El ritmo de mis pasos se volvió más rápido de lo normal mientras me dirigía al Gran Salón. No era solo por llegar tarde… era esa sensación incómoda en el pecho, como si algo importante —o problemático— me estuviera esperando al otro lado.
Cuando doblé el pasillo final, lo vi.
Las enormes puertas estaban cerradas.
Y frente a ellas… dos figuras.
Sonreí lentamente.
Oh, esto se ponía interesante.
Bajé un poco el ritmo, acercándome con pasos silenciosos, casi disfrutando el momento.
—Uy… ¿qué tenemos aquí? —dije con una voz divertida, ladeando la cabeza.
Los dos chicos se giraron de golpe, claramente asustados.
—O-Oriana… no sabíamos que ibas a pasar por aquí —dijo uno, pegándose más a la puerta como si quisiera atravesarla.
—Sí… pensé que ibas a tu clase de Hechizos —añadió el otro, trabándose un poco al hablar.
Me detuve frente a ellos, completamente recta, cruzándome de brazos.
—Pues no. La profesora Minerva me llamó —respondí con calma, alzando una ceja—. Más bien… ¿qué hacen ustedes aquí? Deberían estar en clase.
Se miraron entre ellos.
Mal.
Luego me miraron a mí.
Peor.
Y encima… rieron nerviosos.
Solté un suspiro corto.
—En… bueno, es que… —empezó uno.
Pero no los dejé continuar.
—Y espero que me den una graaan explicación —dije, alargando la palabra con intención—. Porque, como saben… soy la monitora de Hufflepuff.
Di un pequeño paso hacia ellos.
—Y perfectamente podría reportarlos a su líder por saltarse clases.
Eso fue suficiente.
Sus ojos se abrieron de golpe, como si acabara de lanzarles un hechizo. Se pusieron firmes de inmediato.
—Por favor, Oriana… —dijo uno casi suplicando— es que tú sabes… somos tus amigos…
Y justo en ese momento—
Las puertas del Gran Salón se abrieron de par en par.
—Oh, oh… —murmuré bajito, con una sonrisa burlona que no pude evitar.
Los dos chicos se voltearon lentamente, como si el simple acto de girarse pudiera retrasar lo inevitable.
—¿Alex Weasley? ¿Miguel Weasley? —se escuchó la voz firme de la profesora Minerva desde el interior.
Ellos tragaron en seco. Literalmente. Podía notarse en sus gargantas tensas.
No sabían qué decir.
—Owww, señorita Oriana… —intervino de pronto una voz más ligera y curiosamente amigable.
El Sombrero Seleccionador.
Levanté la mano de inmediato, alzándome un poco sobre la punta de mis pies para que pudieran verme entre tanta gente. Porque sí… siendo honesta, soy algo baja, y los Weasley no ayudan en nada con su altura.
Ellos se hicieron a un lado, dándome espacio.
—¡Holaaa, sombrero! y… —miré alrededor.
Fue ahí cuando lo noté bien.
El Gran Salón estaba lleno… pero no como siempre. No eran solo estudiantes. Había adultos. Muchos adultos.
Y entre ellos…
padres.
Entonces lo entendí.
Una reunión de antiguos alumnos.
Abrí los brazos con naturalidad, apoyándolos sobre los hombros de ambos chicos como si todo estuviera completamente bajo control.
—Estos dos chicos me quisieron acompañar —dije con total seguridad—. Digamos que querían ver a sus padres… y bueno, ¿quién soy yo para decir que no?
Los dos, en un susurro casi sincronizado, dijeron:
—Gracias…
Y sin perder tiempo, se escabulleron hacia la multitud, desapareciendo entre las personas.
Los vi irse con una pequeña sonrisa.
—Qué linda eres, Oriana. Por favor, entra —dijo la profesora Minerva, con un tono más suave ahora.
Asentí levemente y avancé hacia ella.
En cuanto crucé el umbral…
las puertas se cerraron otra vez a mi espalda.