Contienda
Helión cambio completamente su apariencia, su cabello largo ya no era de un negro azabache, ahora su tono era el mismo que el de Visedra. Sus ojos me parecían menos rasgados que la primera vez que lo vi.
—¿Cómo es esto posible? — La conmoción en la voz de Visedra me dejo claro que ni ella, ni Fergus tenían idea de quien era en realidad el rey Helión.
Mire a Derek, quien, a pesar de estar en silencio, su mirada me decía que lo sabía.
—¿Lo sabias? — Pregunté fingiendo estar bien, cuando realmente no lo estaba.
Cualquiera que fuera la respuesta de Derek sería la última verdad o mentira que escuchara de él.
— Si. — Solo esas dos letras sepultaron aquel estúpido sentimiento que había empezado a sentir por él.
— ¿Qué era lo que pretendías? ¿Buscabas que lo matará? — Me atreví a preguntar intuyendo su respuesta.
— Ese siempre fue el plan. — Me sentí mal por haber tenido la más mínima intención de revelarle lo que sentía. — Si lo matas con tus propias manos, entonces ese lazo que te une a él se rompería, y me dejaría el camino libre para tomarte como mi esposa. — Pese a que el temblor en su voz me dio a entender que se arrepentía por lo que había hecho, evite dejarme guiar por otro sentimiento que no fuera el odio y el rencor.
— Nunca he querido ser tu esposa. — Le grité y pude ver como una sonrisa santurrona ilumino el rostro de Helión.
— ¡Dile la verdad de una buena vez! — Grito Aiora, de la que no tengo idea de en qué momento se unió a nosotros. — Si no lo haces, con gusto lo hare yo. — Obviamente la desagradable dragona estaba feliz de ver como Derek me rompía en pedacitos.
Al ver que el macho unido a mi guardaba silencio y no se atrevía a formular las palabras necesarias para responder, llegue a la conclusión de que Aiora tenía razón, existía mucho más en esta historia, que el cambiaformas no me estaba diciendo.
— El jamás te quiso, solo eres un peldaño para alcanzar lo que realmente quiere. El trono que tu padre le entrego por propia voluntad al cambiaformas que algún día sería tu esposo. Todo lo que Derek orquesto hasta ahora, te llevo a tomar las decisiones que él quería que tomaras. Sabía que al morderte tarde o temprano lo delatarías con Helión, pero da la casualidad de que ambos ya conocían sus identidades. Inconscientemente seguiste las migajas que Derek te fue dejando en el camino. — Suspiro con un desdén que sabía que fingía, la hembra estaba disfrutando del placer de hacerme sufrir. — Todos saben que la única manera de romper un vínculo forjado por un rey, es matando a aquel con quien estas unida. — La muy perra me sonrió.
La rabia escalaba por mi garganta, mi corazón bombeaba a tal velocidad que podía escucharlo muy cerca de mis oídos, la sangre me burbujeaba y hervía a un latente estado de ebullición y no sabía cómo controlarlo.
— ¿Quiere decir que Helión nunca fue el villano, si no tu? — Archie se había acercado a nosotros y ahora miraba a Derek con claras intenciones de asesinarlo.
—No, no me culpes a mí por el desastre que tienes a tu alrededor, eso jamás fue obra mía. — Se defendió el cambiaformas.
— Claro que lo fue, te uniste a esta contienda con el único propósito de asegurarte de que Briana me matará. Desde las sombras moviste los hilos para que el páramo y veril se enfrentaran en una batalla que te abriría paso al trono que tanto deseas.
— Esta vez Helión se había acercado lo suficiente para quedar a mi lado.
Vestido de negro y con ese hermoso cabello blanco, parecía un príncipe gallardo dispuesto a todo por defender a su damisela.
— No quieras hacerte el héroe ahora, cuando todos sabemos que eres responsable de cientos de muertes. — Le reprocho Derek. — La rebelión, las lonas, esta guerra. Todos esos muertos cargan en tu conciencia.
— Esa rebelión jamás fue planeada por mí, Ancarung quería que así lo creyeran por el bien de sus hijos. Pero el verdadero villano es otro. — Hubiera seguido creyendo que Helión se refería específicamente a Derek, de no haber sido por lo que sucedió a continuación.
Un látigo de poder que nos lanzó lejos a todos, incluido Derek y Aiora que terminaron heridos sobre el suelo, sin la menor posibilidad de ponerse de pie fácilmente. Helión había actuado rápido al pararse delante de mí y evitar con su propio cuerpo que aquella magia me hiciera daño. Estaba embobada mirándolo actuar como el rey que siempre soñé que fuera, uno merecedor de halagos y de portar una corona, cuando mi hermano me libero de mi estupor con una sola palabra.
— ¡Archer! — Le oí decir mientras desviaba la mirada al mismo lugar donde el parecía estar perdido.
El general Archer estaba quieto observándonos con una mirada cargada de odio.
A su lado Devin montaba un dragón Corneo sepia y sonreía con malicia intercalando su mirada entre mi hermano y yo.
— ¡Ese bastardo! — Exclamo Derek, como si no pudiera evitar lanzarle dardos con los ojos al humano que acompañaba gustosamente al general.
— No, no entiendo. — Archie estaba tan conmocionado por ver a su padre adoptivo en una postura y faceta que no conocía de él.
— El verdadero Helión soy yo. — Escupió y todos nos quedamos de piedra después de oírlo.
Editado: 25.12.2025