Escamas de plata

Veinticuatro

Fergus

Archie

Extensos paisajes e innumerables dragones nos rodeaban mientras avanzábamos hacia una fortaleza qué no tenía idea de a donde se encontraba.

Piers nos ofreció guiarnos a través del cielo, a lo que Ford y yo rápidamente nos negamos, argumentando que el valle era demasiado bello para desaprovechar la oportunidad de un recorrido privado.

Llevábamos un par de horas caminando cuando un bullicioso pueblo sobre una colina cautivo nuestra atención.

Ambos miramos hacia arriba hipnotizados por la cantidad de humanos que recorrían las calles del lugar.

—No son humanos. — Exclamo Visedra escuchando mis pensamientos como si fueran los suyos.

—No entiendo. ¿Me estas diciendo que todos los habitante de este pueblo son cambiaformas? — No pude ocultar la conmoción en mis palabras.

—El profundo Veril es habitado por todas aquellas especies que el usurpador aseguro extintas. Si puedes observar mejor, notarás que muchos de ellos pertenecen al linaje de los Jinn, por la apariencia similar con su contraparte. A otros por su piel grisácea los reconocerás como acuáticos y por último estamos nosotros, aquellos con aspecto aguerrido que adoptamos la forma de los dragones cada vez que lo estimamos conveniente. Si creías que aparte de ustedes dos, los hermanos Olafsson eran los únicos Jinn que quedaban con vida, estas muy equivocado.

Estaba a punto de responder pero Ford se me adelanto.

—Como ignorar las mentiras de Helión después de esto. — Un gran suspiro de pesar salió de él.

—Muchos de nosotros sospechábamos del rey desde hace mucho. —Le indique. —Y no es que ahora sea diferente , es solo que esta vez las sospechas pasaron de ser una simple suposición a ser legítimas.

Mire a los cambiaformas tras nosotros, y me sorprendió verlos tan callados y sumamente expectantes a nosotros.

—Quisiéramos quedarnos y enseñarles el lugar, pero él, los espera y supongo que tu hermana también debe de estar deseosa de reunirse contigo. — Exclamo el veterano.

—¿Quién nos espera? — Era obvio que los machos se guardaban la información para si mismos. Pero solo conseguían con ello, que la ansiedad me superará.

—Visedra por favor, no podemos perder más tiempo. — Le ordeno a la hembra tras de mí.

Sin decir nada la hembra adoptó su forma bestial y sin darme una advertencia siquiera, me levanto entre sus garras elevándose en el aire a pocos metros del suelo, se acercó a Ford y lo escudriño de arriba, abajo por varios segundos antes de continuar su camino hacia el cielo. En un santiamén éramos solo los dos surcando la belleza de las alturas.

Mire hacia abajo preocupado de porque ningún otro cambiaformas adoptaba su verdadera forma y se unía a la travesía. Lo más extraño y preocupante fue observar como Ford era trasladado por ambos machos, en sentido contrario al nuestro.

—¿Debería preocuparme? —Le pregunte a Visedra a través del vínculo mientras nos elevábamos en el aire.

—Lo dudo. Es solo que lo que viene, te concierne solo a ti y a tu hermana. —Explico ella, con tanta sutileza que por un minuto dude de su naturaleza como dragón. —El humano esperara tu regreso en aquella colina. — Indicó volteando la cabeza hacia atrás, enseñando la pequeña villa que se alzaba majestuosa en las alturas de un empinado montículo.

Recorrimos valles, montañas, lagos y hasta mares profundos antes de que Visedra al fin descendiera. Otro tanto de cambiaformas se habían unido en silencio a nosotros cuando cruzábamos un gran muro de piedra.

Hombres y mujeres aguerridos, se ocultaba tras el adarve con arcos y lanzas preparados para atacar a cualquier intruso que intentara cruzar el muro sin invitación.

Un macho de aspecto joven, al ver a Visedra rápidamente se deslizó desde lo alto para abrir las puertas y permitirnos el paso.

—¡Bienvenido! —Dijo el chico regalándome una reverencia que jamás creí recibir de parte de un desconocido. Fue casi como si se inclinara ante un soberano al que creyó ver frente a él. — Ellos estarán aquí pronto. — Esta vez la confusa frase iba dirigida a la hembra a mi lado, en forma mortal.

Solo logramos dar un par de pasos a través de un camino de grandes rocas y asfalto, situado en medio de una pequeña y alegre villa, cuando Briana corrió hacia mí, y se lanzó a mis brazos como una niña chiquita esperando a su padre.

—¡Oh Archie! No sabes lo preocupada que estaba. — Me susurro en medio de un abrazo casi asfixiante.

En cuanto me aleje de ella los dos machos a su espalda me presionaron a apartarme de ella, para prestarles atención.

A uno lo reconocí de inmediato y como su aspecto ya no era lo que recordaba, tome mi espada y me lance sobre el sin medir fuerza y la presione contra su cuello.

—¿Quién eres? Porque esta claro que no eres el debilucho Alférez de gafas llamado Jan.

El macho con una sonrisa santurrona levanto la mirada y me reto a arremeter con más fuerza contra él. Con su dedo índice, tomo la afilada punta de mi espada y la movió hacia un lado con una sutileza y tranquilidad que me irritó.

—Deberías tener cuidado de a quien amenazas con eso, no es un arma con la que se deba jugar. — Era la primera vez que se atrevía hablarme con tanta soberbia.




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