Todos me quedaron mirando. Qué incómodo.
Me paré donde ella pudiera verme bien.
—¿Me mandó a llamar, profesora Minerva? Dígame qué necesita —dije, colocando los brazos atrás lentamente, con una sonrisa sin mostrar los dientes.
La profesora tenía una sonrisa enorme en su rostro. Se acercó a mí y me tomó de los hombros para girarme, de modo que todos pudieran verme.
—Ella es Oriana Wood, una de las mejores jugadoras de Quidditch de Hufflepuff esta temporada, y también una de las mejores estudiantes.
Yo, toda confundida, solo asentí con la cabeza.
"¿Para eso me necesitaba? Para presumirme… qué lindo", pensé, estresada.
Todos aplaudieron gentilmente. Luego, la profesora se alejó de mí y se colocó al lado del sombrero.
—Por favor, dejen pasar a Dilan Weasley.
La puerta del lado izquierdo se abrió, mostrando a Dilan, que traía a dos niños: una niña y un niño. Los dejó junto a la profesora y luego se colocó a mi lado.
—Gracias, Dilan. Oriana, estos chicos… bueno —los miró y luego me miró—, él es el hijo de Harry Potter y ella es la hija de Hermione Granger.
Asentí con la cabeza, sonriéndoles con amabilidad. Ellos me devolvieron la sonrisa suavemente.
Ya conocía a Dilan Weasley. Somos mejores amigos. En pocas palabras, nos conocimos desde el primer día que entramos en Hogwarts. Es el primer hijo del famoso George Weasley y, como todo Weasley, es más alto que yo… y eso que soy mayor que él.
—Y la señorita Rose Weasley quedo en la casa de Hufflepuff.
Levanté la mano enseguida para interrumpir.
—Espere un momento… ¿tantos “Weasley”? Me va a explotar la cabeza.
Toda la sala soltó una risa, incluso la profesora.
—Perdón, querida.
Hizo que Rose se acercara un poco más a mí, quedando frente a mí.
—Es para que la entrenes.
Mi cara se iluminó.
—¿Yo? ¿Profesora de vuelo?
Adoro eso.
Miré a Rose.
—Un gusto conocerte, Rosa, me llamo—
—Oriana Wood, la mejor campeona de Hufflepuff —me interrumpió.
Me quedé perpleja, parpadeando.
—Ya veo que… ya me conoces —solté una pequeña risa.
—¿Quién no? —dijo ella feliz.
"Wow… qué directa", pensé.
Después, a Dilan le dieron a James Potter. Para él iba a ser fácil entrenarlo, prácticamente son familia.
—Eso sería todo, jóvenes. Pueden retirarse —dijo el sombrero firmemente.
Ya me iba, pero una voz al fondo de la sala interrumpió. Ya se escuchaban susurros entre los adultos.
—Disculpe, profesora Minerva… ¿por qué no podríamos tener un solo entrenador?
Me quedé quieta en mi lugar.
—Bueno… sería algo complicado. Usted sabe que es por casas.
Él asintió y suspiró.
—Digo que Rose puede entrenar sola.
Me sorprendí. Sin pensarlo, lo empujé ligeramente del pecho.
—¿Pero qué te pasa?
En ese momento, escuché la puerta del Gran Salón abrirse. Muchos estudiantes entraban, seguramente para ver a su familia.
—¿Cómo carajos piensas que va a entrenar sola? —dije en voz alta, molesta.
—Cálmate, Oriana. Digo eso porque así entrenaste tú.
Me crucé de brazos, ofendida, y reí sarcásticamente.
—Ya veo lo que pasa… estás ardido porque Hufflepuff ha ganado desde que estás aquí.
Él iba a hablar, pero se quedó callado.
—Eso pensé. Y por si no lo recuerdas, cuando yo jugué por primera vez, ustedes estaban ganando. Así que te recomiendo que no vayas diciendo estupideces como esas.
Me acerqué un poco más.
—Voy a ser la entrenadora de Rose, quieras o no, de tu prima. Y si no estoy mal…—Lo miré de pies a cabeza — ninguna casa tiene corona.
luego me fui caminando rápido, enojada.
—¡Quítense del camino!
Los estudiantes que estaban en la puerta se apartaron enseguida.
Por parte de Dilan Weasley
Toda la sala quedó en silencio.
De repente, una risa fuerte se escuchó. Era mi primo Miguel.
—Ella te va a matar en la cancha.
Rodé los ojos.
—Mierda… —susurré.