LA UNIVERSIDAD DE LA CALLE Y SUS GANCHOS
Desde el balcón, todos son jueces.
Desde el carro con aire, todos son maestros.
Miran al de la calle como basura, como desecho humano.
Lo que no saben es que ese de la calle también tuvo familia.
También tuvo hogar. También tuvo plato en la mesa.
Yo he visto doctores durmiendo en andenes. He visto ingenieros pidiendo moneda.
No les faltó estudio. Les faltó calle.
Porque se prepararon para la universidad del título… pero no para la universidad de la vida.
Y cuando la vida cobra una materia que la universidad no enseña, te quedas sin piso.
Porque la calle es otra universidad. Y aquí no hay decano que te salve.
Aquí todo es un gancho.
La droga es un gancho. El alcohol es un gancho.
Las maquinitas son un gancho. Hoy en día hasta el celular es un gancho.
Ella usa hasta la tecnología para atrapar a los suyos.
La gente juega en las máquinas y no lo ve como vicio.
La gente se entierra en la pantalla y descuida la familia, descuida su forma de ser, descuida todo… solo por estar pendiente de ese aparato.
La calle utiliza hasta a los que dicen ser “amigos”.
Y cuando hablo de puñalada por la espalda, no hablo de cuchillo de acero.
Es traición. Es mentira. Es querer agarrar lo poquito que tú tienes.
Es querer pasar por encima de ti para ellos crecer.
La calle te tiende la mano solo para hundirte. Porque ella se alimenta de ti.
Cuantas más almas atrapa, más fuerte se hace.
O te enseña… o te mata.
No hay punto medio. No hay semestre que se pueda recuperar.
Aquí se aprende a las malas, o no se aprende nunca.