Escamas de plata

Veintidós

Akuazu

Archie

Me quede de pie, completamente paralizado después de oír que el rey de los dragones, el regente al que Helion le arrebato el trono y despojo de su legítimo lugar en el páramo, era también mi padre. La revelación fue una conmoción difícil de asimilar y procesar.

Me había quedado atónito, mudo. Con el cuerpo adormecido e imposibilitado para moverse.

Ford me miraba pasmado y no podía culparlo, si incluso yo, sentía que era imposible que lo que decían los cambiaformas fuera cierto.

― Sabemos que tienes preguntas, pero no queremos tomar la responsabilidad de diluir tus dudas cuando no nos corresponde. ― Visedra por favor.

La hembra de cabellera color níveo, se despojó de un colgante de color turquesa que le entrego a Ford.

― Esto se llama akuazu, es una pócima que solo los dragones marinos destilan a través de sus escamas. La que le da al que lo bebe, el poder de sumergirse en las profundidades del océano el tiempo que desee. ¡Bébelo! ― Le incito.

Ford la miro con desconfianza, dudando de la legitimidad del liquido que ahora sostenía en sus manos.

― Si dudas no lo hagas y regresa al páramo por tu cuenta, pero no lo hagas sin antes haberte hecho de un dragón. ― Le aconseje a mi compañero, el que me miraba con los ojos absolutamente desorbitados.

― Después de todo lo que he visto hasta ahora y que en algún momento creí imposible, sacando mis propias conclusiones y asimilando con pesar, que el rey al que tanto veneraba, no es más que un vil traidor y mentiroso. Lo ultimo que quiero es unirme a su guardia con el fin de protegerlo, no después de saber la clase de monstruo que es. Si consigo domar a un dragón, será solo con el fin de cumplir mis propios anhelos. ― Dicho esto, Ford destapo el pequeño orbe de cristal y se bebió el líquido sin pensárselo dos veces. ― Te seguiré hasta el fin. ― Exclamo tan seguro de lo que decía, que un leve cosquilleo de satisfacción se instalo en mi pecho.

― Bien, es hora de irnos. ― Susurro el cambiaformas de piel canela que todavía nos acompañaba. ― Visedra tu vas primero.

La hembra en cosa de segundos adopto su forma bestial provocando un fuerte temblor bajo nuestros pies. Mi compañera abrió las alas y se alzo el vuelo dando tres vueltas en el aire antes de venir a por mi y tomarme entre sus garras.

Los otros dos cambiaformas la imitaron, uno de ellos después de transformarse regreso por Ford levantándolo en el aire de la misma manera que Visedra lo hizo conmigo.

Nos elevamos a una altura considerable observando por primera vez el vasto territorio de la isla Veril.

Sobrevolamos el cráter del volcán activo y rodeados por las esplendidas bestias de fuego.

Disfrutamos del paseo por el cielo, observando la majestuosidad de los dragones que rondaban y habitaban la isla. Más allá del volcán y sus inmediaciones un espécimen de tonalidad marrón oscuro, cautivo mi atención.

― Jamás he oído que se mencione en los libros de historia, a un dragón como ese. ― Dijo Ford adelantándose a mis pensamientos.

Las bestias aladas que nos transportaban no podían comunicarse con nosotros, a excepción de Visedra. Pero, pude distinguir a través de sus ocelos el interés con el que parecían observarnos.

― Es muy difícil que un córneo sepia permita que los humanos lo domen. Es un dragón común pero tan poderoso como un cambiaformas. Su inteligencia y sabiduría supera a la mayoría de su linaje. ― Aclaro Visedra por medio del vínculo.

― Ósea que es un dragón de nivel uno. ― Culmine por ella.

― No, no lo es. Los córneos sepias superan en todos los sentidos, a los dragones de nivel uno. ― Detallo.

Observe como nos acercábamos a un risco peligroso y de difícil acceso, un peñasco inseguro que zanjaba a orillas de la costa.

― ¿Confías en mí? ― Pregunto de repente la bestia que me sostenía.

― ¡Absolutamente! ― Respondí sin entender muy bien a que se debía aquella repentina pregunta.

Nos adentrábamos a unos espeluznantes acantilados que con la oscuridad de la noche lo hacía ver aún más aterrador. Un movimiento singular sobre el agua, me hechizo por completo. Una imagen titilante de la isla reflejada en la superficie parecía avivarse a medida que nos acercábamos. Un mundo paralelo e idéntico a veril, parecía subsistir bajo las profundidades del océano.

Debo agregar que lo que siguió después no me lo esperaba…

Visedra comenzó a descender a una velocidad brutal. Se sumergió en las profundidades del mar de Solaris sosteniéndome todavía en sus garras, una vez en lo profundo la bestia alada recogió sus alas para remplazarlas por dos singulares aletas, las que le facilitaban el poder deslizarse bajo el agua.

Mi compañera se arrojo al abismo como un rayo que no se detiene hasta tocar fondo. El viaje fue tan rápido que apenas tuve tiempo de observar la vida marina.

Llegamos a una estrecha brecha entre rocas, un subterráneo oscuro que solo se podía reconocer gracias al signo brillante del rey de los dragones, grabado en el núcleo de la abertura. la incandescente luz parpadeaba con intensidad, y parecía responder a mi presencia.




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