Los días en París transcurrían con tranquilidad.
Por primera vez en mucho tiempo, Elena y Matías no tenían un itinerario lleno de reuniones, entrevistas o presentaciones.
Solo caminaban.
Sin prisa.
Como si quisieran disfrutar cada rincón de la ciudad que había cambiado sus vidas.
Una mañana regresaron a la pequeña librería donde Elena había comprado su primera libreta de viaje.
El dueño seguía atendiendo el lugar.
Aunque habían pasado varios años, sonrió al verlos entrar.
—Bienvenidos.
Elena recorrió los estantes con emoción.
Encontró una libreta muy parecida a la primera que había comprado.
La tomó entre sus manos.
—Creo que ya es hora de empezar otra.
Matías sonrió.
—¿Ya llenaste todas las anteriores?
—Cada una guarda una etapa diferente de nuestra historia.
El dueño envolvió la libreta con cuidado y les dijo:
—Las mejores historias nunca dejan de escribirse.
Aquella frase quedó grabada en la memoria de ambos.
Después caminaron hasta una pequeña galería de arte.
En una de las salas encontraron una exposición de fotografías de viajeros de distintas partes del mundo.
Matías observó cada imagen con atención.
—Cada fotógrafo tiene una manera distinta de mirar el mundo.
Elena respondió:
—Y todas son igual de valiosas.
Mientras recorrían la exposición, una fotografía llamó especialmente su atención.
Mostraba dos maletas apoyadas frente a una estación de tren.
No aparecían personas.
Solo las maletas.
Debajo había un título:
"El viaje siempre espera."
Matías permaneció unos segundos contemplándola.
—Me gusta.
—¿Por qué?
—Porque recuerda que siempre habrá un nuevo destino.
Al salir de la galería, recibieron una llamada de la organización cultural.
Su proyecto había sido elegido para convertirse en una exposición permanente en formato digital, permitiendo que personas de diferentes países pudieran conocer todas aquellas historias.
Elena no pudo contener la emoción.
—Eso significa que seguirán viajando incluso cuando nosotros regresemos a casa.
Matías asintió.
—Las historias ya encontraron su propio camino.
Aquella tarde volvieron al río Sena.
Se sentaron en el mismo banco del capítulo anterior.
Elena abrió la libreta nueva.
Todavía tenía las páginas completamente en blanco.
Escribió la primera frase:
"No importa cuántos viajes terminemos. Siempre habrá una nueva historia esperando el momento adecuado para comenzar."
Después miró a Matías.
—Ahora sí.
—¿Qué?
—Estamos listos para escribir la siguiente etapa.
Él tomó su cámara.
—Y yo para fotografiarla.
Antes de regresar al hotel, el teléfono de Elena recibió un mensaje.
Era de Valeria.
Solo decía:
"Las cartas ya encontraron su destino."
Elena sonrió.
Recordó las cartas que ambos habían escrito y guardado en la Casa de las Cartas.
—Creo que pronto tendremos que volver.
Matías levantó una ceja.
—¿Lo sabías?
—Lo presentía.
Los dos rieron.
Sabían que algunas promesas siempre encontraban la forma de cumplirse.
Esa noche, Elena escribió en la última página de su libreta antigua:
"Capítulo 51. Los viajes pueden terminar, pero las historias nunca dejan de caminar junto a quienes se atreven a vivirlas."
Cerró la libreta con cuidado.
Luego colocó a su lado la nueva.
Una terminaba.
La otra apenas comenzaba.
Y entre ambas estaba todo aquello que una simple escala de ocho horas les había regalado.
Continuará...