LA DECISIÓN CORRECTA
Si estás leyendo estas líneas, sabes que tomé la decisión correcta. Sabes que pude haberme quedado en el mismo sitio, pero elegí el camino bueno — aunque te confieso: nada fue fácil. Justo cuando aceptas caminar por el lado correcto, empiezan las pruebas. Es entonces cuando los que decían ser tus amigos se te voltean, te dicen: “ahora te crees mejor”, “se te olvida de dónde vienes”. Se les olvida que antes ni te hablaban, que te miraban de lado. Esas mismas cosas, esa misma forma de pensar, se vuelven contra ti solo para sacarte del rumbo. Porque empieza una lucha real: entre el bien y el mal. Es como si el mal pierde a un soldado cuando este empieza a buscar la luz. Aunque no las veamos, hay fuerzas que nos rodean: unas negativas, otras positivas, que influyen en cada decisión. A veces nos empujan a caer, otras nos ayudan a levantarnos. Cuando decidí cambiar, me tocó duro. Los que creí aliados se pusieron en mi contra: lo que yo hacía ya no les parecía bien. Porque al mal le molesta el bien, la luz fastidia en la oscuridad. Una sola vela encendida llama la atención de todos en la noche, y por eso todos empezaron a atacarme, a mirarme diferente. En la calle todos te marcan igual: “es peligroso, no te acerques, trae la mancha”. Nadie te pregunta quién eres, solo te ponen la etiqueta. Pero al decidir cambiar, pasas de ser nadie, inaceptable, a demostrar —primero a ti mismo y luego al mundo— que tienes la fuerza suficiente para salir adelante. Y aquí se cumple el dicho: al árbol que da frutos, es al que más le tiran piedras. Pero entre más te ataquen, más firme debes seguir: eso es lo que te va a llevar a la meta. Hoy vivo feliz, porque veo en la calle espejos de lo que pude haber sido y no fui. De cada cien personas que empiezan ahí, noventa se quedan en el hueco; muy pocos logran salir. Pero quiero que sepas algo: sí se puede cambiar, sí es posible. Una vez que eliges el camino bueno, llegan cosas increíbles: gente leal, paz, motivos para sonreír. Si tienes un hijo, un familiar o alguien que está perdido, no lo juzgues: dale amor, enséñale que el cambio está en él. Recuerda: el futuro no es algo que llega solo, el futuro es el presente que tú vas construyendo paso a paso.