Escarlata Rebelde

16.Ceres

Colarme en la sede de los Xafaxarcos ha sido mucho más sencillo de lo que esperaba. En cuanto la gente ha empezado a acudir hacia la taberna, he salido del callejón, esquivando a los transeúntes, y he rodeado la casa sin dificultad y sin ser vista. O eso espero.

La puerta trasera estaba atrancada por dentro, pero las ventanas no tenían ningún tipo de seguro. Lo más complicado ha sido decidir cuál era la ventana indicada para entrar. Esta gente o no aprecia demasiado su seguridad, o son muy descuidados.

Con la escasez que hay últimamente, el latrocinio y la extorsión son preferibles a la desnutrición y la mendicidad.

O comes o te comen. Es mucho más divertido ser el depredador e hincarle el colmillo a alguien.

Tras una rápida inspección por varias ventanas, y después de asegurarme de que efectivamente no había nadie a la vista, he decidido colarme por la ventana de la cocina. Lyra me hizo prometer que las esperaría, así que he optado por desatrancar la puerta y aguardarlas escondida.

- Relajaos, chicas. Bienvenidas a la guarida de los Xafaxarcos- me burlo tras el respingo que han dado por el portazo.

- ¡Por los dioses, Ceres! - me riñe Diana en voz baja.

- No vuelvas a hacer eso- murmura Lyra, apoyando las manos en las rodillas para recuperarse del susto-. Diana podría haberte golpeado sin querer.

- Dejémoslo en que lo hubieses intentado- bromeo para aligerar la tensión.

Ella pone los ojos en blanco y resopla.

- ¿Esta despejado? - Pregunta sin rodeos Diana. Está claro que quiere terminar con esto lo más rápidamente posible.

-La primera planta parece despejada- informo-. No he visto movimiento a través de las ventanas. Si hay alguien, no está en las habitaciones exteriores.

- Bien- asiente Diana-. No perdamos el tiempo. No queremos estar aquí cuando la gente regrese.

- La casa no es muy grande. Recordad que buscamos a Brar’rnil o el contrato- les recuerdo- . Yo iré delante

Ambas asienten.

Me acerco a la puerta y la abro lentamente, cuidando de no hacer ningún ruido. La cocina da directamente a un amplio comedor vacío. Cruzamos la habitación en silencio, y aprovecho para contar las sillas. Hay unas quince. La banda no es muy grande, y ahora cuentan con cuatro miembros menos

Arrastramos sus cuerpos por el suelo. Sus miembros retorcidos, sus rostros desencajados…

La siguiente puerta está abierta. Echo una mirada rápida. Al otro lado se abre un patio interior con una escalinata hacia el segundo piso. Parece una zona de entrenamiento, ya que hay un par de estafermos ensartados de flechas, como si fuesen alfileteros. También hay un par de montones de heno, posiblemente para alimentar algún caballo. A primera vista, no parece que haya nadie.

Hago un gesto a mis compañeras para que me sigan y salimos con cuidado de no hacer mucho ruido, a pesar de que la armadura de Diana es como un sonajero.

Ya casi hemos cruzado el patio cuando algo se mueve detrás del montón de heno. Una criatura pequeña y grotesca sale lentamente. Se asemeja a una gallina enfermiza, pero del tamaño de un mastín. Su cuerpo es una extraña mezcla entre ave y reptil, cubierto de plumas grisáceas, ásperas y desaliñadas. Su cuello largo y sinuoso termina en una cabeza semejante a la de un pollo siniestro, con un pico ganchudo y afilado y ojos diminutos de mirada maliciosa. Todo en ella resulta perturbador.

Las tres nos quedamos quietas, paralizadas por la impresión.

- ¿Qué demonios es eso? - susurro, sin mover un músculo.

- Una cocatriz- murmura Lyra con la mandíbula tensa- Si nos muerde, seremos unas preciosas estatuas decorativas.

- Eso explica por qué esas piedras tienen forma de rata- señala Diana con la cabeza, indicando un montón de piedras con la clara forma de roedores.

La criatura ladea la cabeza curiosa, observándonos con ojillos brillantes y desconfiados. Nosotras seguimos inmóviles, paralizadas.

- ¿Y ahora qué hacemos?- vuelvo a susurrar.

La cocatriz vuelve a mover la cabeza, mirándome con un gesto curioso.

-Tengo una idea- responde Diana.

Y entonces empieza a levantar pausadamente ambas manos, doblando y estirando los dedos con suavidad, mientras empieza a balancearse lentamente de un lado a otro

-Aquí pollito…pollito mira aquí... eso es…- la llama con voz dulce y aniñada.

Para sorpresa de todas, la cocatriz inclina la cabeza, fascinada, siguiendo los movimientos lentos de las manos de Diana con sus ojillos brillantes y ligeramente bizcos. Comienza a mover su cuello en sincronía con el equilibrio de la clériga, imitando sus movimientos hasta quedar completamente embobada.

Es todo tan absurdo que apenas puedo contener la risa.

- ¡Ceres, ahora! - exclama Lyra señalando un montón de madera apilada en la pared cerca de mí.

Me apresuro a agarrar un pequeño tronco, lo levanto por encima de mi cabeza, avanzo de puntillas y, cuando estoy lo suficientemente cerca, lo dejo caer sobre la cabeza emplumada con un golpe seco. El animal cae al suelo al instante, desplomándose suavemente, despatarrado, inconsciente y con la lengua fuera.




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