 8 hrs en paris contigo

Capítulo 50: El lugar donde todo comenzó... otra vez

El amanecer en París tenía un brillo especial.

Elena despertó antes que sonara la alarma y se acercó a la ventana del hotel. La ciudad comenzaba a cobrar vida mientras el cielo se teñía de tonos rosados.

Detrás de ella, Matías abrió los ojos y sonrió.

—Buenos días.

—Hoy es un día importante —respondió Elena.

—Lo sé.

Después del desayuno, caminaron hasta el aeropuerto donde, años atrás, una escala de ocho horas había cambiado sus vidas para siempre.

Todo parecía igual.

Los anuncios de los vuelos.

Las personas caminando con prisa.

Las maletas recorriendo las bandas transportadoras.

Pero ellos ya no eran los mismos.

Se detuvieron frente a la cafetería donde habían compartido su primera conversación.

Elena sonrió.

—¿Recuerdas quién habló primero?

Matías soltó una pequeña risa.

—Claro. Fuiste tú.

—Y casi no me respondes.

—Porque estaba nervioso.

Ambos rieron.

Entraron a la cafetería y pidieron las mismas bebidas que aquella primera vez.

Se sentaron junto a la ventana.

Por unos minutos observaron el ir y venir de los viajeros.

—Mira a todas esas personas —dijo Elena.

—Cada una lleva una historia distinta.

—Y quizá alguna de ellas también cambie por una conversación inesperada.

Matías asintió.

—Como nos pasó a nosotros.

Cuando salieron del aeropuerto, decidieron recorrer exactamente el mismo camino que habían seguido durante su primera escala.

Pasaron por la plaza donde se habían perdido buscando una dirección.

Visitaron la pequeña librería donde Elena compró su primera libreta de viaje.

También regresaron al puente donde habían prometido seguir descubriendo el mundo juntos.

Cada lugar despertaba un recuerdo.

Cada paso les recordaba cuánto habían cambiado.

Al llegar al puente, encontraron un banco vacío.

Se sentaron en silencio.

Elena sacó la primera libreta que había llevado durante aquella escala.

Las hojas ya estaban algo desgastadas por el tiempo.

En la última página había una frase escrita años atrás:

"Ojalá este viaje no termine aquí."

Matías la leyó y sonrió.

—Parece que tu deseo se cumplió.

Elena cerró la libreta.

—Más de lo que imaginé.

Mientras contemplaban el río Sena, un niño se acercó corriendo.

Llevaba una cámara fotográfica colgada al cuello.

—Disculpen...

Los dos lo miraron.

—¿Podrían tomarme una foto con el puente de fondo?

Matías aceptó con gusto.

Después de tomar la fotografía, el niño sonrió.

—Muchas gracias.

Antes de irse añadió:

—Estoy haciendo mi primer viaje.

Elena lo observó alejarse.

—Ojalá también encuentre una historia que cambie su vida.

Aquella tarde, Elena y Matías escribieron juntos una nueva página en la libreta.

"Hoy volvimos al lugar donde comenzó todo. Descubrimos que los recuerdos no viven en los edificios ni en las calles. Viven en las personas que estuvieron con nosotros mientras recorríamos esos caminos."

Firmaron ambos al final de la página.

Era la primera vez que escribían una entrada juntos.

Antes de regresar al hotel, Matías tomó una última fotografía del atardecer sobre el Sena.

—¿Sabes cómo la llamaré?

—¿Cómo?

Él sonrió.

—"El comienzo de un nuevo capítulo."

Elena rió.

—Parece un final.

—No.

Matías tomó su mano.

—Parece el inicio de todo lo que aún nos queda por vivir.

Elena miró el horizonte y comprendió que tenía razón.

Aunque ya habían recorrido medio mundo, todavía quedaban sueños por cumplir, personas por conocer y páginas en blanco esperando ser escritas.

Y mientras el sol desaparecía lentamente detrás de los edificios de París, ambos comenzaron a caminar una vez más.

Juntos.

Como aquella primera vez.

Continuará...




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