Me había jurado a mí misma que esto no volvería a pasar.
Lo hice ante la tumba de Fara.
Y me lo volví a prometer cuando vi los restos de Elana desmoronarse ante mis ojos.
No volveré a perder a nadie más. Y mucho menos por mi culpa.
Lo he intentado con todas mis fuerzas. Pero la realidad se ha vuelto una marea imparable, que primero te devuelve todo aquello que habías perdido: amistad, esperanza, hogar… incluso el amor. Para, a continuación, buscar la manera más retorcida de quitártelo.
Y ahora siento cómo me ahogo en el miedo contra el que llevo luchando estas semanas.
Tanta sangre, tanta crueldad escondida bajo nuestros pies… Y él está en algún lugar, más adelante, rodeado de toda esa muerte.
Y esa visión me consume por dentro.
—Hemos venido hasta aquí —le digo a la figura que se alza ante mí—, tal y como nos indicaste. Devuélvemelo.
Apenas puedo oír su respuesta… solo es un zumbido en mis oídos. Un zumbido que se ríe de mí mientras instala en mi mente una única imagen: Evans ensangrentado, esperando que haga algo. Que no llegue tarde. Que no falle.
—Devuélvemelo —repito.
Siento a Diana moverse a mi lado. Noto a Ceres tensarse, lista para saltar. Sé que están calculando probabilidades, buscando salidas, preparando lo inevitable.
Yo no.
Yo solo sé que, si Evans muere aquí abajo, será porque yo no he sido suficiente.
Nunca soy suficiente.
—Devuélvemelo —exijo.
Sé que no tengo el poder, ni la fe ni la entereza de Diana. No tengo la agilidad, la sangre fría ni la resolución de Ceres. Yo solo tengo canciones vacías, trucos disfrazados de magia, miedo y rabia… mucha rabia. Tanta que siento cómo me martillean las sienes.
Tanta que noto cómo me arde en el pecho.
Tanta que siento que no cabe en mi cuerpo.
Y entonces…
La rabia deja de ser solo un sentimiento y se convierte en una llave para algo mucho más profundo. Algo que empieza a tomar forma dentro de mí, alimentado por la desesperación. Un poder que había quedado escondido el día en que el tótem nos golpeó. Enterrado junto a mis pensamientos más funestos… bajo mi máscara de optimismo. Agazapado, esperando su momento, mientras yo quería creer que no existía. Porque yo solo quería ser feliz por una vez.
Pero la felicidad no es más que una cara de la moneda.
Y ahora yo quiero desencadenar su otro lado.
Lanzarlo contra todos los que me rodean, para que sufran, para que lloren, para que se desgarren y se rompan.
Puedo empezar a sentir el tirón del que me habló Ceres. Pero para mí es algo distinto; para mí es como un abrazo frío en mi corazón. Escucho mi respiración, irregular pero constante. Exhalo. Inspiro otra vez. Cada vez con el mismo ritmo. El mismo maldito ritmo.
—Devuélvemelo —pronuncio siguiendo el compás de mis latidos—. Devuélvemelo…
El aire a mi alrededor empieza a sentirse distinto, movido por la vibración que empieza a nacer en mi garganta.
Veo cómo todos me miran. Se ríen de mí, de nosotras. Y solo hay crueldad en sus ojos.
Quieren verme caer. No solo a mí. A Diana, a Ceres, a Rurik… y a Evans, que me ama a pesar de todo y morirá por mi culpa.
Y ese último pensamiento acciona la llave, y mis labios se abren antes incluso de que la canción se componga en mi mente. Pero la rabia ya ha encontrado su cauce y, cuando el primer sonido sale de mi garganta, no es una nota hermosa y limpia. Es áspera. Tensa. Incorrecta. Como si algo estuviera forzando su camino a través de mí. Todo mi miedo, mi frustración, mi ira, mi dolor… saliendo a raudales.
Y yo solo puedo sentir una única cosa cuando empiezo a cantar: liberación.
—Soy el miedo que atormenta tu alma
que viene a clavarse en tu sien.
Nunca más encontrarás la calma,
así que mírame ahora, mírame bien.
Noto cómo mi voz reverbera de una manera distinta, y su eco se expande y golpea a todos los presentes, sin excepción. Algunos de ellos se llevan las manos a la cabeza y se encogen. Puedo ver cómo la sonrisa macabra de Dominic desaparece por completo, sustituida por el desconcierto.
—No puede ser —titubea mientras retrocede un par de pasos.
Yo acorto la distancia mientras los versos siguen fluyendo:
—Soy el grito que provocaste,
la sangre que disfrutaste al derramar,
cada voz que silenciaste
y que hoy te viene a reclamar.
Las ballestas del balcón empiezan a temblar. Algunos de sus portadores se limitan a dejar caer el arma y taparse los oídos, como si eso pudiese silenciar la canción. Otro de los sectarios alcanza a disparar sin apuntar y el virote se clava en la piedra a mi lado.
—Lyra… cuidado… —escucho a Diana tras de mí.
Su voz suena entrecortada y cansada y, al darme la vuelta, la veo encogida junto a Ceres. Mi canción los está alcanzando a todos, incluso a ellas. Pero no puedo parar, ya no. O no saldremos ninguna de aquí.
#6176 en Fantasía
#6695 en Otros
#914 en Aventura
aventura fantasia, aventura amigos, fantasia epica investigacion
Editado: 16.03.2026