La oficina de Emirat se siente extrañamente fría.
Y no solo por la temperatura. Puedo notar cómo las innumerables protecciones mágicas de este lugar me cosquillean en la piel. A diferencia de nuestro templo, en el templo de Bokkub la magia se siente palpitar en el aire, formando parte de la esencia del lugar. No en vano, además del templo, este lugar alberga una de las escuelas de magia más prestigiosas del reino.
Sentada en una esquina de la mesa de madera oscura, observo las pequeñas motas de luz azulada que flotan entre los estantes repletos de grimorios de la estancia y cuya función me pregunto si va más allá de iluminar la sala.
A mi lado, Lyra golpetea distraída la superficie de la mesa con los dedos, incapaz de ocultar su impaciencia. Cuesta creer que se haya despertado hace apenas unas horas al verla ahí sentada, ataviada con su peto de cuero y su varita de proyectiles.
Debería haber podido descansar más.
Por un momento cruzo la mirada con Evans, que permanece apoyado contra la pared con los brazos cruzados, y sus ojos me indican que piensa lo mismo que yo. Y aun así, aquí estamos. Porque las circunstancias parecen empeñadas en arrastrarnos con ellas, estemos exhaustas o no.
En un rincón de la sala, Ceres guarda silencio. La veo echar miradas fugaces a la puerta cada pocos segundos mientras acaricia la empuñadura de su daga, vigilando, como si esperase que otro asesino fuese a aparecer en cualquier momento.
Pero dudo que nadie sea capaz de llegar hasta aquí sin permiso.
Emirat ha sido bastante precavido, o al menos eso es lo que he percibido al pasear por este lugar: sacerdotes concentrados en sus investigaciones, conjuros protectores reforzando entradas, poco movimiento de estudiantes… Justo lo contrario que en mi templo, donde ahora mismo todo parece estar desmoronándose.
Eso es algo que ahora mismo no puedo solucionar.
Y tampoco sé si en verdad está en mi mano hacerlo… o sí. ¿Quién sabe?
Lo que sí sé es que apenas hemos tenido tiempo de sobrevivir al ataque y ya estamos de vuelta al fango, obligadas a forzar una reunión con los demás templos. Porque, si algo es evidente ahora mismo, es que nosotras solas no podemos hacer nada más. No podemos seguir actuando como si fuésemos la Legión Escarlata Rebelde enfrentándose a otro espectáculo imposible de la arena.
—¿Por qué tardan tanto? —se queja Evans, que empieza a pasearse nervioso por la sala.
—Ten en cuenta que no nos esperaban hoy y menos a estas horas —explico, intentando disculpar a los sumos sacerdotes—. Es posible que la dama Delesli o la dama Thaella no estén en sus templos. Bastante suerte hemos tenido con encontrar a Emirat aquí a estas horas de la noche.
—No tenemos nada mejor que hacer ahora mismo, Evans —interviene Lyra, indicándole con un gesto que se siente a su lado.
—Tal vez nosotros no, pero tú aún deberías estar recuperándote —responde molesto mientras toma asiento.
—Mira quién fue a hablar —Lyra pone los ojos en blanco con exasperación antes de darle unos golpecitos en la tablilla de su brazo, que aún conserva las marcas de la pelea de hace un rato.
Parece que el bardo va a protestar, pero en ese momento la puerta de la sala se abre.
Emirat, ataviado con su túnica azul de archimago, entra primero y se acerca a la mesa. Tras él aparece Delesli. La enana no viste su armadura ceremonial, sino una túnica sencilla. Lo mismo ocurre con Thaella. La mediana la sigue envuelta en una capa simple y, por su expresión soñolienta, deduzco que nuestro requerimiento la ha sacado de la cama.
Entonces me doy cuenta de que no llegan solos.
Puedo notar cómo Lyra se tensa en su asiento al darse cuenta de quién los sigue.
Lidia.
Permanece de pie junto a la puerta, inmóvil e incapaz de sostenernos la mirada. Tiene un aspecto horrible. Su pelo, siempre impecable, ahora está sucio y desordenado. Bajo sus ojos enrojecidos se dibuja una sombra oscura. Parece mucho más delgada, a pesar de que solo han pasado un par de días desde que la vi por última vez. Y su postura, siempre regia y serena, ahora se ha vuelto encorvada, como si la ausencia de su poder la hubiese empequeñecido de algún modo.
El silencio que invade de repente la sala es tan brusco que, durante un momento, nadie parece capaz de moverse.
—No… —escupe Lyra de repente, incorporándose de golpe en la silla—. ¿Es una broma? ¿Qué hace ella aquí?
—Lyra… —empiezo a decir.
—¿En serio? —continúa sin apartar la vista de Lidia—. ¿Después de lo que ha hecho, la habéis traído aquí?
Veo cómo los dedos de Ceres empiezan a rodear la empuñadura de su daga con nerviosismo mientras pasea la vista entre Lyra y la sacerdotisa.
Evans coloca una mano sobre el brazo de mi amiga con gesto tranquilizador, pero eso parece enfurecerla aún más.
—¡No me jodas! Os entregó a la secta —le espeta a Evans antes de volverse hacia mí—. ¡Nos engañó para que fuésemos directos a una trampa! Debería estar encerrada.
Yo me quedo en silencio, intentando encontrar algo que consiga apaciguar sus ánimos. Pero, en el fondo de mi corazón, siento el mismo resentimiento que ella.
#7240 en Fantasía
#7626 en Otros
#1119 en Aventura
aventura fantasia, aventura amigos, fantasia epica investigacion
Editado: 27.06.2026